Guía democrática para colectivos de indignados

Los movimientos sociales nacidos al calor de la indignación popular por los efectos demoledores de la crisis, la pérdida de soberanía nacional, el recorte de las conquistas sociales y las libertades y el abuso de poder, como la primavera árabe o los movimientos del 15-M, Democracia Real Ya, o el 25-N, etc., y demás convocatorias y colectivos ciudadanos de indignados. Todos los que hoy claman de manera general o por colectivos profesionales o empresariales contra los atropellos salidos de la crisis financiera, la incapacidad de clase política, el espanto de la corrupción y los abusos de poder, no acaban de encontrar, al menos en España, un camino seguro y eficaz para ser oídos, recibir el apoyo de una gran mayoría de españoles y lograr los cambios democráticos que hay que hacer.

En suma tener objetivos claros, un plan de actuación conjunta y una alternativa concreta y visible al poder imperante -político y fáctico- que emana del vigente sistema constitucional español y del Régimen de poder creado sobre los principales centros de decisión pública y privada. Lo que constituye un inmenso muro de poder imposible de saltar y menos aún de destruir, pero que debe ser permeable a una reforma impulsada por una amplia base social.

Y desde luego nunca por la violencia, aunque en el mundo árabe las continuas manifestaciones de su famosa “primavera” hicieron caer a regímenes dictatoriales gracias a masivas movilizaciones de ciudadanos, pero en países donde el deterioro y la marginación social era generalizada y muy pocos los colectivos sociales (sobre todo las élites y minorías autocráticas) que tenían algo que perder en la revolución.

En España el movimiento global de los indignados, con sus varias y distintas tendencias, necesita una hoja de ruta y de objetivos, de lo contrario todo quedará como está, y la intuición que ahora les anima a pedir cambios importantes (como una nueva ley electoral o una reforma constitucional por definir), se perderá y el impuso limpio y democrático de estos movimientos se perderá o quedará reducido a una pequeña e insuficiente reforma con la que los aún dueños del sistema político y del Régimen volverán a retomar el control y todo quedará, más o menos como está.

Entonces, en España: ¿qué hacer? He aquí una breve guía para debatir y reflexionar sobre todo ello.

1. Inventario de los problemas. En primer lugar habrá que detectar el inventario de problemas políticos, económicos y sociales del actual momento español. Así como todas las carencias democráticas, legislativas y constitucionales del sistema y de la Constitución (el secuestro de la soberanía por los aparatos de los partidos políticos, ley electoral no representativa y partitocrática, no separación de los poderes del Estado, ausencia de controles democráticos de la vida pública, económica y financiera, no independencia de la Justicia, sometimiento de medios de comunicación, etc.).

2. Designar los objetivos. Está claro que a la vista de todas las circunstancias especiales españoles, los objetivos deben ser definidos con precisión y deben conducir a una gran reforma democrática -para pasar de la Transición a la Democracia- del país, que incluye una reforma del sistema a través de una reforma de la Constitución de 1978, que incluya también la posibilidad del cambio de modelo político o de Régimen. Lo que pasa por una reforma legal y constitucional que chocará con la auto resistencia de los grandes partidos políticos y sus aparatos de poder, que se negarán a perder sus privilegios y a abrir sus puertas a la participación ciudadana en pos de la presencia de los mejores en el Parlamento y Gobierno de la nación. Si los partidos bloquean la reforma entonces serán los indignados desde la calle los que forzarán el cambio del Régimen, con una gran movilización social al margen de los partidos.

3. La Democracia como bandera. Dado nuestro marco legal y nuestro entorno europeo, que no se deben menospreciar, el campo de actuación de los ciudadanos indignados tiene como primer objetivo y principal bandera la Democracia. Un terreno donde los actuales partidos políticos no pueden competir sin que sus dirigentes se hagan el “hara-kiri”. La bandera de la Democracia, con todo lo que significa, es hoy día en España más revolucionaria y eficaz que cualquier otra de cualquier ideología, porque sobre todo significa garantía de libertad política y de expresión, justa representatividad, justicia, y controles democráticos de los poderes públicos y fácticos. Y eso en la España actual sería una revolución.

4. Organización y Partido Demócrata. Hecho el inventario de problemas y carencias actuales, señalados los primeros y escogidos objetivos, marcada la bandera de la Democracia como plataforma para la unidad de acción, habría que dotar todo este gran movimiento ciudadano de una organización y de un partido político -el Partido Demócrata- con mínima e indiscutiblemente prestigiosa dirección, para canalizar en el marco legal vigente español y europeo la gran reforma de la Democracia, y plasmarla en una nueva Constitución, camino de un nuevo sistema político y del final del vigente Régimen de poder. Porque de esa manera se evita el riesgo de que los oportunistas de la vigente partitocracia roben la bandera de la Democracia con aparentes cambios y reformas para que al final acaben dejando la situación del país más o menos como está.

Naturalmente, a todo esto que en realidad incluye un periodo de corte constituyente -cosa que no tuvo España en de la redacción de la Constitución de 1978-, cabe añadirle y proponer toda clase de enmiendas y alternativas, sobre todo porque aquí solo está esbozado lo esencial del cambio necesario. Pero estos puntos de partida o de debate -que tienen un desarrollo mucho más amplio, para quien lo desee consultar- deben formar parte de la inquietud ciudadana que quiere que todo empiece a cambiar. Sobre todo ahora que la dureza crisis ha dejado al descubierto las enormes carencias democráticas del sistema político español, las que por su culpa -y no solo por los abusos financieros y los malos o los corruptos gobernantes- nos han llevado a tan dramática situación.