El lobo de la Alhambra

Las nieves inesperadas de la primavera se han posado generosas sobre el Mulhacén y los habitantes salvajes de la Sierra Nevada, temerosos de caer en la trampa blanca, han bajado a la ciudad y algunos de ellos se han refugiado en los mismísimos jardines de la Alhambra, ahora milenaria y hace mas de 500 años, el edén nazarí del rey Boabdil.

Siempre se ha dicho que el hombre es un lobo para el hombre, y casos hay en los que el hombre lobo se ha convertido en pesadilla cercana a la realidad y ajena a los más terroríficos relatos de los libros de ficción. De ‘lobos solitarios’ se califica ahora a los dos chechenios del terror de Boston, y lobos salvajes en España haylos desde Sierra Morena a los montes de León, y de un tiempo a esta parte en crecientes manadas.

Pero ¿y en la política? Pues como en todas las actividades del ser humano, en la política también hay lobos solitarios, y algunos de ellos camuflados bajo una rolliza piel de oveja, pero con las patas y las orejas negras como tizones. Por ejemplo, me ha causado una extraña impresión el peludo cuello que Rajoy le mostró ayer en su visita a la Alhambra de Granada a su homólogo irlandés, Enda Kenny, y a cuantos le acompañaban.

Ya sabemos que el jefe del Gobierno español no es precisamente una persona atildada o cosa que se le parezca, sino más bien algo desgarbado. Por ello hay días que se pinta el pelo color caoba y otros de negro zaino porque no quiere que se le vean las canas de la cabellera. Las mismas que inundan su raída barba, pocas veces cuidada y que debería de llevar con el cuello afeitado –que se fije en el Príncipe Felipe- porque eso de que le salgan pelos desde el borde del cuello de la camisa hacia la barbilla no está nada bien.

Salvo que esa frondosidad sea consecuencia no del desaliño sino de una poderosa fuerza interior que, al socaire de la luna llena de Granada, haya desatado la maldición del hombre lobo sobre las espaldas de nuestro admirado presidente, Mariano Rajoy, el de las calzas verdes, el único político Español que tiene colgados cinco cuadros suyos –como si del conde Drácula se tratara- en otros tantos ministerios por donde pasó (Administraciones, Educación, Interior, Presidencia y Vicepresidencia), y pronto tendrá un sexto como presidente, cuando deje el cargo galopando hacia la sierra y aullando al anochecer.

Algo muy extraño le está pasando a Rajoy porque además no hila con facilidad sus palabras cuando está en plena metamorfosis. Por ejemplo, en la breve rueda de prensa que ofreció con el irlandés al que llamó presidente en lugar de primer ministro, Rajoy no paró de equivocarse extrañamente una y otra vez. Por ejemplo: les dijo a los periodistas ‘ustedes sean’ por ‘ustedes saben’; el vocablo ‘estado’ no sabe pronunciarlo (desde niño) dice ‘estao’; dijo, sin que se le entendiera lo que quería decir, algo así como que ‘los pequeños empresarios son los que crean las clases medias’; y al belga Van Rompuy, le llamó Van Rompoi.

Y todo ello con ese latiguillo que repite hasta la saciedad de ‘esto es muy importante’. Y luego con el estribillo de la seriedad: ‘esto es muy serio, vamos en serio’, o España es un país serio. Lo que vino a decir con los ojos inyectados en sangre como si se fuera a lanzar, de un momento a otro, sobre el cuello el irlandés Kenny (otro que anda con problemas legislativos sobre el aborto) y dicho esto la metamorfosis repentina debió de darle un apretón porque cortó la incipiente rueda de prensa de sopetón.

Este hombre, Mariano, debe de estar sufriendo mucho con lo de la crisis económica, el paro, el Rey, Artur Mas, Bárcenas y todo eso que le quita el sueño. Y semejante cúmulo de problemas deben de estar en el origen de su peluda transformación, y de esa mirada entre soberbia y feroz que le acompaña, y quiera Dios que un día de estos no se fije en su vicepresidenta y se la coma a dentelladas en dos bocados como si fuera Caperucita Roja, alias Soraya Sáenz de Santamaría, la que debería pedir la protección del CNI por si acaso.

Ana Pastor que es médico y que ha tratado alguna vez dolencias y aprensiones de Rajoy debería echarle un vistazo al presidente y, de paso, analizar su velludo aspecto y tomarle la tensión. Lo de ayer en Granada es preocupante y alguien debería tomar medidas preventivas no vaya a ser que un día de estos nos llevemos otro sofocón.