El Rey se va a la guerra de Gibraltar

El país, España, está hecho unos hecho unos zorros y nadie está en el puente de mando de Madrid –creo que la persona de mayor rango ayer en Moncloa era Consuelito Sánchez Vicente- porque a los mandamases les ha entrado una loca pasión viajera en la que se ha incluido la presencia del Rey don Juan Carlos en el campo de Gibraltar, vestido de comando de la Guardia Civil, y en apoyo a la Benemérita frente a los desafíos de la Royal Navy en aguas de la bahía –”por la bahía/ yo quiero ser marinero/ por la bahía..”- y para consolar a los pescadores de la zona en réplica a la reciente visita del príncipe Eduardo de Inglaterra a La Roca de Gibraltar.

Y pregunto: ¿a quién se le ha ocurrido semejante visita del Rey a las puertas de Gibraltar, de uniforme, con la gorra de comando de la Guardia Civil, con aspecto cansado y arrastrando los pies por la convalecencia de la reciente operación de cadera? ¿Acaso es obra de Spotorno para recuperar la imagen del monarca, o se trata de una decisión del Gobierno para dar en los morros a los ingleses tras las últimas afrentas, que el ministro Margallo no consiguió arreglar en su reciente viaje a Londres? El Rey no debe acercarse de uniforme a Gibraltar si no es para dar una patada a la verja en compañía de la Legión y con el carnero suelto y dando topetazos a los monos del peñón. Pero vamos a ver ¿por qué no le dejan al Rey descansar para que se recupere de una vez?

Y añadimos ¿qué hace el Príncipe en Marruecos, acaso no estuvo hace pocos meses su padre el Rey descansando en un palacio de Marraquech? Y Rajoy en Brasil, bailando la samba y haciéndole la ola a Dilma, después del lío que armó en Los Cabos peleándose con Merkel ante los ojos de todos y enfadándose con Barroso tal y como lo vimos en unas imágenes de TVE en las que el portugués parecía decirle: “eso si tienes narices se lo dices tú a la canciller”.

Y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, la ranita Sorayita, que está de presidenta en funciones resulta que se nos fue a las Islas Canarias en compañía del presidente china Hu Jintao a comprar un transistor o un móvil, que es lo que se compra en Canarias, y sin saber la vicepresidenta que a los chinos le gustan mucho las ranitas y se las comen con furor al estilo chop shuey (troceadas con salsa de soja), y no al estilo francés (cuises de grenuilles con salsa) o al español, las ancas de rana rebozadas o al ajillo.

El Rey se nos fue a la guerra de Gibraltar y Rajoy regresa de las Américas hecho un basilisco porque la Merkel no le da pelota y Monti se ha convertido en capitán general con ayuda de Hollande.

Y claro los grandes mandamases del país abandonan Madrid y cuando no están los gatos sabido es que bailan los ratones. Y el Tribunal Constitucional, caduco y en derribo, se aprovecha de la ocasión y se despide legalizando a Sortu, mientras el Consejo General del Poder Judicial se viste de luto a la espera que Dívar, su presidente, haga pública una “contundente declaración” como había prometido y que a juicio de algunos se trata de su dimisión. Aunque ya puestos debería darnos también el nombre y dirección de su peluquero que debe ser un artista y un primor a la vista del moñito que luce tan rumboso señor.

Eso sí, no nos olvidamos del ministro de Justicia, Gallardón, que hace quince días nos dijo en los pasillos del Congreso que el caso Dívar ¡está cerrado! y se equivocó. Ahora si se va a cerrar pero no como querían el ministro Gallardón y la ranita Sorayita porque ambos intentaron salvar a Dívar haciendo presión y se volvieron a equivocar. Como se han equivocado todos con el viaje del Rey a Gibraltar. Pero ¿no hay nadie que piense un poco en el palacio de la Moncloa? Pues no, no hay nadie que piense y ayer solo estaba Consuelito al mando del Estado y en posesión de la clave secreta del botón nuclear español por si había que bombardear el Peñón, como lo hizo Torrente, el brazo tonto de la ley, en uno episodio de su famoso culebrón.