Las garrapatas

Ahora resulta que en España se ha detectado una plaga de garrapatas, que viene del sur y que está relacionada con el cambio climático. Esta es la enésima plaga que nos invade –puede que preceda a otra de piojos para el comienzo del año escolar-, y que se suma a otras mas importantes como las del paro, la destrucción de la economía, la crisis de las finanzas, el desprestigio internacional de España y la parca levedad de la desconcertada clase política española que, en estos tiempos de turbulencias y mudanzas de todo orden, está dando la talla de su incompetencia y dejando al pairo y al descubierto su escasa capacidad. Algo que sospechan los ciudadanos desde hace ya bastantes años, que reflejan las encuestas, y que tiene su máximo exponente ni mas ni menos que en el presidente del Gobierno y líder del PSOE, José Luís Rodríguez Zapatero.

Un personaje este –garrapata reina de la política española- que ha tenido excelentes motivos y ocasiones para dimitir y cuya capacidad destructiva en España (y el PSOE) aún está por alcanzar su mas alta cota, porque el reciente lío de la reforma constitucional, para garantizar el equilibrio de los Presupuestos del Estado, es solo el penúltimo de sus disparates que ha indignado a una mayoría de ciudadanos –por eso no se atreven a convocar el referéndum-, que ha destrozado el PSOE y dejado a Rubalcaba en ridículo. Y que no garantiza, en absoluto, el freno de la especulación de los mercados porque la reforma es a futuro (para el año 2020), está aguada al no incluir techo económico de déficit y depende de una ley orgánica posterior a debatir en 2012.

El “garrapatismo” de la clase política española, donde una mayoría de oportunistas viven de la política y no para la política, debería sufrir un correctivo en las elecciones del 20-N por parte de todos los partidos políticos que, de una vez por todas y mientras se resisten a la obligada reforma democrática que merece este país, empezando por la ley electoral y siguiendo por una exigencia mínima de calidad y preparación de los parlamentarios y gobernantes. Ahora que se van a elaborar las listas electorales los partidos han de exigir a sus candidatos una mínima cualificación.

Pero los circuitos cerrados del poder político a los que se unen otros de los llamados poderes fácticos –los grandes medios de comunicación incluidos- protegen el sistema, impiden la transparencia informativa, favorecen una clase política de escasa calidad y en definitiva no favorecen la reforma y regeneración democrática que necesita el país. Y que se atrasa una y otra vez y ahora con motivo de la crisis económica que sufre España. La que es argumento para reformar la Constitución sin referéndum, pero no es propicia para una reforma democrática a pesar de que una buena parte de la mala gestión de la crisis y su descontrol estriba en la ausencia de controles democráticos, en la falta de transparencia informativa y en los graves errores de la clase política empezando por los que nos gobiernan.

O sea, hay muchas clases de garrapatas y algo habrá que hacer para acabar con estas plagas. La cita de las urnas del próximo 20-N anuncia una alternancia a favor del PP, pero esa fecha debería significar algo mas como el principio de la reforma democrática de la que nada se dice en la cúpula del PP, lo que prejuzga que no tienen previsto iniciativa alguna para que todo quede como está, de mal.