Miguel Sebastián lidera el ataque de Sacyr y Pemex a Repsol, disfrazándolo de “españolidad”

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El ministro Sebastián ha querido, antes de irse (y con el visto bueno de Zapatero), colaborar y bendecir la boda de Pemex con Sacyr contra Repsol en beneficio de su aliado Luis del Rivero –con el que se confabuló para un fallido ataque a BBVA– a ver si el constructor se hace con el control de Repsol, y ello permite a Sacyr arreglar los problemas de su deuda y pasar del ladrillo a la energía con la misma facilidad que los financieros de postín pasaban de la telefonía al ladrillo y luego del ladrillo a la energía. Operación en la que también está empeñado otro visitante habitual de La Moncloa de Zapatero, como Florentino Pérez, quien desde ACS está en línea directa de ataque contra Iberdrola, una vez que el Gobierno de Zapatero les liberó de los blindajes de la limitación de los votos al 10 % en las Juntas Generales.

Pero demasiado pronto han vestido la piel de Brufau y de Repsol tanto el ministro Sebastián como Luis del Rivero porque ese pretendido control del 29,8 % de la petrolera no garantiza a los confabulados de Sacyr y del Gobierno saliente de Zapatero ni el nombramiento de un Consejero Delegado como pretenden, ni el control definitivo de la compañía. No en vano Antonio Brufau, el presidente de Repsol, y La Caixa mantienen la mayoría del Consejo de Administración y posiblemente la mayoría de una Junta General porque el 29,8 % es un alto porcentaje pero no la mayoría definitiva y aún puede haber mas de una batalla en el seno de la compañía e incluso alguna inesperada y sorprendente alianza (¿acaso un pacto de La Caixa con Carceller y Abelló, ambos enfrentados a Del Rivero en el seno de Sacyr?).

Lo que sí quedó en evidencia es que Zapatero y Sebastián han montado y bendecido esta operación –a saber cuáles han sido las gestiones realizadas por La Moncloa e Industria con el gobierno de México- de una manera opaca y en vísperas de su salida del Gobierno en las elecciones del 20-N. Lo que, sin duda, será tenido en cuenta por Rajoy y el PP cuando lleguen al poder –además, se dice que el próximo ministro de Industria podría ser Fernando Becker, hoy alto ejecutivo de Iberdrola-, a sabiendas como saben los populares de las mas que estrechas relaciones de Sacyr y ACS con Zapatero y Sebastián.

Lo bonito de esta bendición de la boda de Pemex y Sacyr de Miguel Sebastián es que, después de coquetear el ministro de Industria con el “búfalo” indio que le llevó hace meses a su despacho Del Rivero, ahora Sebastián nos dice que lo más importante es que los nuevos “esposos” de la boda en la petrolera garantizan que se va a salvaguardar “la españolidad” (sic) de esta compañía. Y ¿cómo se garantiza eso, con una declaración jurada? Ahí están recientes varios casos de pérdida descarada y especuladora de la españolidad de importantes empresas españolas, como Endesa y Cepsa (y no olvidar que Pemex es una empresa estatal mejicana), que el ministro se pasó por el arco de su triunfo con ayuda del reincidente vende patrias José Manuel Entrecanales (asesorado ahora por Pío Cabanillas), en Airtel primero y en Endesa, después, y con la misión en esta última de poner fin a la era de Manolo Pizarro al que Zapatero y Sebastián consideraban un “enemigo”, como a Francisco González en el BBVA al que también pretendieron cesar.

O sea que estos falsos cantos a la españolidad “selectiva” del ministro de Industria les importan un rábano a Zapatero y Sebastián, dos que están haciendo las maletas–y que  ya veremos donde recalan cuando se les pase su incompatibilidad- y luego que les echen un galgo tras los “regalos” variados que les han hecho a Sacyr a cambio, imaginamos, que de no pocos favores de la compañía al PSOE o los amigotes de La Moncloa, empezando por su multimedia zapateristade La Sexta.

Entre otras cosas porque, si los de Sacyr culminaran la caza de Repsol, lo que está por ver, eso de la españolidad será papel mojado si finalmente el pacto de Sacyr con Pemex condujera al control de la compañía desde donde los nuevos dueños harían lo que les diera su real gana en la defensa de sus legítimos intereses privados que no serán otros que ganar dinero, vendiendo Repsol en todo o en parte, o moviendo sus activos para hacer frente al alto endeudamiento de la constructora que, precisamente en estos meses, deberá renegociar sus créditos con los que compraron, en su día, el 20 % de Repsol. Lo que parece que lograrán con más facilidad tras el pacto con Pemex y lo que en su conjunto no deja de ser un sarcasmo al verse como una de las empresas constructoras mas endeudadas de España pretende hacerse, con la ayuda descarada del Gobierno de Zapatero y a solo tres meses de las elecciones, con el control de Repsol.

