Transparencias

Acaba de aprobar el Gobierno la ley para la transparencia política y el control del gasto público frente a los derroches, nepotismos y abusos del poder y nos parece muy bien pero insuficiente. Porque las ciencias ocultas que se practican en la vida pública española y que dañan la vida democrática y las relaciones sociales no solo tienen su origen en la vida pública y en el uso y disfrute del poder institucional, sino que el ocultismo se practica también con gran habilidad en otros sectores e instituciones públicas y privadas de gran trascendencia nacional. Por ejemplo, en la Justicia, o en los bancos y las grandes empresas, o en los grupos de comunicación, y a ver quién es el guapo que les coloca un cascabel a esos gatos.

No nos vamos a cansar de decirlo. En España no hay separación de los poderes del Estado, ni de estos poderes con los fácticos y es en ese “totum revolutum” donde se cuece el gran festín del poder. Y está muy bien que los gobiernos nacionales, autonómicos y municipales estén controlados y expuestos en el escaparate de la nueva ley. Pero todos sabemos que hay instancias superiores y no contraladas, opacas y ajenas a todo control democrático en las que en España –contra lo que ocurre en las democracias consolidadas- existe un “quinto poder” que habita en una procaz cama redonda, donde unas falsas razones de Estado se mezclan con toda clase de negocios, favores e intrigas de poderosos y gobernantes. ¿Alguien nos podría explicar, en caso contrario, cuál fue la transparencia de los recientes y notorios indultos a poderosos de los gobiernos del PSOE y del PP?

Otro si, ¿qué transparencia está prevista en visitas opacas a altos centros del poder de poderosos de todo orden como el palacio de La Moncloa o la Jefatura del Estado? ¿Se informará de las visitas que se reciben cada día en ambos palacios como ocurre en paísesde nuestro entorno?

Y ahí tenemos el ejemplo y el escándalo de la Banca y las Cajas de Ahorros, supuestamente controladas por el Banco de España en el nombre del Estado, que han resultado estar en quiebra y que ahora reciben inmensas cantidades de dinero público –aunque sea como préstamos-, mientras el crédito no llega a los ciudadanos. ¿Dónde está la transparencia en este sector crucial del Estado? O en los precios de los carburantes, las eléctricas, el agua y en toda clase de servicios?

Y ¿qué ocurre con la transparencia en los partidos políticos, en su financiación y los escándalos de corrupción, oen los sindicatos e incluso en las distintas instituciones religiosas y culturales?

Está bien que se ponga en marcha la transparencia en la acción de los gobiernos en todos los niveles del Estado, pero todavía queda mucha opacidad por eliminar. De manera que más transparencias serían bienvenidas, aunque por algo hay que comenzar.