El Sevilla y el Betis se deben fusionar

¿Se imaginan la que se armaría en la capital de Andalucía si los presidentes del Sevilla, Del Nido, y del Betis, Guillén, anunciaran la fusión de ambos equipos, de sus socios y aficiones para crear un gran club que compita con el Real Madrid y el Barcelona, y aspire a conquistar la Champion League y el resto de los torneos internacionales, a la vez que contara con estrellas del fútbol español y mundial, y recibiera importantes sumas de dinero por sus derechos de televisión y marketing si lograran convertirse en el tercero de los equipos nacionales? O ¿Se imaginan que algo así ocurriera en Valencia con el Valencia, Villarreal y Levante, o en Madrid con el Atlético, Getafe y Rayo?

Los seis goles del Real Madrid al Zaragoza y los cinco del Barcelona al Villarrea han levantado una polvareda al inicio de la Liga de la presente temporada, y la protesta de los presidentes del Sevilla y Villareal, Del Nido y Roig sobre el reparto de la tarta audiovisual de la Liga, de la que los dos grandes se llevan la parte del león y de la leona, dejando al resto de equipos a dos velas y sin una capacidad de recaudación que les permita fichar a los grandes jugadores españoles e internacionales, lo que finalmente reduce la Liga a una pelea singular entre los dos gallos del fútbol nacional.

¿Qué se puede hacer? Pues, mientras se debate la idea de una liga europea –porque el problema español se reproduce en otros países, como se ha visto en las goleadas del Manchester y el Chelsea en Inglaterra-, y mientras se busca una solución a favor de un reparto más justo de todos los derechos audiovisuales de la Liga española, los presidentes, juntas directivas y los propietarios de los clubes deberían de explorar la posibilidad de fusionar los equipos regionales en pos de conjuntos más fuertes en lo deportivo, lo económico e incluso en sus derechos de televisión. Algo parecido a lo que ocurre en el mundo empresarial, o incluso en el financiero donde están tan de moda las fusiones de bancos y cajas de ahorro “en frío” y en “caliente”.

Por ejemplo ¿por qué no se fusionan el Valencia, Levante y Villarreal en un gran equipo valenciano? El pasado año a estos tres equipos valencianos se les sumó en Primera División el Hércules, y además en la misma zona está el Castellón. Y lo mismo ocurre en Madrid, donde el Atlético, el Getafe y el Rayo compiten en primera y podrían unir sus recursos, jugadores, socios y aficiones para equipararse a los blancos. Mucho más difícil resulta imaginar un pacto entre el Sevilla y Betis, o entre Bilbao y Real Sociedad.

Pero está visto que en plena crisis económica y financiera son los grandes los que mandan y triunfan en el ámbito empresarial y aquí incluido este del fútbol nacional. Y todo ello por más que no resulte fácil pedir esfuerzos y unidad a las aficiones provinciales de los equipos locales que pueden jugar en Segunda División, pero teniendo su equipo de cabecera en la gran Liga nacional y europea, porque estas fusiones ofrecerán además a los nuevos y flamantes equipos coaligados nuevas e importantes oportunidades de ganar los grandes torneos europeos e internacionales, e importantes ingresos de los derechos televisivos y de la mercadotecnia.

Lo de las fusiones de los equipos de fútbol puede ser interpretado como un disparate, pero los tiempos que corren animan a la audacia e imaginación y nada debe descartarse de antemano porque, de lo contrario, no habrá piedad ni económica ni deportiva por parte del Barcelona y el Real Madrid frente a los demás. Y si las cosas siguen así y progresa la idea de una liga europea al estilo de la NBA –hoy en crisis-, o de la Formula 1, entonces el resto de los equipos españoles se quedarán para vestir santos en una liga hispana de escaso nivel donde los derechos televisivos del fútbol serán todavía menos de los actuales para los equipos modestos y entonces la crisis del fútbol en España será mucho mayor y todo ello redundará incluso en la Selección Nacional.

O sea, la idea de un “Sevilla Bético” que incluya los colores rojo, verde y blanco, que compartan un solo estadio –previa recalificación municipal y la venta del otro para hacer caja-, que tenga el doble de socios de los que ahora tienen cada uno, que amplíe su cantera de noveles y fiche a lo mejor del fútbol mundial y saque pecho en Europa y en el resto del mundo, puede ser considerado algo tan descabellado como eficaz. Y más de uno en Sevilla dirá “antes muerto que fusionado”. Pero si las cosas siguen como van, puede que ni el Betis ni el Sevilla logren ganar nada y que incluso se deslicen por la pendiente de la ruina. Y lo mismo se puede decir de otros equipos como Valencia, Bilbao, Atlético, Coruña, y no digamos todos los de Castilla León, o Canarias -Tenerife y Las Palmas, también podrían optar a una solución similar-, Mallorca, etc. Al final se trata de fusionarse o de languidecer a la espera de un fatídico final.