Aguirre fulmina a Granados

La condesa de Bombay, Esperanza Aguirre, no se suele andar con chiquitas, a la vista de los tiempos que corren por España y por el PP, y ha decidido fulminar con un rayo al que era su secretario general del Partido Popular en Madrid Francisco Granados, por “la pérdida completa de su confianza” según ha declarado la condesa. Ya lo quitó hace unos pocos meses del gobierno de la Comunidad de Madrid donde ocupaba el número tres sin explicar los motivos, y ahora lo cesa en el PP madrileño porque dice que no se fía de él. Pero ni en uno y ni en otro caso la condesa se ha dignado a explicar los verdaderos motivos de la liquidación por derribo de Granados, o “granizados” como le llaman en Madrid.

La primera versión que circula por la capital del Reino se refiere a que Granados, en venganza por su cese en el Gobierno de Madrid, había comenzado a pasarse con armas, chismes y confidencias (sobre Esperanza Aguirre e Ignacio González) al PP nacional de Rajoy, ofreciéndose como aliado en el PP de Madrid a ver si así le caía un carguito o gabela en el nuevo gobierno nacional del Partido Popular. Y llegados todos esos dimes, diretes y requiebros al club de Génova 13 por parte del “bellidos” Granados a los atentos oídos de la condesa, la doña estalló de ira, lo fulminó, sin la menor explicación, porque bonita es doña Esperanza para que nadie le toque el sombrero que seguramente le habrá hecho doña Guiomar.

Luego hay otros argumentos y especulaciones posibles como las que se cuentan en mentideros madrileños donde se dice que este Granados no es trigo limpio, incluso desde mucho antes de llegar al gobierno de Aguirre como se comentaba en ciertos ambientes empresariales madrileños. Más tarde apareció el caso aquel de los coches de lujo y del chalet marbellí, y el del espionaje a Cobo y a Prada, y alguna revelación que ciertas personas pudieron hacerle a la condesa de Bombay tras las elecciones de mayo y que fueron el motivo de su salida del gobierno.

Aunque los observadores políticos allegados al PP aseguran que el tal Granados se ha “chivao” a Rajoy o a su equipo de asuntos relacionados con Aguirre y su vicepresidente Ignacio González, y que sabido ello en la Puerta del Sol, la condesa lo ha mandado decapitar. Como en su día liquidó a Prada (que se cuide Rajoy de este su asesor inmigrante no vaya a ser que se lleve una sorpresa), y después se cargó a otro consejero, López Viejo, al que pilló con las manos en la masa de Gürtel (donde cayeron muchos más), con lo que en este cuento de los “diez negritos” de la Puerta del Sol se puede decir que sólo quedan dos: González y la propia Aguirre.

La que no parece estar en su mejor momento ni físico ni político, ni cesa de armar líos en el umbral del gobierno de Rajoy –menudo espectáculo dio porque don hinchas borrachos del Real Madrid se colaron en un patio de vecinos de su mansión “¡el asalto!”, dijo-, y además está que trina y se la llevan los demonios que habitan su desmedida ambición porque Gallardón ya es diputado y puede ser ministro, cosa a lo que ella se ha opuesto con todas sus fuerzas.

Y que se cuide Aguirre de querer imponer a Rajoy desde Madrid políticas económicas y sociales, como ya lo hizo en la campaña electoral con el lío de los maestros y de mala manera, porque esta vez Rajoy, ni nadie en el PP, se lo iban a perdonar ni a consentir una vez que ella ha perdido la palanca de desestabilizar el Partido Popular. Y tampoco creemos que en Génova 13 ni en la Moncloa que viene den una compensación al chivato “granizados” porque sabido es que Roma no paga traidores. Y menos aún de tan escasa calidad.