Aguirre Bombay Sapphire calienta el congreso del PP

Ahora que caen chuzos de punta en el PSOE sevillano y cuando apenas quedan unos días para el Congreso nacional del PP en Sevilla, con el que Mariano Rajoy y Javier Arenas quieren iniciar la campaña electoral andaluza para la conquista de la Comunidad que lleva 30 años en manos de los socialistas, ahora que se acerca la hora de la verdad en Andalucía llega doña Esperanza Aguirre, la incansable condesa de Bombay, y dice que al presidente del PP lo han de elegir el conjunto de los militantes y no los delegados en los congresos. Porque la condesa considera que con semejantes reglas del juego ella tendría su oportunidad para ser la presidenta y dueña del PP, algo por lo que lleva suspirando desde primeros de 2008, quizás porque se considera la única liberal del partido y declarada anti franquista, como lo acaba de señalar al decir que la reforma laboral del PP va contra el general Franco (sic).

Para completar el escenario la secretaria  general del PP María Dolores de Cospedal –la dulcinea cazadora de conejos- acaba de iniciar una campaña personal de autopromoción mediática en la que da por hecho que permanecerá en dicha Secretaría General, revelando una supuesta confidencia de Rajoy quien bien podría decir aquello de García Margallo sobre Trillo en Washington de “yo no he oído nada”. O, en su caso, podría acceder a convertir a Esteban González Pons en el Coordinador del partido –haciéndole un sitio a Manolo Cobo-, cargo que utilizó el PP a favor de Ángel Acebes, cuando Álvarez Cascos ocupaba la secretaría general y la vicepresidencia en el primer Gobierno de José María Aznar.

Lo que ocurrir mermaría mucho el pretendido cargo de Cospedal. La que ayer se nos presentó de “punta en blanco” y maquillada hasta las orejas en TVE, presa de la ansiedad que la corroe hasta que sea confirmada en la secretaría general porque lo de perseguir a los conejos manchegos la aburre un montón. Le gustan mucho más las cacerías en los montes de Toledo y las cenas con los ricos y los nuevos ricos en Madrid (las amistades harto peligrosas de su “cospedalo”, Ignacio López del Hierro). Ahora bien, la ansiedad de la presidenta manchega no es nada comparada con ya la eterna impaciencia de Aguirre, la que lleva rotos mas de cien espejos mágicos porque ninguno le da la razón cuando pregunta: quien es más líder Mariano o yo. La última de la condesa de Bombay no solo ha sido pedir –por vía de un pardillo de su equipo- que al presidente del PP lo elijan a partir de ahora todos los militantes del PP, lo que veremos que dicen el congreso sevillano y Rajoy, que será lo mismo. No hace mucho anunció que cambiará la ley electoral en Madrid en pos de circunscripciones y listas abiertas, lo que no estando nada mal –aunque ella eso lo propone solo para llamar la atención- y ya ha recibido un rotundo no de Rajoy en el debate de investidura y en respuesta a una intervención de Rosa Díez de UPyD.

Sin embargo, lo más bonito de lo que dijo ayer la condesa Aguirre de Bombay es que la reforma laboral del PP es antifranquista. Es decir anti Franco, o dicho de otra manera contra los restos del sindicato vertical franquista, imaginamos que en referencia a la llamada “ultra actividad” de los convenios y otros capítulos. Y no es la primera vez que Bombay Aguirre se presenta como enemiga del régimen anterior de Franco, porque dice que ella siempre fue liberal, aunque nadie recuerda que la condesa que militara en alguna organización anti franquista, o que sufriera la represión o castigo alguno de la dictadura. Lo más que se recuerda han sido algunos enfrentamientos con Fraga, en el interior del PP, por los que el viejo dragón de Perbes la mandó callar.

O sea que en todas partes cuecen habas, y en el PP también. Entre otras cosas porque el aparato de información del Gobierno (CMM ¿estás ahí?) no está explicando como debiera el excelente trabajo de Fátima Báñez en torno a esta histórica reforma laboral. Y los medios y los informadores adversos se la están comiendo por los pies. Menos mal que Aguirre Bombay Shapphire salió en tromba para volver a enterrar a Franco, pero sin saber que el juez Garzón ya tiene el certificado de defunción del dictador en su poder.

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