El desquite de Rajoy

Confirmada la victoria por mayoría absoluta, como absoluto es el poder del PP en las Cortes Españolas, las Comunidades Autónomas y ayuntamientos. Acabada la noche electoral con Zapatero escondido y Rubalcaba abrumado. Terminada la escena del balcón eufórico de la calle Génova con el beso a Viri –contrapunto del abrazo doloroso de 2008-, Rajoy habrá llegado a su casa un tanto cansado. Habrá encendido un habano y repasado para sus adentros la emoción del momento, el pesado peso de la púrpura que le cae sobre sus espaldas y su deseo de conducir el país pronto y bien por la senda de la recuperación. Un camino al borde del precipicio de los mercados y de la revuelta social, una aventura tan apasionante como difícil de culminar.

Pero entre bocanadas del humo aromático de la Habana habrá recordado Rajoy escenas dolorosas de su trayectoria política. Cómo la que urdió el que ahora fue su adversario, Rubalcaba, y ha caído a sus pies provocando la mayor de las derrotas sufridas por el PSOE en la transición. El Rubalcaba que, en los comicios de 2004, violando la jornada de reflexión y utilizando el terror que los islamistas sembraron en el corazón de Madrid, dijo aquello que dio el vuelco electoral: “los españoles no merecen un gobierno que les mienta” en alusión medio certera y “puñalera” a los errores y mentiras de Aznar por la gestión de los atentados del 11-M y la guerra de Irak. ¿Quién le iba a decir a Rajoy que tendría la oportunidad de un desquite de verse las caras con Rubalcaba en campaña electoral y además barrerlo de semejante manera?

Recordará Rajoy como Zapatero lo marginó del infame pacto del Tinell, con el que PSOE se metió en la cama del independentista  Carod Rovira, y cómo fue excluido de la reforma del estatuto catalán, o desbordado con la reapertura del debate de la Guerra Civil española, o puenteado por todos y cada uno de los acuerdos de privilegio y secretos de Zapatero con la que ha sido hasta ahora la cúpula del poder financiero y empresarial español, aquí incluidos los poderosos grupos de comunicación, todos presos de patas en el pastel del poder, los visitadores de la Moncloa, el Ibex zapaterista de la “tercera Cámara” a los que Rajoy ha recordado su “independencia”, poco antes del cierre de la campaña electoral. ¡Joder que tropa!, pensará ahora el señor de Pontevedra como Romanones al conocer el resultado de aquella memorable votación.

Y después de haber sido expulsado de todos los consensos, los salones del poder, los “tinelles” y los centros de propaganda oficiosa. Cuando se le cae al suelo, ante la llegada de la crisis, a Zapatero la máscara tonta de la boba sonrisa del “optimismo antropológico” y el mono monclovita se aparece desnudo, tal cual es, mostrando su incapacidad de liderazgo y de gestión y rodeado de ministros y altos cargos babuinos tan incompetentes o más que el líder de cartón, entonces los ricos visitadores de la Moncloa, el aparato de propaganda del PSOE, los medios adictos, incluso algunos que se decían del entorno del PP le saltaron a la yugular de Rajoy acusándole de ingrato, de no “arrimar el hombro”  para ¡salvar a España!, cuando en realidad de lo que se trataba era de salvar a Zapatero y a su promiscuo e inmenso circuito de poder, los “caballeros de la cama redonda” española. Aquí incluido el diario El Mundo, que nunca le ha tocado un pelo a Zapatero, ni ha pedido su dimisión a pesar de todos sus errores y desastres y que se atrevió a exigir a Rajoy que se sumara a unos “pactos de la Moncloa”, una ocurrencia con la que Pedro J. pretendía salvar a Zapatero y que el propio ZP no se atrevió a pedir al PP, a sabiendas de todo lo que ya debía saber.

Tenía gracia, el director de El Mundo que a finales de 2007 y principio de 2008 montó la conspiración con Esperanza Aguirre, para derrocar a Rajoy de la presidencia del PP ante la derrota electoral de 2008, luego le pedía al líder del PP –al que le había dicho de todo desde su diario y desde la COPE enloquecida de los tiempos del mandril Losantos- que fuera a la Moncloa a salvar a Zapatero, el que había calificado las advertencias del PP, de puro “catastrofismo” nacional. Sí, Aguirre, la Condesa de Bombay, fue el colmo de la traición y de la deslealtad a Rajoy y ayer tenía una sonrisa forzada en el balcón de la victoria del PP, que enseñaba su derrota personal. ¿Cuántas veces le echó un pulso a Rajoy y lo desafío la madrileña, amenazando con desestabilizar el PP de Madrid? Y quien si no ella financió y promovió los medios de la extrema derecha con los que pretendió liquidar al líder del PP en la encrucijada de 2008, mientras furiosa preguntaba a su espejito mágico ¿quién era el mejor líder posible del PP?

Es verdad que agua pasada no mueve molino, y que el rencor no ayuda sino que acaba dañando a quien lo practica y no parece que esa sea “cualidad” que pese en el ánimo del líder del PP. Bastantes problemas tiene Rajoy por delante como para mirar hacia atrás. Pero quieras que no, justicia poética, el desquite ahí está. El hombre tranquilo de Pontevedra ha pasado a caballo el Rubicón y sabe que la suerte está echada y no hay vuelta atrás. Como a buen seguro que imagina que algún Bruto, en el fragor de las dificultades que le esperan, intentará conseguir que brille en la noche su puñal a la primera oportunidad.