Rajoy o el mágico triunfo de la nada

El diario El Mundo ha nombrado a Mariano Rajoy personaje del año en España y con razón porque sin ser nada de otro mundo es lo único que hay, una vez que todos, o todo, se han hundido a su alrededor. Lo que no sabemos bien es si todos se hunden por sus propios deméritos, o si por causa de la maldición de los Mayas que parece ser algo de lo que está impregnado el propio Rajoy a título de coraza indestructible pero que contagia y elimina a los que compiten con él o se le aproximan hasta dejarlos postrados y en la peor situación.

El Rey es sin duda otra víctima de los efluvios de Rajoy en este año “horribilis” 2012 que se acaba, y buena prueba de ello está en la errónea decisión de traducir su discurso al catalán, al vasco y al gallego, para hacerse el simpático ante los nacionalistas y enfadar a los españoles en general. Los que han visto en dicha “astucia” un desprecio al castellano y lo español. Este curso que se acaba no ha sido el mejor del monarca, ni en sus andanzas cinegéticas, ni sociales, familiares o incluso en las políticas, y tampoco en lo que afecta su quebradiza salud. Y puede que algo haya tenido que ver el mágico efecto Maya que emana de Rajoy.

Desde luego el que está hecho polvo por causa del presidente gallego y por sus propias andanzas es Rubalcaba, que no levanta cabeza desde su derrota electoral del 20-N de 2011, y al que Pere Navarro le acaba de romper el PSC, como los amigos de Odón Elorza el PSE, con lo que el PSOE se ha quedado sin Cataluña y sin el País Vasco. Lo que obligará a los socialistas concurrir en esas latitudes con sus propias siglas en próximas citas electorales si quieren seguir siendo un partido nacional y español. Pero para esas fechas lo normal sería que Rubalcaba ya no esté al frente de este partido.

Como puede que, para entonces, en el PP se haya apagado para siempre la estrella de Gallardón –mas bien un meteorito loco de los Mayas- como se apagaron hace poco Aguirre, Rato, Cascos y el mismísimo Aznar, que anda dando alaridos patrios por FAES y las tribunas de la extrema derecha, como si fuera el mismísimo don Pelayo en pos de la reconquista de la unidad nacional. Aznar está perdiendo la cabeza y no ha entendido dos cosas: en primer lugar, que Artur Mas está construyendo su propia tumba como un faraón y con la ayuda de Junqueras de ERC su maestro de obras; y además tampoco se ha percatado Aznar de la magia destructiva de Rajoy que fulmina a todo el que se le acerca con aviesas o simplemente dudosas intenciones o intenta controlar o contaminar su sacrosanta “independencia”.

Fíjense en el pobre Mario Monti, desde que empezó a reunirse con Rajoy ha comenzado a desvanecerse en la escena europea e italiana. Y ahora, el que era el ojito derecho de Ángela Merkel, no sabe donde está, ni donde estará cuando se acaben las próximas elecciones italianas a las que no se quiere presentar. A Monti lo ha fulminado Rajoy a base de reunirse con el y de ofrecer ambos ruedas de prensa conjuntas en las que el italiano ha aprendido a no decir nada de nada por mas que le pregunten, que es lo que hace con gran soltura el presidente español.

Basta ver la entrevista que le ha concedido Rajoy a El Mundo, mala de solemnidad en las preguntas –”¿de que color es el caballo blanco de Santiago”?- y en las respuesta –”depende”-, en la que nuestro presidente no da una sola noticia y además tiene el morro de decir que el Gobierno y el PSOE tienen que pactar sobre el problema catalán. Cuando todo el mundo sabe y Rubalcaba así lo cuenta sin parar que Rajoy se ha negado a hablar con el jefe de la Oposición sobre el caso catalán.

Lo de Rajoy es muy sencillo, ha llegado a la conclusión de que como está solo ante el peligro –porque no tiene alternativa ni adversarios de ningún tipo- todo será para él. Si salen bien sus reformas y ajustes y en 2013 mejora algo la situación, él solo habrá ganado la batalla de la crisis; y si sale mal también será él mismo el culpable, por lo que no quiere pactar ni con el diablo. Y en lo de Cataluña lo mismo, ni sufre ni padece, y cree que Mas ya es víctima de sus mágicos efluvios y se desmoronará. De hecho ya se dio un sonoro porrazo en las pasadas elecciones y ahora solo le falta el golpe de gracia final, que tarde o temprano le llegará.

Además, Rajoy nunca dice nada no solo porque no quiere sino también porque no se le ocurre nada ni tiene nada que decir. Él ha puesto el piloto automático para hacer lo que le ordenan desde Bruselas, y ahí nos las den todas en el ámbito económico y social. Y en la política les ha dado barra libre a sus ministros y que hagan lo que quieran, pero cuando antes, para que todas las quejas se quemen lo antes posible. Y él, don Mariano, a esperar, a ver los barcos venir y a ver los barcos marchar. Sin inmutarse y viendo con sorpresa y con desdén el camposanto donde yacen todos sus adversarios y los que están por caer. Y además duerme como un angelito y sin medicación, lo que hace sospechar que no sabe bien lo que está ocurriendo en España. Pero eso le da igual porque lo que si tiene es la certeza del “predestinado”, y sabe que todo lo que haya de ocurrir pasará, y que nada ni nadie lo puede evitar.