“El naufragio” de Pedro J.

Con una escenificación que consagra el naufragio de la buena democracia en nuestro país, Pedro J. Ramírez ha presentado su ensayo histórico titulado “El primer naufragio” donde el autor, con sublime pedantería, asegura haber descubierto él solito el fracaso del primer intento democrático en la Revolución Francesa -de la que García Trevijano dice ser el mayor experto del mundo- tras unas largas investigaciones que muy poco o nada tendrán que envidiar a la conspiración del 11-M, otro reciente descalabro del barco loco de ‘la Kangoo’ con letra y música de la Orquesta Mondragón.

Allí estaba el ‘todo Madrid’ de la alta política del PSOE y del PP: Zapatero el amigo ‘Jano’ y confidente del director de El Mundo (horas y horas los dos juntos hablando en los jardines de la Academia/Moncloa sobre el republicanismo de Petit) ; y el codiciado Rajoy, al que Pedro J. quiso echar de mala manera de la presidencia del PP con el ‘golpe de Estado’ fallido que el periodista/activista pretendió orquestar en la cúpula del PP con la colaboración y en favor de la ambiciosa condesa de Bombay, Esperanza Aguirre -ella en el papel de ‘la elefanta blanca’- tras la derrota electoral del PP en 2008.

También anduvo por la fiesta del naufragio Gallardón, el otrora enemigo acérrimo -’el señor Puntilla’, le llamó- de Pedro J., en franca competencia con Aguirre, que es la “lideresa preferida” del director del rotativo “mundialista”, según propia confesión. Una Esperanza, hoy desesperada por el ascenso imparable de Rajoy, que tuvo la osadía de ofrecer a los allí presentes lecciones de Democracia, un sarcasmo que se desmonta fácilmente con sólo asomarse al balcón de Telemadrid. Y por supuesto, cómo se iba a perder dicho espectáculo Pepe Bono, el manchego del frondoso postizo y hoy apasionado enamorado, viejo compadre de Pedro J. que aprovechó la ocasión para hacer unos chistes, ante los ojos de Zapatero y Miguel Sebastián, el ya casi ex ministro de Industria y de la españolidad de Repsol. Por allí también apareció en los salones de la embajada de Francia (anfitriona del festejo), María Dolores de Cospedal, que es la santa inmaculada convertida en la peana que ahora adoran todos los que han querido “liquidar” a Rajoy, -en política, empresas y medios- para hacerse perdonar y congraciarse con el ya casi ‘presidente in péctore’ del futuro gobierno del PP.

Y, cómo no, allí estaban Carmen Iglesias y el pelmazo de Gonzalo Anes, académica y director de la Real Academia de la Historia (RAH) en la que se quiere colocar Pedro J. ahora que ya se auto considera “historiador”, y una vez que Anson fracasó en su intento de meterlo en la Real Academia Española (RAE) de la Lengua donde manda Cebrián desde el sillón de la “x” de “clitorix”, según su original invento e  interpretación. Una Academia, esta, de la Historia que está de capa caída después de quitarle a Franco de manera injusta -se habrá revuelto indignado en su tumba- el título de gran dictador, para dejarlo en un simple “autoritario”, lo que amparó el director de El Mundo sin el menor sonrojó para no estropear así su entrada en la RAH, que debe estar al llegar.

Es verdad que estos actos son de cortesía institucional, a pesar que las procesiones y las animadversiones de cada cual con el vecino van por dentro. Por eso en el festejo de ayer hubo mucha hipocresía y un alto porcentaje de miedo  al director del periódico que -favor con favor se paga- había acudido días atrás a la presentación del inane libro de Rajoy en un acto que su periódico tituló “con flores a Rajoy”. Pero en el fondo del espectáculo de ayer subyacía, una vez más, el juego de los “caballeros de la cama redonda” del poder político y fáctico español. Una escena más del naufragio creciente de la democracia española, ahora asida a la tabla de salvación de la partidocracia en medio de la tormenta perfecta de la crisis económica en la que se mece sin rumbo el viejo cascarón del desvencijado galeón español.

Agatha, la modista apayasada, dio la nota de color con su disfraz de la bandera de Francia -en la boda del Príncipe Felipe se vistió de bandera republicana- intentando una alegoría de Marianne, impropia de una marquesa y condesa -por la “gracia” de Zapatero y Zaplana y aquí incluida una ilegal retroactividad más grande que la piscina donde se bañó Murdoch, la oreja de News of de World-, porque Agatha sabe que la guillotina ya no funciona a destajo para suerte de la decaída nobleza española (véase al nuevo duque de Alba) que ella políticamente “compró” con ayuda de su temido consorte. El fiero Pedro J. quien, ya puesto, debió de abordar en su libro sobre la Revolución Francesa la etapa del “terror”, que es lo suyo. Aunque hay que reconocer que Agatha el título de nobleza –en el mejor sentido de la palabra- se lo ganó cuando en los peores momentos del vídeo sexual de Pedro J. -esa sí fue una conspiración- estuvo a su lado sin pestañear. Como recientemente lo estuvo en Francia Anne Sinclair junto a su sátiro particular, el famoso y no menos temido Dominique Strauss Kahn.

Pero no todo salió a pedir de boca en la fiesta del embajador francés Bruno Delaye, otro corre faldas en moto y a lo loco, porque hubo una ausencia notoria y muy especial: ni más ni menos que la del candidato del PSOE, el “Fouché” español, Alfredo Pérez Rubalcaba. El “convidado de piedra” de semejante guateque franco español donde se sirvió champagne mientras se pasaban en bandejas de plata los canapés de faisán.