El gato con botas

Con la voz privilegiada y modulada de Antonio Banderas llega a las pantallas del cine español en tres dimensiones el maravilloso cuento de “El gato con botas” de Charles Perrault. La historia de un astuto y mágico animal que fue la única herencia recibida por un joven molinero a la muerte de su padre que luego resultó ser un aliado determinante del molinero para que alcanzara la gloria y casarse, como presunto marqués de Carabás –nada que ver con el Duque de Palma-, con la hija del Rey tras derrotar al ogro malo del cuento que tremendo cometió el error de convertirse primero en león y luego en ratón y quedar a la merced del felino que se lo comió.

La moraleja que se obtiene del cuento, además del triunfo del amor entre el molinero y la princesa, nos habla de un gato que dotado de poderes y de una astucia descomunal, se muestra capaz de cambiar el destino de todo un Reino y de favorecer a su dueño a cambio de su supervivencia, de un par de botas y un zurrón.

En los difíciles tiempos en los que vivimos bien nos haría falta en España (y en Europa) un buen gato con botas y arrestos para dar a la señora Merkel –en el rol de ogro malo de la ruina financiera de la UE- un golpe de gracia que la reduzca a ratón, en beneficio de todos los molineros arruinados de este viejo continente que no da pie con bola y vive preso de la angustia que provocan otros ogros de los mercados insaciables. Desde luego ese gato no es Sarkozy, ni se ve por ninguna otra nación europea por lo que el desamparo es total y sin visos de solución.

Y si aplicamos el cuento a España cabría preguntarse sobre quien puede ser el intrépido gato con botas que aúpe en el Reino de España a un molinero discreto –en este caso de origen gallego y que se llama Mariano- al primer rango de la nación y con pleno éxito en su gestión. Podríamos imaginar que el intrépido felino del cuento representa en cierta manera a lo mejor del pueblo español que decidió en las urnas del pasado 20-N derrocar al ogro tonto de la ruinosa gestión del país, el tal ZP, en pos de un tiempo mejor que ya veremos cuando llegará una vez que el Bambi (del otro cuento) ha resultado ser un depredador de la vida nacional, y hasta de su partido, el PSOE. El que todo se lo ha consentido y se lo consiente y que ya veremos si en los próximos días u horas le obliga a dimitir y lo envía de una vez por todas a las galeras de León a descansar, para que todos descansemos de él.

En cierta manera, el Bambi Zapatero que se creyó un León como en el cuento del gato con botas al final resultó ser un ratón y por eso el gato español se lo merendó el 20-N. Pero las andanzas del Bambi a lo largo y ancho de los pasados ocho años han dejado a este país hecho unos zorros y en la ruina, motivo por lo que, con su desaparición, no nos va a librar de su ruinosa herencia política y económica recibida. Podemos pensar, eso sí, que pasó lo peor del cuento y que lo mejor está por llegar porque el bravo pueblo español no se rendirá, pero va a hacer falta mucha magia y a la vez mucha imaginación para que el cuento acabe bien. Y vamos a ver si el molinero Rajoy se pone a la altura de las circunstancias y le da justa réplica al gato español.