Aznar con las Ray-Ban
La cosa tiene narices. Cómo estaremos en España para que una parte del PSOE esté reclamando el regreso de Felipe González y otra del PP el regreso de José María Aznar. O sea el regreso de ‘los brujos’ de la Transición a izquierda y derecha del hemiciclo ante el fracaso estrepitoso de Rubalcaba y Rajoy. Y si el Rey se va también y abdica en el Principito Felipe, que sigue pidiendo al aviador que le dibuje un corderito dentro de una cajita de cartón, entonces habrán caído las tres ‘R’ (Rajoy, Rubalcaba, Rey) y el país, a través de un túnel del tiempo de corto recorrido, volvería al cogollo de la Transición pero con la experiencia vivida y teniendo por delante un enorme problemón.
Precisamente hemos visto a José María Aznar en la presentación de la biblioteca de su belicoso amigo el ex presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en compañía de Obama y de otros tres expresidentes, su padre George Bush, Carter y Clinton. Aznar, nuestro hombre-hombre de la derecha española lucía buen aspecto y unas gafas Ray-Ban con cristales de espejos, al estilo de las de Tom Cruise en ‘Top Gun’, película que parodió su amigo G. W. Bush al llegar a bordo de un avión de combate a un portaaviones para anunciar el final y la victoria de la mentirosa guerra de Irak.
Allí estaba Aznar escuchando a su amiga Condi (Condoleezza, la pianista de la general) sentado al lado del golferas de Berlusconi, el amigo de su yerno Agag. Mientras, en España, su heredero y pupilo Rajoy se había escondido, como en el cuento de los siete chivitos, en la casita del reloj de cuco de la Moncloa, después de conocer la encuesta de la EPA sobre los más de seis millones de parados en España. Tan asustado estaba Rajoy que no se dignó a presentar ante los medios sus nuevas reformas para la estabilidad económica del país, que dicho sea de paso son una filfa de medio pelo y no sirven para nada.
Pero que a buen seguro que a Aznar le habrán retumbado en los oídos y en la cabeza como otro ejemplo, uno más, del desastre político que adorna la presidencia y el talento de Rajoy. Algo que muchos dirigentes del PP y grandes banqueros y empresarios de este país le imputan a Aznar diciéndole: pero después de estar tantos años con Rajoy ¿cómo no te diste cuenta de que es vago y un inútil? Álvarez Cascos lo venía diciendo desde hacia tiempo: ‘Rajoy estuvo en cinco ministerios y nunca presentó ni aprobó una ley’. Entonces ¿qué le vio Aznar a Rajoy cuando lo señaló con el dedo sucesor? Digamos que no le vio nada especial, salvo que sabia demasiadas cosas de Rato y Mayor que no le gustaban un pelo y por eso se decidió por el trotón de Pontevedra, como el mal menor, y que sigue escondido todavía en la cajita del reloj.
Hubo un tiempo, en el mandato presidencial de inefable Zapatero, en el que alguien planteó bajo cuerda la idea de dar un golpe de mano en el PSOE antes de que el pobre José Luis llevara España a la quiebra, pero al final nadie se atrevió. Ahora estamos en una situación parecida pero con el PP. Con la diferencia de que en ese partido sí hay dirigentes con capacidad para conspirar en contra de Rajoy, empezando por Esperanza Aguirre -que se reveló una cateta en el entierro de Margaret Thatcher, tras escribir con la boca abierta lo impresionante y bonito que era todo, la catedral, el coro, el protocolo, los trajes de la reina y de su marido, etc- que se muere por apuñalar a Rajoy desde hace ya mucho tiempo, y que nos ha dejado en la Comunidad de Madrid a un chino que hace el indio con gran facilidad (véase su reforma electoral).
Y luego están Aznar y sus cortesanos (Mayor, Acebes, Arenas, Zaplana, etc), que es el verdadero peligro para Rajoy quien, dada su proverbial cobardía -le tiemblan las piernas delante del Rey y de Artur Mas- e incapacidad, a lo mejor resulta que un día de estos echa a correr y se va. O que el mismo le pide el relevo a Aznar diciendo que le duele mucho la cabeza y que ya no puede más. Con lo que tendríamos un ‘impeachment’ de ‘motu proprio’, algo nunca visto por estos lares, pero que no estaría nada mal.
Algo hay que hacer y daría un ojo de Luís de Guindos o los dos de Cristobal Montoro por ver el regreso de Aznar a la Moncloa tras su investidura en el ecuador de la investidura. La Bolsa de Madrid subiría como la espuma, la prima de riesgo se iría a hacer puñetas y volveríamos a ver a Aznar en las Azores en compañía de Cameron y Obama para anunciar la guerra contra Siria porque se dice en Washington que El Assad ha utilizado armas químicas contra los rebeldes de su país. Además, en este caso Obama si le daría a Aznar las medallas del Congreso y de la Libertad que no le dio su amigo G.W. Bush, y así el presidente de honor del PP volvería al centro neurálgico de la actualidad y sellaría un pacto de hierro con Angela Merkel, que es la nueva Thatcher de la UE, y bajaría el paro y España volvería a crecer. Y colorín, colorado este cuento se ha acabado.








