El regreso de la Guardia Mora

Sorayita tiene un ratón chiquitín y por eso sabe mucho de ratas y le ha dicho al cretino de Puig, el Consejero de Interior de Artur que arengaba a los Mossos en pos de la defensa numantina del referéndum ilegal, que se ocupe de “los chinches y las ratas de la cárcel barcelonesa de La Modelo”. La verdad es que la gracieta de la vicepresidencia no dice gran cosa y revela el infantilismo del equipo que la rodea. Así no se paran los pies a quien ha desafiado la legalidad y al Estado con el uso de la fuerza autonómica, como si los Mossos estuvieran dispuestos incluso a salir de Cataluña para atacar la Bripac, o la División Acorazada de Brunete, o una bandera de la Legión o el cuartel de la Infantería de Marina donde nadie se anda con bromas, ni van en alpargatas.

Pero ¿será tan tonto el tal Puig? Pues puede que sí, de ahí que lo de las ratas y las chinches no venga a cuento ni esté a la altura de la respuesta que merecía el político de CiU. Pero en la Moncloa, ya se sabe, el talento está escaso, no hay Estado Mayor (político, se entiende), ni existe estrategia de comunicación. Basta ver los paseíllos sonrientes que hace Rajoy, con esa espantosa gabardina con la que desembarcó descamisado en Seúl, acompañado del tío Moragas de la mochila, el contable Nadal y la Castro (la prima boba del comandante Fidel, que aún no se ha muerto) a la entrada de las cumbres de la UE donde Merkel los corre a gorrazos y los manda para España sin cenar y con un ‘perrito caliente’ de las salchichas de Fráncfort, la capital del BCE y del Bundesbank.

Eso sí, los consejeros de Artur Mas son un poco chinches, pero a su verdadero Estado Mayor, que está en La Caixa y que incluye a la alta burguesía financiera y empresarial de Cataluña, todos ellos de perfil, y muchos haciendo la pelota al Príncipe de Gerona, don Felipe de Borbón (el que dice que Cataluña no es un problema), a todos estos que, disfrazados de camaleones, le preparan a Mas el trono plebiscitario del 25-N, ni doña Soraya ni don Mariano les dicen ni mu. Todo lo contrario, les reciben, se dejan envenenar por ellos para mantener el ‘bajo perfil’ que tanto conviene a Mas y para que no se desate la guerra comercial, que llegar llegará, aunque puede que un poco tarde porque lo ideal es que comience antes de las elecciones del día 25 de noviembre.

Habíamos pensado días atrás que quizás, dada la quebradiza salud del rey don Juan Carlos y la necesidad de un largo descanso para su pronta recuperación, estas Navidades, sin turrón -ni cava, por favor- que nos esperan, sería el Príncipe don Felipe quien leería el discurso de Nochebuena a la nación, con frases de consuelo a los españoles y eso de “la altura de miras” que los negros escribanos de la Zarzuela suelen meter como morcilla navideña, entre algún polvorón o un mantecado. Pero después de oír al Príncipe decir que “Cataluña no es un problema”, hemos decidido que es mejor que hable otra vez el Rey, aunque esté cojo. ¡Qué le vamos a hacer!

En cuanto a lo de los Mossos d’Esquadra hemos decidido que, tras las elecciones catalanas, los vamos a enviar al País Vasco a vigilar a Bildu, y a la Ertzaintza la vamos a trasladar a Melilla para vigilar con la boina roja de requeté la verja doble donde se agolpan los desamparados de Dios. Mientras que a Cataluña y, para darle una alegría al Conde de Godó -el Quasimodo de la Sagrada Familia- enviaremos a la Guardia Real para que adorne con sus plumeros y casacas rojas el palacio de la Generalitat. ¿Y en la Zarzuela? Pues podíamos recuperar a ¡La Guardia Mora! de El Pardo. Con sus turbantes de Reyes Magos y sus capas rojas al estilo los regulares. Eso con una llamadita de don Juan Carlos a su ‘sobrino’ Mohamed VI se arregla en un santiamén. O sea, que nadie se ponga nervioso porque todo tiene arreglo, y lo del tonto de Puig, también, porque dada su aguerrida pasión Artur Mas lo nombrará muy pronto embajador de Cataluña en Afganistán.