“Los Miserables” españoles

El año cierra sus pesadas puertas de plomo mientras los augures amenazan un 2013 infernal. Pero este Gobierno, así como los otros gobernantes y dirigentes nacionales, autonómicos, nacionalistas, regionales y locales y de todo partido o condición, no se paran en barras, ni tienen cabeza, talento, ni corazón. Y por lo general siguen a ciegas y  en sus trece sin mirar a la cara a los ciudadanos que sufren las inclemencias de la crisis, “Los Miserables” españoles, que empiezan a ser legión.

El presidente Rajoy, desde su impoluto sofá blanco de Moncloa,  ya no pide paciencia sino comprensión -¿comprender el qué?-, y aparece en una sala de prensa improvisada con ventana florida a sus espaldas, en una burda imitación a otras citas de Obama en la Casa Blanca. En la primera fila se sientan sus ayudantes y la doña Sorayita “tiene un ratón, chiquitín”, los que al término del inane monólogo del presidente (ante un elenco mediático de segundo nivel, total para no escuchar nada), corren presurosos tras el jefe para darle su felicitación: “Mariano, has estado inmenso, los que han venido son unos pardillos”.

La procesión, sin embargo, va por otros derroteros y la marcha fúnebre (de Chopin) empieza a sonar al atardecer por las calles y plazas de Madrid, mientras el protagonista de “Los Miserables” de Victor Hugo, Jean Valjean, llegado de París está en la Puerta de Alcalá preparando su letanía para cuando llegue el grueso de, esta sí, la inmensa manifestación, en un día muy oscuro, frío, con aguanieve y mucha indignación.

El cortejo lo abre un escuadrón de los tamborileros de hojalata, que marca un paso cansino y cabizbajo. Luego vienen un batallón de indignados de todas las edades, una masa de negro y gris que inunda la Gran Vía hasta su entronque con Alcalá y retumba a su paso por la plaza de Callao. Después la banda de música popular reclutada en el Metro de la capital marca el ritmo lento del duelo nacional, y la siguen los estandartes rojos de partidos y sindicatos, banderas bicolores y tricolores, pancartas de reproches, de odio y desesperación, y al final cierran el cortejo principal los viejos ex combatientes y los perro flautas que están en la Plaza de España cuando la cabeza de la manifestación ya está en la proximidad del Parque del Retiro y de la Puerta de Alcalá.

La panorámica es estremecedora porque otras cinco marchas salen al encuentro de la gran concentración. Una viene junto al Retiro por la calle Alfonso XII, otra por Recoletos desde Atocha, otra por Serrano hacia la Puerta del Alcalá, otra desde la Plaza de Castilla hacia Cibeles y la quinta columna llega por Alcalá desde la plaza de Roma. Nunca se ha visto una cosa igual en la capital del Reino. Dicen que mucha mas gente incluso de cuando aquel crimen de los abogados de Atocha, o tras el golpe de Estado del 23-F, o los atentados islamistas en Madrid del 11-M de 2004. Esta vez es asistimos a una marea humana, un tsunami de indignación y sin esperanza,

Finalmente, en medio de aquel gentío, inmenso, sombrío y lleno de furia y de estupor, Jean Valjean sube al estrado. Se hace un silencio estremecedor y comienza el rezo de su letanía que todo el mundo secunda con la palabra ¡República! como única respuesta a la clase política incapaz y a los poderes públicos y facticos que no dan crédito a sus ojos, porque están asistiendo por televisión, o tras los visillos, o por la radio y las redes sociales al entierro del Régimen, agotado y podrido de la transición.

El francés, Jean Valjean, levanta la voz y grita “¡Ciudadanos! es hora de la rebelión”, y un rumor de asentimiento recorre todas las principales arterias de la capital. Y entonces comienza la letanía: “seis millones de parados”, y la masa responde “¡república”; y sigue, Valjean “recorte del Bienestar”, y respuesta “¡republica!”; y otras letanías, “corrupción política”, y “¡república!”; mas aún “Educación concertada”, “¡república!”; “Sanidad privatizada”, “¡república”; una “Justicia para ricos”, ¡República!; “amnistía para defraudadores”, “¡república!”; “rebaja de las pensiones”, “¡republica”!; “juventud en el paro y emigración”, “¡república!”; “indultos y vista gorda a banqueros, Infantes políticos, corruptos y policías torturadores”, “¡república!”; “rescate multimillonario a bancos y cajas arruinadas por gestores políticos”, “¡república!”; subvenciones públicas a partidos, sindicatos, empresarios y a las religiones”, ¡república!;  “ruptura de España”, “¡república!”; “hipotecas estafadoras de hogares desesperados”, ¡”república”!

La letanía del Valjean se prolonga casi una hora, en la que se da un repaso general a políticas y primeros gobernantes de la nación y a su incapacidad para ofrecer liderazgo, unidad y respuestas y soluciones a tanto desastre y desesperación. Tras las letanías del francés el silencio de los manifestantes se hace estremecedor, y muchos se sientan en el suelo dispuestos a pasar la noche en tan impresionante compañía, cuando por los altavoces del corazón de Madrid se escucha la introducción que un perroflauta al clarinete da a los coros de Nabuco que pronto interpreta en la Puerta de Alcalá, el orfeón donostiarra: “Va pensiero…” Los manifestantes emocionados se ponen en pie y cuando llega la frase de “¡Ay! mi patria tan bella y abandonada”, un aplauso cerrado inunda el cielo húmedo y rosado de la capital, con todos tarareando los últimos compases hasta alcanzar el lamento de los esclavos pidiendo “una melodía que nos infunda valor en nuestro padecimiento”. Al final las palmas no cesan de sonar y la muchedumbre, aún emocionada, se abraza y se despide en silencio y en paz.