La soberbia de Cascos le hunde en Asturias

Parece asombroso que un político de tan larga experiencia como Francisco Álvarez Cascos haya cometido tantos errores en tan poco tiempo, y haya dilapidado la presidencia de Asturias en el ataque de soberbia y autoritarismo –dos de sus “cualidades”- con el que se lanzó a disolver el parlamento asturiano y convocar unas elecciones anticipadas (después de solo ocho meses de gobierno), cuyo resultado puede suponer el fin de su carrera política y de su partido el FAC, porque muy difícilmente aguantará Cascos cuatro años (hasta marzo de 2016) sentado en un escaño de la oposición del parlamento regional asturiano.

Al final, el voto de los emigrantes asturianos de la circunscripción occidental de Asturias le ha dado al PSOE el escaño número 17 de la Cámara regional, y ha quitado al FAC uno de sus diputados dejándolo en 12, con lo que Cascos perdió 4 de los 16 escaños que obtuvo en las elecciones del mes de mayo. Y también la posibilidad de ser presidente de Asturias para lo que necesitaría un pacto -a calzón bajado- primero con el PP y luego con UPyD, si este partido y Rosa Díez cambian de opinión porque ya habían anunciado que dejarían Gobernar al partido ganador de estas elecciones. Y ese ha sido el PSOE con 17 escaños (que con los 5 de IU, alcanzaría 22 escaños, los mismos que podrían sumar el FAC y el PP), pero con muchos más votos que el resto de partidos en toda la Comunidad, además de triunfar en 62 del total de los 78 municipios y en las tres circunscripciones del Principado.

Cascos nunca debió adelantar las elecciones sino ofrecer tras las elecciones de mayo de 2011 con la mayor generosidad política, y sin condiciones excluyentes, un “pacto global” en Asturias -en ayuntamientos y gobierno- al PP tras su espléndida victoria del pasado 22 de mayo. Pero primero se negó al pacto municipal (lo que benefició al PSOE) y luego se dedicó a imponer exigencias y bolas negras a los dirigentes del PP (como si fuera el secretario general de este partido) y ello impidió el pacto municipal, el de Gobierno y también el de los Presupuestos asturianos. Y loco de soberbia y convencido de que él obtendría mayoría absoluta en unas elecciones anticipadas y repetidas, Cascos se fue a las urnas y se estrelló. Tirando por la borda la presidencia del Principado que habría podido mantener hasta el final de su carrera política, que ahora está a la vuelta de la esquina. ¿Acaso ya no recuerda Cascos los pactos del Majestic que el PP y él firmaron con CiU y luego con el PNV para la investidura de Aznar en 1996? ¿Acaso esos pactos eran más fáciles que los que el FAC pudo haber hecho con el PP -su ex partido- en junio de 2011 para alcanzar un pacto estable de gobierno y municipal en Asturias?

Y ahora ¿qué puede hacer Cascos? Pues intentar a la desesperada un pacto tripartito en Asturias con PP y UPyD. Y para empezar, pedir públicamente perdón al PP por haberlos acusado durante la campaña electoral de “tener un pacto secreto con el PSOE” lo que era falso y calumnioso, lo que todavía sigue repitiendo para ver si así fuerza la mano del PP. Y luego implorar a Rosa Díez que le de su apoyo para presidente (para lo que recurrirá a Pedro J. Ramírez y Esperanza Aguirre), con el fin de que los de UPyD rompan su promesa de respetar al ganador de los comicios asturianos, donde los de Rosa Díez ahora están en alza y en un futuro podrían tener el sitio que hoy ocupa el FAC.

De manera que lo de Cascos ha sido visto y no visto en Asturias y además le hizo perder un año a la Comunidad en plena crisis, algo que fue valorado por los electores y no entendió Cascos, quien tampoco supo valorar los efectos políticos del adelanto electoral en plena que la crisis, ni la incidencia que la reforma laboral del PP tendría -como la tuvo- en Asturias donde la izquierda sindical es tradicionalmente muy fuerte.

Además todo apunta que Rajoy en la Moncloa no llorará por él (ni Aznar en FAES o Cospedal en Génova). Mas bien al contrario los populares esperarán que el FAC se diluya y que sus votantes, con el tiempo, regresen al PP o se repartan con UPyD. Que es a fin de cuentas lo que ocurrirá si el líder del PSOE, Javier Fernández, que es el vencedor indiscutible de las elecciones, se convierte en el presidente del Principado de Asturias como parece y debiera ser. Cascos está desconcertado y se niega a reconocer sus errores de los que culpa a todos los demás, sin entender que él ya no manda en el PP. Pero también está asustado porque corre el riesgo de llevar a sus compañeros del FAC al desastre y por eso dice ahora que incluso está dispuesto a no ser el presidente de Asturias con tal de que se logre un pacto tripartito entre el FAC, PP y UPyD, dando la impresión que ya está cansado de Asturias y que quiere regresar a Madrid, batiéndose en retirada voluntaria porque peor sería su retirada forzada si finalmente gobierna el PSOE.