El discurso secreto de Rajoy

Como ironía del destino, hoy comparece Mariano Rajoy ante los medios para hacer balance del año “horríbilis” que termina y dar unas pinceladas, propia de la festividad de los Santos Inocentes, sobre los serios problemas de España. Y decimos pinceladas una vez que lo suyo no es la brocha gorda ni entrar en harina, sino que más bien es la tocata y fuga, el subirse al olivo o escapar por el garaje del Senado, de la Moncloa o del lugar donde se encuentre. Por lo que cabe sospechar que no dirá gran cosa sobre la rebeldía de Artur Mas y sus desprecios a España y al jefe del Estado, ni tampoco sobre el agujero de Bankia, la privatización sanitaria en Madrid, el otro rescate de la deuda del Estado, nuevos recortes de las pensiones, y todo aquello que suene a conflictivo.

Desde luego de lo de reformar el vigente modelo autonómico, o la ley electoral o la separación de los poderes del Estado tocando la Constitución, de eso ni hablar. Eso –como diría el Rey- “que talle otro”, cuando le toque dejar la Moncloa si es que al final no da un golpe de mano y se eterniza en el poder, lo que tampoco hay que descartar. Como tampoco hay que descartar que “Los Miserables” que son legión en España y no paran de crecer asalten la Moncloa y veamos a Mariano con Sorayita encerrados en el bunker para evitar las furias de las hordas contra el absolutista poder central.

Mariano Rajoy es de otro planeta. Parece que en la Luna pero en realidad vive en Marte. En Pontevedra, en el pub, algunos amigos lo llamaban Marciano Rajoy. Pero hay que reconocer que tiene momentos de gran lucidez como cuando en el último mitin de las pasadas elecciones generales de 2011 (del viernes 18 en Madrid) estuvo a punto de leer, en un ataque de locura, el discurso de la verdad –al que hemos tenido acceso- y que empezaba así:

“Amigos, hay que ser serios y decir las cosas como son y que hay que decir, por más que nos duelan. España está hecha polvo por culpa de Zapatero, y los datos que nos llegan de las Autonomías que ya gobierna el PP y de las Cajas de Ahorro que controlan gentes de nuestro partido, revelan que la situación es muy grave y nos obliga a profundas reformas y ajustes. Y a rectificar, aunque sea en este último mitin electoral, nuestro discurso político y electoral. En vista de todo ello quiero decir y digo que”:

“Voy a subir todos los impuestos, los indirectos el IRPF y el IVA; voy a congelar los sueldos de los funcionarios y a quitarles la paga de Navidad; no voy a reajustar el nivel adquisitivo de todos los pensionistas; voy a abaratar el despido con 20 días por año trabajado; voy a iniciar la privatización de la Sanidad, la Justicia y la Educación; voy a pedir el rescate bancario a la UE; tendré que dar una amnistía fiscal, y amnistiar a algunos golfos de la política; así mismo subiré las tasas judiciales, meteré la Religión en las escuelas, reformaré la ley del aborto, pondré la cadena perpetua, y controlaré sin reparos RTVE.”

El discurso o culto, o la confesión de Rajoy, que Arriola le quitó de las manos en el último momento evitando su confesión, tenía al final unas palabras cariñosas para el Rey, aunque no excesivas. Venía a decir que lamentaba los problemas de la Corona y que él haría lo posible para solventarlos, especialmente en el caso de Urdangarin, pero que si las cosas se torcían y al final llegaba la República , él estaría al pie del cañón y dispuesto a presidir, con gran generosidad, el nuevo Régimen en el nombre del PP.

Menudo era el discurso de Rajoy que nunca pronunció. Lástima que nos lo hayamos perdido porque ha cumplido al pie de la letra todo lo que se decía en él. Mariano en un hombre de palabra, por más que eso no se aprecie actualmente, porque como no cambió el discurso de la mentira por el de la verdad, al final el resultado es que los ciudadanos piensan que Rajoy hizo todo lo contrario de lo que prometió. Pero no de lo que pensaba, hacer y esa, en el fondo, es la cuestión. Pecó de palabra pero no de pensamiento.