Urdangarin no está indefenso

El discurso del pretendido linchamiento mediático de Urdangarin es una falacia porque nadie le ha impedido al Duque de Palma y yerno del Rey el ofrecer una rueda de prensa y explicar ante los medios –y no solo ante el juez- y todos los españoles lo que a todos luces parece inexplicable salvo que se trate de una confesión. Pero Urdangarin no ha querido hablar y ha echado a correr ante una cámara de televisión de una manera lamentable e impropia de quien figura como parte de la Familia Real española. Y ahora, demasiado tarde, dice que está dispuesto a hablar con los medios después de que lo haga el juez, y veremos lo que dice y lo que se desprende de sus palabras pero, vistas las declaraciones de sus empleados y los documentos publicados, y los informes de la administraciones públicas, lo menos que se puede decir de este personaje es: que es indigno de la posición que ahora ocupa; moralmente reprobable; y autor de un daño de dimensiones aún por evaluar a La Corona. Y todo ello además de estar imputado como presunto delincuente, por más que también le asiste la presunción de inocencia.

El que además ha recibido grandes favores por parte del Gobierno de Zapatero y de la fiscalía de Conde Pumpido porque, al no ser llamado para su declaración cuando lo fue su socio Diego Torres a pesar que el Duque era el jefe y motor del famoso instituto Nóos, puede que hayan prescrito –como al parecer se pretendían- presuntos delitos fiscales hasta el año 2005, incluido. Y a no olvidar otros regalos, por encargo del Rey, con los que se compensó su aparente salida de Nóos y toda clase de protecciones, como las que también ha recibido la Infanta Cristina en este caso, donde algo deberá decir ante el juez por su destacada presencia en las sociedades que ahora se investigan por más que ella no tuviera función ejecutiva, porque así se hace de manera habitual en este tipo de investigaciones judiciales.

Entonces ¿dónde está la indefensión de Urdangarin? Los que se quedaron indefensos han sido los ciudadanos españoles ante los contratos expolio de dineros que este personaje logró de varias administraciones públicas, por ser quien era y de manera fraudulenta y falsaria, al comprobarse que esas sociedades tapadera –de su enriquecimiento personal- que contrataban no eran “sin objeto de lucro”. Y además emitían facturas falsas y maquinaban toda clase de operaciones para defraudar a Hacienda, desde dentro y fuera de España, entre otras muchas cosas.

Existe la impresión que los poderes públicos de este país, incluido el propio Poder Judicial que tuvo la poca vergüenza de anunciar que “no todos los imputados son iguales” –como subrayaron el presidente del CGPJ, Divar, y su portavoz, Bravo-, se van a volcar para que Urdangarin salga indemne, o ligeramente afectado en este proceso, como ha ocurrido en España y ocurre con los poderosos. Pero si eso es así el remedio empeorará la enfermedad y el problema Urdangarin pasará a ser problema de la Monarquía en un país que tiene los nervios y la desesperación a flor de piel por muchos motivos, y especialmente por la vigente y dramática situación económica y social de los españoles.

O sea, mucho cuidado señores Divar y Torres Dulce –este presuntuoso que va de independiente y aplaude que la Fiscalía apoye el delito de “escuchas ilegales”, como hizo en el caso Garzón, incluso después de la sentencia-, no vaya a ser que el boomerang que empieza a girar a gran velocidad por los juzgados de Mallorca –ese Ducado en el que “algo huele a podrido”- tome altura y velocidad hasta llegar con un fuerte impacto a altas instituciones de la capital del Reino. Unos lugares donde por razones obvias se tienen, entre otras cosas, muchos datos sobre los comportamientos sociales y políticos de los ciudadanos de Grecia –país hoy sometidos a grandes convulsiones por causa de la crisis económica- y España. Y convendría recordar aquí que los españoles no son como los griegos. Puede incluso que mas reflexivos ante ciertas cosas y acontecimientos, pero si se ponen en marcha entonces, como en las estampidas, son casi imposibles de frenar. Alguien debería de estar meditando sobre todo esto para que luego no haya sorpresas y pasen cosas que nunca se pudieron imaginar.