El sofá de Rajoy

Menos mal que la Selección Nacional de Fútbol, “La Roja” que Rajoy ha vestido de azul celeste Partido Popular, nos ha dado una alegría en vísperas de la Eurocopa y ha ganado a la Venezuela de Chávez. Menos mal, porque la calle está que arde, los banqueros insaciables ante la derrama del BCE, los empresarios preparando nuevos despidos a 20 días, los editores tiesos como la mojama, el presidente camino de su segunda cumbre europea (a ver que nos cuenta con el micrófono abierto), y la princesa Soraya en el rol de presidenta en funciones del Gobierno, tras haber acompañado a los Reyes en el concierto en honor de las víctimas del terrorismo que la orquesta de RTVE ofreció con una excelente interpretación de la 9 Sinfonía de Beethoven.

Nadie está contento y todo apunta a que a Rajoy alguien ya le ha dicho que debe enterrar el discurso cenizo de no hay la menor esperanza, y ahora ha aprendido a decir “optimismo”. Sólo le falta completar ese esfuerzo con un cambio de protocolo en la Moncloa donde el presidente se empeña en recibir a sus invitados de mala manera ocupando el sofá y dejando al visitante el sillón natural del anfitrión. Luego se enfada Rajoy si le dicen que no da golpe, o está todo el día tumbado como lo pinta Peridis. Pero su empeño tozudo en sentarse en su sofá de Moncloa hace suponer que o bien estaba durmiendo la siesta hasta que entró el invitado, o que se va a tumbar cual largo es en el sofá nada mas que el visitante salga del despacho. Pero ¿quién es el jefe de protocolo en Moncloa?

Eso debe ser cosa de los asesores de imagen o de las tertulianas que se han instalado en la secretaría de Estado de Comunicación.

A Marcello le encantaría echar una cabezada en ese sofá blanco como la nieve del presidente del Gobierno, a ver si le adivina los pensamientos a Rajoy que deben ser mas complejos de lo que la gente se imagina. No en vano, este sabueso ha guardado como oro en paño algunas de las perlas del collar que Rajoy enhebró en su primer discurso del congreso sevillano del PP, cuando en un arrebato de sinceridad hizo confesiones sobre su otro yo, el más íntimo y confidencial.

Dijo Rajoy en aquella ocasión sobre sí mismo que: “es previsible, no le debe nada a nadie, maneja los tiempos, no le importa el qué dirán, que no se le subirá el cargo a la cabeza, ni corre peligro de envanecimiento, que él cree en la libertad, la ley, la solidaridad, la igualdad, el mérito y el esfuerzo, no acepta presiones de nadie y menos de la prensa, que es independiente, que piensa mucho las cosas y que está empezando a descubrir lo que significa ser el presidente del Gobierno”. ¡Ahí queda eso!

Marcello se despierta por la noche entre fríos sudores, repasa está larga lista de auto afirmaciones de Rajoy, que tiene marcada en su memoria a sangre y fuego, y aprovechando el cambio de horario nocturno le entran ganas de llamar a Nueva York al perro de los hermanos Frasier –los psiquiatras de la serie de televisión USA- que se llama Eddie y es primo de Uggi (otro Jack Russell y gran triunfador de los Oscar con The Artist), a ver si alguien de esa casa de locos y psiquiatras es capaz de desentrañar el misterio de Rajoy.

En realidad lo que quiere Marcello es una opinión científica y autorizada sobre estos pensamientos tan audaces y profundos del presidente español. Y a la espera estamos del diagnóstico de los hermanos Frasier. Pero mientras tanto nuestro Jack particular se interroga sobre el mas audaz de los pronunciamientos de Rajoy cuando dijo que “no le debe nada a nadie”. Y, tras aullar a la luna menguante cual lobo feroz, Marcello se pregunta: ¿ni siquiera a Viri por aquel abrazo que le dio en el balcón de Génova 13 el día de la derrota electoral de 2008? Pues, por lo que parece, no. Este Mariano es un ¡témpano! Y por eso no está dispuesto a cederle el sofá a nadie, porque ese es su trono, su triunfo y su merecido galardón.