Prisa en Nueva York y Matías en fuga

Mientras el último ERE -están muy de moda desde la reforma laboral- de Prisa sigue causando estragos en el diario El País, el poderoso Consejo de Administración del Grupo editorial se ha ido, gratis total e imaginamos que en primera clase, a Nueva York a celebrar un Consejo en el que han tenido el detalle de recortarse el sueldo y las dietas, lo que constituye un gesto encomiable para estos próceres de la educación, los medios y el entretenimiento. O sea que, como dijo Juan Luis Cebrián, se acabaron los tiempos del buen vivir y por ello el Consejo, dando ejemplo de austeridad, se fue a celebrar la austeridad a la Gran Manzana, donde el jefe de la organización, ya tiene instalada su nueva guarida de lujo. Con lo fácil y lo emocionante que hubiera sido para todos celebrar dicho Consejo, por ejemplo, en Alcorcón.

Sin embargo, la noticia del Consejo no está en ese viaje de lujo y placer para festejar la incorporación de la señora Huffington y del muy bobo Leal, sino la salida del máximo órgano de dirección de esa casa de Matías Cortes, lo que no augura nada bueno. Porque como Marcello lo anunció días atrás el día que el gordo eche a correr es que el huracán se acerca y el hundimiento puede que esté al llegar. Y el gordo corriendo está.

Marías es un experto –con la ayuda de su ‘socio’ Navalón- en el enredo de sus víctimas. Es como una boa constrictor que envuelve dulcemente a sus mas afamados clientes como si fuera un estola de visón, y luego poco a poco los va estrangulando hasta que los deja sin un euro y sin respiración. Que le pregunten si no a Ruiz Mateos, a Mario Conde o mas recientemente a Luis del Rivero de Sacyr, entre otros. O a los pobres Polancos, y puede que pronto al Grupo Prisa en pleno. No en vano este raro especimen de astuto y taimado enredador de los oscuros pasillos del poder -daría un ojo de Narcís Serra o los dos de Pepiño Blanco, por editar pronto sus memorias- se suele marchar corriendo de los sitios que ha minado  antes de que estalle la conflagración y siempre que, previamente, haya cobrado sus espectaculares minutas de seis ceros.

Matías es una especie de Charles Laughton de la escena política, mediática, financiera y empresarial española. El abogado en un principio defensor que en cualquier momento del drama se puede  convertir en el testigo de cargo acusador de su propio cliente. Eso sí, cuando ha concluido la faena y todo está a punto de saltar por los aires, el gordo hace mutis por el foro disfrazado de Menina o de Pachá y ahí queda eso con un cada vez mas aislado Cebrián.

El drama del diario El País, además del que afecta a profesionales del periodismo y trabajadores de la casa (“de toda la vida”), lo es también informativo y editorial, una vez que su director, Javier Moreno y sus muñecos -de bonos ricos y variables-, bailan al ritmo que les impone el control remoto que, desde Nueva York, maneja Juan Luis Cebrián.

El País es ahora más que nunca el periódico del ‘establishment’. Lo que tiene lógica a la vista de quienes son los propietarios de la deuda de la casa y eso preocupa, y mucho, visto lo que queda en el flanco derecho, al otro lado del Rio Bravo de la información. Ya desapareció la CNN Plus, el último reducto de la información audiovisual, y la SER -con un Delkáder marginado por Cebrián-  empieza a ronronear. Aunque, si sirve de consuelo os contaré que siempre nos quedará Internet. Aunque este ancho camino de fuga está lleno de dificultad. Demasiado duro es para quienes durante años han disfrutado de una posición de privilegio y de poder en el paraíso partitocrático de la información. La soledad que muchas veces es buena compañera y amiga de la libertad, pero dura de pelar.