Marinerita en tierra (a doña Cristina Díaz)

Rafael Alberti, marinero en tierra, en la huelga general, habría sido el mascarón de esta protesta sincera. Al mar cantaba Rafael: “¿De quién será la bandera/ de la torre del vigía?/ ¡Marineros, es la mía!”. Pero mucha mar de fondo hubo en el día de la huelga, y piquetes, y proclamas, manifestaciones y revueltas como suele ser habitual en estas jornadas tensas, en un país que va mal y como rayo se acerca al límite del no va más. Y dicen los sindicatos: “no vamos a parar” aunque se acaba el límite, y desde el Gobierno una ministra apocada dice a punto de llorar: no vamos a rectificar. Y habla el pueblo en las calles, y se mueve entre banderas, y por fin se apagan las ruinosas cadenas de televisión autonómicas y nadie desde el máximo poder de la Moncloa habla a los españoles con liderazgo y firmeza. El Gobierno estuvo huido, ¡Qué vergüenza!

Nadie habla alto y claro en el Gobierno porque cuando arrecia la tormenta se esconde hasta el presidente Rajoy que acaba de llegar de Seúl, con su gabardina luenga y su filipino Moragas, y por ello está el pobre muy cansado. ¿Y la princesa Soraya, acaso no es ella la portavoz del Gobierno? Sí, pero estaba en la Comisión Delegada cerrando los acuerdos del Consejo de Ministros que hoy darán la campanada. ¿Y la secretaria de Estado de Comunicación e Información, doña CMC? Pues esa no tiene arrestos, le tiemblan las piernas y carece de nivel para el cargo ¿Y don De Guindos el de Economía? Pues está a los Presupuestos y a palos con el Montoro. ¿Y este lorito parlanchín que nos ha salido Gallardón? ¿Acaso no debiera el ministro de Justicia hacer Justicia y, en vez de decir tontunas sobre las “auténticas mujeres” e indultar a los corruptos, salir al Ruedo Ibérico y comentar algo sobre la huelga? Pues no, este ministro tan progre, confesional y pecador estaba estudiando la última del TC sobre la doctrina Parot.

Y ¡entonces! ¿Quién da la cara por el Gobierno de España a lo largo y ancho del día de la huelga general? Pues una marinerita en tierra, vestida de capitana de primera comunión, con escasa voz de mando y leyendo a unos papelitos que le entrega de uno en uno el ministro de Interior y en los que se viene a decir que la huelga tuvo “poca incidencia”. Y si la incidencia es poca entonces ¿por qué estaba escondido el Gobierno?

Cristina Díaz, que así se llama la audaz Directora de Política de Interior que se atrevió ella sola con la huelga nos lleva al romance de Castilla: “hay una niña/ muy débil y muy blanca/ en el umbral. Es toda/ ojos azules y los ojos lágrimas/ Oro pálido nimba/ su carita curiosa y asustada/ Buen Cid pasad…”. Así estaba la pobre Cristina Díaz, marinerita en tierra, con su chaquetita blanca y sus botones dorados con un dibujo de ancla, dando tímidamente el “parte de guerra” del ministro de Interior: “detenidos 177, y los heridos otros 100, mitad manifestantes y mitad policías”.

Este Gobierno está mudo, no tiene portavoces (el PP tampoco porque Cospedal se ha vuelto tartamuda y algo disléxica), pero hoy don Mariano va a sacar el as de espadas para cortar de un tajo el nudo gordiano del ajuste fiscal prometido en Bruselas, y con ello se vengará de los sindicatos y pensará complacido: colorín colorado, la huelga se ha acabado. Y pregunto ¿le otorgará el Gobierno la Gran Cruz de Isabel la Católica a doña Cristina Díaz, la capitana valiente de tan especial travesía? Se lo ha ganado ¡pardiez! Y regresamos a Alberti: “¡Dejadme pintar de azul/ el mar de todos los atlas!/ Mientras, salúdame tú/ cantando al alba del agua/ pájaro en una palmera/ que mire al mar de Bengala”.