La intervención pues del gobierno de Zapatero en esta (y en otras operaciones sobre empresas energéticas) está mas clara que el agua, y solo falta por ver qué hará La Caixa ante esta nueva situación que deja a Antonio Brufau en una delicada situación, dado que los de Sacyr y Pemex exigen la entrega inmediata del control ejecutivo de la compañía en favor de un gestor controlado por ellos con el cargo de Consejero Delegado lo que, como hemos dicho, no parece tan fácil como se lo prometen Del Rivero y Sebastián.

Como falta por saber cómo discurrirá la lucha de poder en el interior de Sacyr que hace poco plantearon –sin éxito en su primera reclamación judicial- dos destacados accionistas de la compañía, Carceller y Abelló, en pos de colocarse en posiciones de igualdad con Del Rivero y su clan en el Consejo de Administración de Sacyr, lo que de momento no han conseguido. Es cierto que, si de lo que se trata es de repartir poder y dinero -aprovechando la caza y el control de Repsol que les brinda el Gobierno- parece lógico que Carceller y Abelló, que no son hermanitas de la caridad, firmen la paz o una tregua con Del Rivero, por mas que parezca que la guerra abierta entre los “señoritos” madrileños y los “parvenús” murcianos tarde o temprano estallará. Salvo que Carceller y Abelló, conscientes de la alternancia política en ciernes, se muevan en dos tableros y decidan, por ejemplo, aliarse con La Caixa para dar un golpe de mano en Sacyr con lo que darían la vuelta a la situación y controlarían a la vez la constructora y Repsol, salvando la presidencia ejecutiva de Brufau quien, por cierto, ha gestionado muy bien la compañía y de manera especial en su proyección internacional y en la crisis de Libia donde Repsol tuvo un comportamiento ejemplar.

Vamos a ver como discurren los acontecimientos y cual es el efecto reflejo que todo esto tiene en Iberdrola, a la vista de lo ocurrido en Repsol, porque aún le quedan meses a Zapatero y Sebastián y cualquier cosa podría pasar ahora que los eléctricos ven las barbas del vecino pelar. Y a no perder de vista que esta jugada se lleva a cabo en vísperas de la llegada del PP al poder, partido donde se conocen al detalle las andanzas zapateristas en estas empresas y medios de comunicación allegados a la Moncloa. Por eso desde el lado conservador de esta constructora ya se inició el cortejo al Partido Popular -adoran el santo de Rajoy por la peana de Cospedal- en prevención de lo que pudiera pasar. Porque suele ser habitual en estas empresas lo de poner “huevos en todas las cestas políticas y mediáticas”, para asegurarse el favor del poder imperante o del que está por llegar. No en vano tanto en las constructoras como en las compañías energéticas (también en las telecos y bancos) el gobierno de turno siempre tiene un “droit de regard”, y una gran influencia y control de su actividad, precios y relaciones y fusiones.

O sea, que estamos solo en la primera fase de un nuevo ataque de Sacyr a Repsol esta vez mas avanzado por su alianza con Pemex y el apoyo del Gobierno, pero todavía queda por ver el desenlace final y las consecuencias políticas de una operación –a no perder de vista la buena relación de CiU y el PP- que se ha organizado en medio del convulso agosto financiero y en vísperas de la salida de Zapatero del poder. El que cree, como Sebastian, que han dejado atada y bien atada esta cacería en la que algo tendrá que decir, en su momento, el gobierno que presidirá Rajoy como todo el mundo imaginará. Porque lo que está claro, y el tiempo juega en todo ello un papel esencial que Repsol debe tener en cuenta, es que este golpe de mano de Del Rivero y Sebastián, a nada que La Caixa y Brufau resistan, no se consolidará en una Junta General extraordinaria -como pretenderán- antes que el PP se siente en el Gobierno de la nación. Y que se cuide en Iberdrola Ignacio Sánchez Galán, porque la despedida de este ministro de Industria promete ser de traca visto lo que acaba de pasar y diga lo que se diga aquí o el mismísimo emperador del Japón, como le gusta decir a Miguel Sebastián.