Karma y Alfredo, el triunfo de Pigmalión

Lo de Rubalcaba y Chacón acabará en el cine o la televisión como una novelita a la española, un tanto hortera (ni Taylor, ni Burton, en Cleopatra) y un poco cruel, sobre política, amor, odio y toda clase de intrigas de poder. Este caso, no llega a la “grandeur” de la exuberante Segolène Royal –otra que perdió por gritar en el debate con Sarkozy- con Hollande, ni al intento de venganza de Hillary con Clinton por el asunto Levinsky, ni tiene mucho que ver con la cosa peronista de los Kichner y algunos casos mas que existen por ahí. Lo ocurrido en España con Rubalcaba y Chacón es mas de telenovela venezolana (“Betty la fea”, o algo así) nada que ver con Romeo y Julieta, La Regenta o Madame Bovary, pero ha tenido su aquel.

La cosa comenzó en el Congreso de los Diputados, ella como la vicepresidenta del dormilón Manolo Marín y él como el astuto portavoz del Grupo Parlamentario. Y así, entre café y café, nació la amistad, la confidencia, la intimidad y puede que el amor y la admiración entre esta “lolita de la política” dotada de una escasa cabeza pero de una gran ambición y el viejo cocodrilo del PSOE, convertido en su Pigmalión. Pero cuando ella entendió que para subir otro escalón había que adorar al santo Zapatero por la peana abandonó a Rubalcaba y se “enamoró” de Barroso/Rasputín –ya veremos lo que dura ese idilio tras la derrota de Sevilla-, entonces portavoz y “consigliere” privado del Bambi de oro. Un intrigante sin límites entrometido como presunto embajador “in péctore” de ZP en el mundo de la banca, grandes empresas y medios, por lo que reunía –además de unas presuntas parcelitas en Ciudad Real mas o menos cerca del aeropuerto fantasma y de un pisito en La Habana- atributos para conseguir que Zapatero hiciera ministra a “la niña de sus ojos”. Primero de Vivienda y luego, embarazada, feminista y catalanista al frente de los Ejércitos de España, para poner firmes a los militares – “¡capitán mande firmes!”- de la añorada España imperial, y para que se aprendieran la “España plural” y lo de: “la nación española es discutida y discutible”. Y para mayor abundamiento, a sus órdenes el CNI, y las andanzas de poderosos, Pepiño incluido, por el sotanillo de La Manduca.

Sin embargo, Rubalcaba/Pigmalión también tocó teta del poder y se subió al ministerio de Interior con los servicios de información de la Policía y la Guardia Civil, que no son mancos, el jefe de la judicial, Juan Antonio y el ínclito Garzón, ahora sentado en el banquillo. Y ahí se planteó el primer duelo a cara de perro en el Consejo de Ministros donde brillaron de puñales. Pero ZP, “como no podía ser de otra manera” (su latiguillo habitual), se estrelló. Y acabó llevando al país, España (y a El País periódico) a la ruina. Y al PSOE al gran desastre electoral que empezó en el territorio catalán (Montilla, hundido).

Y entonces Zapatero, confundido y preso de un ataque de pánico mientras esperaba la noche del 10 de mayo de 2010: la cotización del índice Nikei y el tsunami de intervención y rescate de España, se desmoronó. Y se le apareció Felipe González y dijo: pequeño saltamontes deja de llorar como Boabdil y nombra a Rubalcaba vicepresidente primero. Un cargo que la insaciable Chacón había pretendido tras la victoria en las elecciones de 2008, para echar a De la Vega, con ayuda del diario Público, el panfleto de Barroso. Y ZP cedió y se produjo la primera victoria de Rubalcaba sobre su Carmen (Karma): el Pigmalión I. Él era el vicepresidente del Gobierno, y ella su obediente ministra.

La cosa no quedó ahí y en enero de 2011, Rasputín-Barroso ya había montado un equipo de trabajo para lanzar a Chacón en las primarias del PSOE, una vez que ZP había reconocido que se iba con viento fresco. Pasaron los días y apareció Rubalcaba y mandó a callar. Y Carmen/Karma se fue llorando y denunciando la larga mano de una conspiración y Alfredo ganó las primarias, con su segunda victoria: Pigmalión II. Luego vino la derrota nacional en las elecciones, la no dimisión de ZP, el regreso de Rasputín para encumbrar a Carmen/Karma en la batalla final del 38 Congreso de Sevilla, a donde la catalana se fue vestida de faralaes y el aparato de ZP creía tener todo atado a su favor con un discurso lleno de trucos oportunistas que la Karma de Monserrat, España y Merimé se lo cargó, presa de pánico, con una actuación chillona, las venas del cuello a punto de estallar como si fuera un cantaor y un dedito señalador Y, por fin, Pigmalión III, victoria final de Rubalcaba en la Sevilla donde una copla sonó al paso de la calesa donde Pajín y Chacón lloraban su desconsuelo: “amores que se han querido/ y se encuentran en la calle,/ o se mudan de color/ o se hacen un desaire/ por dentro sufren los dos”. Eso sí, Rasputín se habrá hecho rico pero ella, Carmen/Karma que prometió no soportar la travesía del desierto de Almería de su abuelito andaluz, ahora tiene por delante el ¡Sáhara! Mientras su Pigmalión, campeón de 100 metros lisos se adorna con la corona de este melodramático maratón. Y allí va Rubalcaba sonriente y triunfador, llevándose de su brazo a la lozana Elena Valenciano, como Paris llevaba a su Elena de Troya antes que aparecieran en el horizonte Aquiles y Agamenón.

 

 

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