¿Dónde están los otros indignados?

Los jóvenes indignados del 15-M han reaparecido en Madrid para despedir con ruido, acampadas y correrías callejeras a la clase política que se va de vacaciones con un notorio suspenso general –véase el CIS-, como si los presuntos “padres de la patria”, o vividores del escaño se hubieran ganado a pulso el descanso estival, lo que está muy lejos de la realidad. Los indignados tienen razón en muchas de sus reivindicaciones y eso que no saben de la misa del poder ni siquiera la mitad y hacen propuestas un tanto inocentes y voluntaristas sobre la reforma política que el país debe hacer, esencialmente en lo que se refiere al sistema electoral. Olvidando la no separación de los poderes del Estado y, sobre todo, la cama redonda de los poderes reales: políticos, económicos y mediáticos. El tálamo incestuoso de pactos y repartos a espaldas de la soberanía nacional, cuando no de la legalidad.

Y cabe esperar que, a la vuelta de sus vacaciones –para muchos de ellos obligadas porque están en el paro y sin horizonte laboral-, este movimiento del 15-M haya conseguido mayor organización y un elenco de propuestas mas concretas, así como una vía de acción política para que lo que ha sido una novedad innovadora no quede en nada o poca cosa, que ya querrán aprovechar en su favor los profesionales del poder político, como si nada hubiera pasado en la Puerta del Sol, o como si todo hubiera sido flor de un día 15 de mayo, pero nada mas.

Los jóvenes indignados han salido a las calles, pero hay otros indignados mas cualificados, profesionales, clases medias, pequeña y mediana burguesía, de esos que votan en blanco a conciencia o se abstienen, o votan por el mal menor con la nariz tapada. Los que debaten en privado su indignación y que están mas dedicados a la contemplación filosófica o analítica que a la acción. Los que miran, con cierta envidia y curiosidad, a los indignados del 15-M, y que en el fondo son los que de verdad podrían poner en marcha en este país una nueva dignidad y una reforma en profundidad del sistema partitocratico español, y de la propia forma del Estado autonómico y pre federal, pero que se resisten a dar un paso hacia delante, a actuar y  comprometerse a pesar que sus conocimientos y medios son mas poderosos y que su capacidad de influencia en la sociedad sería determinante si entre ellos crece una toma de conciencia y un deseo de actuar ante el deterioro de la vida nacional que ha dejado al desnudo la crisis actual, poniendo fin a los demasiados largos años de la “bonita” transición.

¿Dónde están los otros indignados, los que tienen en sus manos la capacidad de movilizar y de cambiar las cosas en profundidad con autoridad, prestigio y credibilidad? Pues muchos de estos haciendo gala de sus discursos y de sus argumentos y razones indiscutibles en salones selectos del mundo empresarial, universitario, intelectual, creativo y hasta político y social. Pero dejando que el tiempo pase y lo cure todo, que “inventen otros”, y en cierta manera hasta con desconsideración de los activistas del 15-M que están pidiendo en la calle a todo el país y también a estos indignados cualificados de la sociedad que den un paso al frente en los medios, en redes sociales, en las empresas, foros económicos, sociales y culturales y de pensamiento a ver si entre todos se puede movilizar la Sociedad camino de la reforma que, a todas luces, se ha convertido en una perentoria necesidad.

Vamos a ver si a la vuelta del verano los otros indignados hacen acto de presencia en la sociedad española, y salen de su letargo contemplativo camino de la acción y de una notoria presencia con iniciativas y compromisos que de una vez por todas hay que emprender e impulsar. Sin su concurso será muy difícil que las cosas cambien en este país porque ese sector de los indignados cualificados es de todo punto determinante y esencial. Quizás el descanso del verano les permita reflexionar y responder a la pregunta de ¿qué hace usted por España? con algo mas contundente que decir eso de “sufrir y meditar”.