Pantoja, calandria de la copla
La calandria gitana de la copla, Isabel Pantoja, escapó de la jaula como aquella que cantaba Pedro Infante, pero le han caído dos años de cárcel y una multa de millón y pico de euros por el blanqueo del dinero que afanaba en la alcaldía de Marbella Julián Muñoz, el último amor de su azarosa vida entre copla y copla, tras la trágica muerte de su marido el torero Francisco Rivera, Paquirri. Su ‘marinero de luces’ y padre de esa cosa llamada Paquirrín, otro juguete roto de la telebasura y la prensa del corazón por donde también torean sus hermanos Francisco -ex marido de la hija de la duquesa de Alba- y el modelo Cayetano, los vástagos que Paquirri tuvo con Carmina Ordóñez, hija a su vez del gran matador Antonio Ordóñez, y otra desdichada que también acabó muerta y envuelta en una sobredosis de disparates y exhibición. Menuda novela, menudo culebrón para la televisión.
A Julián Muñoz, el ‘cachuli’, el que saboreaba el famoso pollo de la Pantoja y decía no tener un euro ni para café, le han caído siete años, siete, de cárcel y tres kilos de multa, lo que se suma a otras condenas y a las que todavía le esperan por el llamado saqueo de Marbella. Y a la ex mujer de Julián, la despechada Maite Zaldívar, la que contaba como su ex marido le llevaba a su casa el dinero en las bolsas del Corte Inglés, tres años y medio y dos kilos de euros. Y si el recurso no lo remedia también acabará en prisión.
A la salida del juzgado y entre gritos de ladrona y choriza de sus detractores y los vivas de sus fans la tonadillera se desmayó como si fuera una Margarita Gautier y hubo de ser introducida en volandas en el coche que la sacó de aquel infierno de escraches, sin el perímetro preceptivo de los 300 metros como diría el ministro Fernández, de Interior. Por lo menos fue un purgatorio una vez que la Pantoja no tendrá que ir a la cárcel al no sobrepasar los dos años de condena. Salvo que el juez decida otra cosa como ocurrió recientemente en el caso de Pallerols sobre la corrupción de Unió, ese partido de Cataluña -donde están prohibidos los toros- que preside el atildado Duran i Lleida, el que siempre habla de presunción de la inocencia de los políticos pero nunca de la presunción de decencia.
En contra de lo ocurrido con la Infanta Cristina, tal y como se ha dicho en el juicio marbellí que acaba de terminar, la Fiscalía fue más bien implacable con este carromato rociero de pillos y trincones que tiempo atrás inundaba las fiestas marbellíes de su ‘belle epoque’, a la sombra de la gran euforia del ladrillo y la construcción salvaje de un tiempo pasado y hoy perdido en la España del paro y la recesión. La Justicia no es igual para todos diga lo que diga la Constitución. A los poderosos les asiste la presunción de inocencia y siempre les queda a mano la amnistía fiscal o el indulto del Gobierno de turno -de Zapatero o Rajoy- como la tabla de salvación en el proceloso mar de escándalos y corrupciones a granel, que no se paran en barras y que han llegado hasta las puertas del Palacio Real.
Ayer al Rey Juan Carlos le dio un soberano repaso el diario The New York Times, el que visitó el monarca meses atrás -se dice que por encargo de la princesa Corinna, que comisiona pero no sabe cantar ni cocinar- convencido de su encanto y capacidad de persuadir el ánimo de todo el que se le acerca. Pero como dice el rotativo americano el prestigio del Rey ha declinado y perdido su magia y credibilidad, mientras subraya que en Madrid se habla mucho de abdicación en el Príncipe Felipe y del libro de la Princesa Letizia que los poderosos quieren ocultar y que se lee en la clandestinidad.
Y ¿la calandria Pantoja? Pues a lo suyo que es cantar. Ya se sabe que ese pájaro es buen imitador de otras aves cantoras y la Pantoja no se queda atrás a la hora de emular a las grandes que han sido de la copla de este país. De manera que su reaparición en los escenarios será temprana y además un acontecimiento nacional. Y luego vendrán las entrevistas rosas del corazón en el papel cuché y las visitas a los platós de televisión para pagar el millón de multa que le ha puesto el juez. Y así, poquito a poco, Isabel, la calandria gitana de la copla, intentará rehacer su vida con una nueva travesía -’ese barco velero, cargado de sueños cruzó la bahía…’- por tercera vez.








