El 21 del XII de 2012, llega el fin del mundo

Dicen las lenguas de doble filo que nada más firmar con Artur Mas el pacto para el referéndum independentista de Cataluña, el líder de ERC, Oriol Junqueras salió escopetado hacia la localidad pirenaica francesa de Bugarach, el único lugar donde los profetas aseguran que no llegará la apocalipsis que se cierne sobre nuestras cabezas, de acuerdo con las predicciones de los sacerdotes mayas que habían fijado en el próximo viernes, 21 de diciembre de 2012, el fin del mundo.

O sea que poco le va a durar al pobre Artur Mas su éxodo hacia la independencia de Cataluña porque si los mayas aciertan un gran cometa chocará contra el planeta Tierra, y se cumplirá la profecía del libro de la Apocalipsis en el día del Armagedón, cuando los ejércitos de los ángeles derrotarán para siempre y destruyéndolo todo al imperio de Satanás, dueño y señor del mundo del pecado que ha invadido nuestro planeta de norte a sur y del este al oeste.

Ahora que nos iba a tocar la lotería de Navidad se adelanta el fin del mundo y no vamos a poder disfrutar de ese golpe de suerte con el que sueñan millones de españoles, desde la desesperación o la incertidumbre. Porque la verdad sea dicha no sabemos que es mejor si el fin del mundo de mañana viernes o el año ‘horribilis’ de 2013 que está al caer sobre España, con todas las plagas del antiguo Egipto ya sobrevolando sobre los pueblos y ciudades de nuestro país.

De momento ya sabemos que Junqueras se ha dado a la fuga hacia el pirineo francés -los Pujol prefieren los montes andorranos, por lo que se ve-, mientras Mas y Duran i Lleida se esconderán en la cripta de Monserrat, porque en la Generalitat no tienen un búnker como el de la Moncloa donde a buen seguro dormirá Rajoy y una buena parte de su Gobierno -Soraya se esconderá en la cajita del reloj, como en el cuento de los siete cabritos-, con excepción de Wert y Gallardón a los que no dejarán entrar en el refugio antinuclear monclovita por miedo a que rompan cualquier cosa, el sistema de refrigeración, la vajilla de urgencia o algo así.

De todas maneras ya es raro que el Papa Benedicto XVI no haya dicho nada de todo esto en twitter. O que Mourinho, que es otro de los profetas tremendistas de nuestro tiempo, no haya culpado de la catástrofe que se avecina a Casillas y Sergio Ramos que son los topos del vestuario del Madrid que lo cascan todo al Marca y que tienen desestabilizado al vestuario blanco, donde se cruzan toda clase de apuestas sobre el futuro entrenador del Madrid y sobre un posible trueque de Pipita Higuaín, camino del Atlético, por Falcao, que es otro bendito que cree a pies juntillas en los ángeles que han de tocar las trompetas del fin del mundo, al igual que le ocurre a Kaká, otro santo varón.

El que está que no le llega la camisa al cuello es Rodrigo Rato que hoy se verá las caras con el juez del caso Bankia, mientras por todo Madrid también se hacen apuestas de salón para ver si el magistrado del caso se atreverá a meter a algún banquero en el trullo, porque en este país sabido es que la Justicia sólo se aplica a los pobres. Porque los ricos y los poderosos están exentos, tienen bula comprada en Roma y cuentan con todas las bendiciones del Altísimo.

Por ejemplo, al Rey don Juan Carlos la idea del fin del mundo no le gusta nada, pero un apagón de RTVE, o algo similar, que le impidiera ofrecer su discurso de Nochebuena del día 24, eso no le vendría nada mal porque menudo papelón le espera al monarca.

Bueno, una de las previsiones de los profetas es que en la víspera del día F, del fin del mundo, muchas personas se casarán para así morir juntos y en la mejor compañía. Incluso parejas de amigos, como Rubalcaba y Valenciano, podrían dar ese paso de gigante a título de despedida de este mundo cruel, sobre todo ahora que el jefe de la oposición acaba de decir en el Parlamento, como si sufriera un ataque de locura, que cuando él gane las elecciones y sea presidente del Gobierno de España liquidará todos los ajustes y recortes que ha hecho Rajoy en el Estado del bienestar. O sea, es decir, nunca.

Y es que este planeta azul, bonito cuando se ve desde el espacio, es un valle de lágrimas, pero nadie sabe lo que nos espera en el más allá. Y es el temor a lo desconocido lo que produce pánico y desolación. Aquí en la Tierra ya sabemos más o menos de qué pie cojea el diablo, pero al otro lado, en el lado oscuro, nadie está en condiciones de ni siquiera presagiar lo que puede ocurrir. Eso no lo saben ni los mayas, que sólo conocían la fecha del final de los tiempos, pero no dijeron nada más sobre lo que podría pasar. Por ejemplo: ¿volverá Guardiola al Barcelona? No se sabe, pero nadie lo debería descartar.