Rato persigue a Rajoy

Todo apunta a que Rodrigo Rato quiere huir de Bankia como huyó del FMI y puede que por motivos parecidos –su obsesión por la política-, aunque esta vez asustado por el riesgo de que Caja Madrid, Bankia, su banco malo y su grupo industrial (Cibeles) no aguanten el nuevo examen o test que la UE realizará a la banca española en próximas semanas. Y donde Bankia aparece en delicada situación sobre todo por su tamaño y el riesgo que incluye su exposición al saco de ladrillos (propios y los de Bancaja), las hipotecas de baja calidad, la morosidad –de eso si saben Rato y su familia un montón- y la deuda, que con el Frob ronda los 5.000 millones de €, que se dice pronto pero es una enormidad.

Hace días nos preguntábamos qué hacía Rato en Canarias en un acto pre electoral del PP, o por qué este banquero se pasó la noche electoral del pasado 22 de mayo en la sede popular. Las posibles respuestas conducen al mismo sitio: Rato no ve claro de lo Bankia y puede que esté intentado la nueva espantada para intentar colocarse como vicepresidente de Rajoy, o al menos para situar a su gente. El viernes este correcaminos de las finanzas se presentó en Barcelona en casa del Conde de Godó para “colarse” en una cena bajo sospecha con el club elitista del empresariado catalán nacionalista que se arrima al sol que más calienta del PP, después de adorar al pretendido Bambi de oro de Zapatero, que resultó ser de cartón. Y de sobar el lomo al independentismo que los de CiU han empezado a asumir como propio una vez que ERC se desmorona en guerras fratricidas siguiendo la lógica herencia del enloquecido Carod.

¿Qué hacía Rato “chez Godó”? Pues la pelota descarada a Rajoy a ver si lo coloca en el Gobierno o algo así. Cierto es que también acudieron otros empresarios madrileños como Borja Prado y Florentino Pérez, pero el de Endesa tiene importantes contratos empresariales en Cataluña, y Floro es socio destacado, por ACS, de Abertis e imaginamos que habrá acudido a Barcelona a pedir explicaciones (o puede que la dimisión) a su presidente Salvador Alemany por promocionar la independencia de Cataluña de la que dice que sería económicamente muy rentable, dando alas y argumentos a los independentistas, y sin decir verdad.

Y puede que para culpar a España de la actual quiebra catalana, que Artur Mas quiere conjurar con otros “bonos patrióticos” pasando la barretina a las grandes empresas y entidades financieras catalanas que aportarán a la mesa petitoria de CiU parte del dinero que recaudan en el resto de España. Siguiendo el modelo actual con el que se sufragan a los partidos y a la prensa independentistas o ultra nacionalistas catalanes a costa del denostado pueblo y nacionalismo español.

Como aún faltan dos meses para las elecciones del 20-N y los votos catalanes pesan mucho en la lista del PP, puede entenderse que Rajoy no solo acuda a actos públicos en Cataluña sino que también se preste a encerronas como la de “chez Godó”. El conde que convirtió “La Vanguardia” –antes “Española” y franquista hasta las cachas- en un diario al servicio de CiU y próximo al independentismo. Se vio en su aplauso encendido al primer borrador del Estatuto de Maragall, su ataque al Tribunal Constitucional en contra de la sola nación española, tras el cepillado del Estatuto de Montilla y Mas, y en su continuo desprecio a las derechos constitucionales y democráticos de la lengua castellana –ahora también editan La Vanguardia en catalán, suponemos que con una sabrosa subvención oficial- y su ninguneo a la legalidad y a las últimas sentencias sobre la enseñanza y marginación del castellano en Cataluña.

No se merece Godó, en tales circunstancias, disfrutar de un título nobiliario español (allá la Casa Real), y que se cuide Rajoy de esas cenas donde debería llevar, como lo hacían los Borgia a un catador de platos, un monito o un “tití”, porque hay que desconfiar. Bueno, estando Rato por ahí a lo mejor el presidente de Bankia se ofreció para probar los platos sospechosos que le iban sirviendo a Rajoy, en un intento excesivo de halagar al presidente del PP. El que hace ocho años “le birló” la primogenitura y el favor de Aznar a Rato ante el asombro de todos y las lágrimas del asturiano, sin que aún se haya explicado suficientemente el por qué de esa decisión que muchos desconocen en Madrid, pero que a buen seguro la conocen Aznar y Rajoy. ¿Cuál era fue la causa por la que Aznar no nombró a Rato sucesor? Pues la misma por la que Rajoy no debería recuperarlo para la política, ni debió ponerlo al frente de Caja Madrid. Porque Rato (y familia) tienen en la banca española –siendo vicepresidente del Gobierno de España)- y en el Banco de España un lamentable historial, como muy bien sabe Norniella, su brazo derecho y conseguidor, que pone los pelos de punta y que deberían conocer los clientes de Bankia. Como miedo dan los test a los bancos y las cajas que anuncian desde la UE, y que podrían justificar el pretendido intento de fuga de Rato a la política nacional.