Urdangarin debe dar un paso hacia atrás

El duque de Palma, Iñaki Urdangarin, debería dar un paso hacia atrás en su actual posición como miembro de la Familia Real y dejar al margen de la investigación judicial a La Corona para evitar así daños a la Institución y facilitar tanto su defensa como la acción judicial. Puede que el privilegio que ahora le permite declarar por escrito, dada su condición de esposo de la Infanta, sea el motivo de su tardanza, así como la dificultad que el duque consorte parece tener a la hora de reconocer el alcance de todos sus errores y el mal uso que hizo de su posición de privilegio lo que puede haberlo llevado a violar la raya del Código Penal, por más que él manifieste su inocencia y sus abogados le animen a mantenerse en su posición actual con el argumento de que todo paso hacia atrás podría suponer un reconocimiento de culpa.

Quizás piense Urdangarin aquello de “por pedir que no quede” y que si el dador, instituciones, políticos y empresas, se excedieron en el “regalo” y se saltaron las normas –concursos administrativos, etc-, será el problema de otros y no suyo. Como podría creer que su “atractivo” personal, como miembro de la familia real, es algo consustancial a su posición –la frase que se le imputa de “al estar yo van a entrar todas la empresas”, lo dice todo-, y pensará que su presencia y su gestión en los negocios merecen un pago destacado y por ello él emitió las correspondientes y abultadas facturas a la Fundación Nóos, la famosa tapadera que decía no tener un ánimo lucrativo y desde la que luego se desviaba el lucro incesante a sus bolsillos y a los de sus avispados asociados.

Y si cree en todo este cuento de hadas Urdangarin podría llegar a la errónea conclusión que semejante trama pudo ser ilegítima pero no ilegal, y en ello a lo mejor funda su obligada defensa ante los tribunales, si finalmente resulta imputado y llevado a juicio. Pero el cúmulo de datos, indicios y pruebas que rodean el escándalo no dejan muchos resquicios a la obligada presunción de inocencia. Y el conocimiento que la opinión pública ha tenido de todo ello, con escándalo, en un país que sufre una dolorosa crisis económica y social, facilita una mezcla explosiva en la que aparecen términos tales como: privilegio, tráfico de influencias, estafa, fraude fiscal, falsificación de documentos, corrupción, etc.

Y todo ello, expuesto a la luz pública, impide que el tiempo pase como si nada ocurriera cuando más bien al contrario, desde que se abrió el caso de Palma Arena, el tiempo se ha parado y fijado en él su mirada acusadora y además no han cesado de aparecer otros negocios similares que indiscutiblemente empeoran su situación.

¿Qué hacer? Siempre se dijo que en este país nunca pasa nada, y algo de cierto hay. Pero también es verdad que en España cuando empiezan a pasar ciertas cosas nadie las puede frenar. La Historia es testigo de las sacudidas españolas cuando se acumulan hechos, abusos y desgracias. Y aquí y ahora se están acumulando muchas, y puede que demasiadas cosas sobre el mapa nacional. Hasta en el Valle de los Caídos se mueve ahora la tumba del general. O sea, Urdangarin: un paso atrás, y luego ya se verá su alcance judicial. Se escucha en la lontananza un cante andaluz: “una cordera/ una cordera/ blanca como la nieve/ una cordera/ de tanto acariciarla/ se volvió fiera”.