La boda de Cayetana

La aristocracia española camina con paso firme hacia su final. Y como muestra de semejante aserto ahí está la duquesa de Alba que es, a su edad, el rayo que no cesa y se nos va a casar por tercera vez ante el asombro de los suyos y del resto del personal y la señora, que es de armas tomar, se va de boda por tercera vez, después de repartir herencia entre los suyos para llevar al Palacio de Liria a su último –y veremos si definitivo marido/duque, ante el jolgorio y el  chismorreo nacional rosa y televisivo que, sumado a las chanzas de Mourinho y la huelga de los futbolistas –con millonarios incluidos-, nos anuncian un otoño entretenido al que se va a sumar la campaña electoral en ciernes y ya veremos si también alguna nueva tormenta financiera sobre el cielo español.

Cosas todas ellas de la farándula nacional en un mundo agitado donde parece que se acaba la guerra de Libia –a la espera de la caza, la huida o la muerte de Gadafi-, donde un terremoto ha sacudido los cimientos de Washington, donde el golfo de Strauss Khan parece que se va a escapar de rositas tras su agresión sexual a una camarera de color en Nueva York, y donde no se sabe bien si está a punto de comenzar otra guerra en Siria, aunque ello es mas dudoso porque en ese país no hay petróleo.

Lo que sí está claro es que la crisis financiera mundial y el parón del crecimiento económico es otra fiesta inagotable que no parece tener final, sino que puede prolongarse a lo largo y ancho del otoño caliente que se acerca tanto en España como en el resto del mundo. Aunque aquí, ya se sabe, nadie en las altas esferas del poder se toma en serio la situación ni se la tomarán hasta que no se vean con el agua al cuello. Y como además vienen elecciones, muchos pensarán que con eso todo se arregla y que comienza otra etapa llena de futuro y de ilusión. Ojalá que así fuera, pero mucho nos tememos que semejante pronóstico no se va a confirmar. Sería tan sorprendente como imaginar que esta boda de Cayetana vaya a tener un largo y bonito final, en vez de acabar en un fiasco tan esperado como anunciado.

Aunque, eso sí, al nuevo duque de Alba, Alfonso Díez, que le quiten lo bailado y lo que va a bailar, porque a la doña con la que se casa lo del tablao le va fenomenal. Sobre todo ahora que se va a bailar un zapateado sobre la tumba de sus ilustres antepasados como el legendario Duque de Alba que removiéndose estará en su tumba a la vista del nuevo espectáculo que doña Cayetana acaba de montar. Entre esto, las ligeras bodas principescas, las peleas por los títulos nobiliarios entre los herederos y herederas y los nuevos títulos de concesión real a amigotes de la Casa, lo de la aristocracia española, parece haber entrado en una fase de franca decadencia y frivolidad. Lo que no nos causa el mejor disgusto sino la confirmación de que todo tarde o temprano se tendrá que acabar. La pintoresca boda de Cayetana es toda una señal.