Mucho huele a podrido en Valencia

No sabemos cómo se atreve a regresar a las Cortes valencianas y sonriendo el expresidente de esa Comunidad, Francisco Camps, después de su más que sospechosa absolución en el caso de los trajes a la vista de la “folklórica” sentencia del juzgado popular, y después de los escándalos que están saliendo a flote y que parten de los años de su mandato. Empezando por Gürtel que sigue en los juzgados y siguiendo por Urdangarín, Enarsa, la CAM, Banco de Valencia, Canal 9, el aeropuerto de Castellón, la corrupción de Alicante, y ahora mismo el atraco o malversación en la dirección general de la Cooperación Internacional, entre otras muchas cosas en las que hay que incluir la quiebra institucional de Valencia, y el desprestigio del gobierno, instituciones y entidades financieras.

Este año cada falla valenciana debería dedicarse a cada uno de los escándalos para que ardan con la indignación de los ciudadanos de esa Comunidad, que ha pasado de ser un pretendido modelo de crecimiento y modernidad a convertirse en el ejemplo máximo de la corrupción, el despilfarro y la ruina. Si a todo ello añadimos los últimos acontecimientos sobre enfrentamientos entre estudiantes y la policía, y los duros ajustes que vienen de la mano del gobierno de Alberto Fabra –que menudo papelón y herencia tiene ante sus narices-, veremos que este territorio de gente generosa y grandes emprendedores lo va a pasar muy mal en los próximos años.

Ahora se entiende por qué el PP ha impedido a Camps aparecer en el Congreso de Sevilla, como se entienden los silencios sonoros de la secretaria general del PP, María Dolores Cospedal. Ella que fue tan delatora de los problemas de la Caja de la Mancha y de la quiebra de las cuentas de esa Comunidad, y que no abre la boca sobre Valencia ocultando ese gigantesco saco de corrupción, y su ruina, y aquí incluidas las de sus cajas CAM, Bancaja –a tiros con Bankia, en estos momentos-, y el Banco de Valencia, entidades en las que se han descubierto enormes agujeros negros, despilfarros, corrupciones y toda clase de abusos. Y donde queda por aflorar la larga mano de la política y favores a sus amigotes y sus medios de comunicación. Por ejemplo ¿podría explicar Cospedal qué hacia la CAM –mediterránea- financiando en  la estepa de La Mancha el monstruo de Seseña de Paco el Pocero? Eso sólo lo saben los “históricos” y recientes dirigentes valencianos del PP, y ya sabe Cospedal de quiénes estamos hablando.

Ahora se acaba de descubrir otro caso de corrupción en Valencia en la oficina de Cooperación de esa Comunidad Autónoma –pero ¿qué pintan las Comunidades Autónomas metidas en cooperación internacional?-, donde al parecer se han malversado fondos por valor de nueve millones de euros, motivo por el que acaba de ser detenido por la policía el director general Josep María Felip.

Es verdad que Alberto Fabra no es responsable de esta situación y que tiene ante sí todo un papelón. Pero da la impresión que el PP no hace lo que tenía que hacer, como sacar a Camps de las Cortes valencianas y del Partido Popular, porque estamos escuchando hablar mucho de los ERES de Andalucía, que tampoco son un asunto menor (y a no perder de vista la investigación de Gurtel sobre el misterioso P.A.C., y no sólo por asuntos de viajes, sino por los contratos de Aena con las empresas de Correa), pero lo de Valencia es mucho mas grave y de mayor dimensión.

Y ¿qué hace Cospedal desde su función de presidenta manchega y de secretaria general? Ya nos sorprendió la “rehabilitación” de Ignacio González –otro que está bajo sospechas en la Comunidad de Madrid- en el Comité ejecutivo del PP, pero lo de Camps y su tremenda herencia merece una renovación total de los políticos valencianos de ese tiempo incluida Rita Barberá que ha sido fanática defensora de Camps, y que también tiene no pocas cosas que rectificar o hacer olvidar (Enarsa le afecta), al margen de una colección de bolsos cuyo origen, en algunos casos, deja mucho que desear.