El País y El Mundo a garrotazos

El viaje de Artur Mas hacia el planeta Marte a bordo de una nave que pilota Oriol Junqueras no deja a nadie indiferente. El lío, o la algarabía como diría Marciano Rajoy, se ha desatado en Cataluña, viaja de Barcelona a Madrid y viceversa, y también tiene octava en la propia capital del Reino, donde ha causado sorpresa y cierta desolación -sobre todo en el Palacio de la Zarzuela- el desprecio que Artur Mas ha hecho del discurso del Rey Juan Carlos a pesar del detalle y el esmero que pusieron en la Casa Real al traducirlo al catalán -y al euskera y gallego- por si Mas estaba ocupado en la confección de su Gobierno, como argumentó, para que pudiera leerlo con tranquilidad en su idioma “nacional”. Pero el político catalán no se molestó, cansado como estaba del esfuerzo realizado para colocar en el salón del trono de la Generalitat la túnica negra con la que tapó el retrato del Rey, que siempre había presidido el acto solemne de la toma de posesión del presidente catalán.

Pero eso no es todo, sino una parte de lo que ocurre en Madrid porque llamativa es la batalla mediática, a garrotazos, que están librando, uno contra otro, los diario El Mundo y El País. Los de Pedro J. empeñados en completar un serial de 500 capítulos sobre los negocios, cuentas y fondos pretendidamente ocultos de las familias de Mas y Pujol, con la ayuda o vista gorda del ministro de Interior, Fernández Díaz, quien dice desconocer lo que pasa en su Departamento -y lo que luego airean Soraya y Cospedal, dos que a punto están de tirarse de sus leonadas cabelleras-, y que es lo mismo que dice Rajoy, unos desmentidos que nadie se cree.

Y los de Cebrián, empeñados en denunciar “la guerra sucia” de El Mundo, el Gobierno y del PP contra el nacionalismo catalán, en defensa de Pujol y Mas. Una guerra sucia que estalló en plena campaña electoral y que sigue sin parar. A lo que ha respondido El Mundo acusando a los de PRISA (El País) de haber hecho negocios con la familia Pujol (Oleguer Pujol ) porque les compró a PRISA sus edificios emblemáticos desde extrañas empresas ubicadas en paraísos fiscales, para gestionarlos en régimen de alquiler en favor del mencionado grupo editorial. Con lo que los de Cebrián parecen haberse embolsado en 2008 unas buenas plusvalías, de más de 240 millones de euros, en las que bailan 16 millones que nadie sabe donde están, ni a donde fueron a parar. Misterios de la vida y de la contabilidad que los accionistas de PRISA deberán desvelar.

O sea, El País acusa a El Mundo de hacer guerra sucia catalana por encargo del Gobierno de Rajoy. Y El Mundo a El País de estar al servicio de los Pujol, y de ocultar su presunta corrupción porque hay negocios y dinero de por medio. Y puede que los dos tangan su parte o mucha de razón. Y, por ejemplo, sorprende que El País critique en su portada la respuesta de Mas al Rey, pero que luego no lo denuncie en su editorial. O que El Mundo niegue la guerra sucia, cuando en Madrid todos saben de donde salieron los papeles del famoso “borrador” que nunca existió.

Un material oficioso y policiaco, o del espionaje nacional, del que algún retal ha llegado al diario monárquico ABC que está, un día sí y el otro también, con su ya cansino villancico de Navidad de “Viva el Rey y el PP”, que es el monotema simplón del rotativo.

Mientras en Barcelona La Vanguardia y El Periódico viven momentos de una gran confusión. La Vanguardia por haber apostado todo a favor de Artur Mas quien le ha salido rana al Conde de Godó, que hoy estará espantado por el pacto de CiU con ERC y los desplantes de Mas al Rey que lo hizo “grande de España”; y El Periódico porque apostó por el PSC, que también se ha echado al monte soberanista, a pesar que el joven Asensio presume de amigo del Príncipe de Asturias y de Gerona. Por lo que se puede decir que en todas partes cuecen habas y que los grandes diarios de Madrid y Barcelona no están a la altura de las dramáticas circunstancias que adornan este país. O mejor dicho, los cinco están a la altura de la bajura que impera en el país.