Aznar, ese hombre, es un perroflauta

El viento cálido del desierto está afectando demasiado a los políticos españoles. Rajoy suda la gota gorda, a Cayo Lara –o Cayo Largo como le llama Concha Albarrán en recuerdo de Bogart- no le llega la camisa al cuello, a Rosa Díez le ha abierto los ojos y empieza a pedir el fin de las guerras inútiles de Libia y Afganistán, a Zapatero le ha tocado las meninges y anda por La Moncloa con un gorro de papel en la cabeza y diciendo que es Napoleón, y José María Aznar, ese hombre que parece a montar la guardia bajo las estrellas en el Valle de los Caídos para que nadie se lleve a otra parte el cadáver de Franco, parece que le ha dado un aire y, después de entrevistarse con la Tatcher, ha declarado con toda solemnidad que ser de izquierdas es “una pérdida de tiempo”.

Piensa Aznar, quizás, que lo de izquierdas es un pecado de juventud que luego se cura con la edad, o con el uso y el abuso del poder como le pasó a Felipe González, y que no hay mas cera que la que arde en el altar del becerro de oro de los mercados, ni mas principios ni valores que aquellos que lucía el diario “El Pensamiento Navarro” –que en la Gloria esté- de: “Dios, Patria y Rey”. O sea que según el presidente de honor del PP y presidente de FAES todo el mundo debería ser de derechas, como Bush, o convertido al cristianismo y al dinero como Blair, sus compañeros de la foto de las Azores. Y a los miles de millones de pobres y desamparados de la Tierra que les den un poco de viento fresco, que nadie los represente ni hable por ellos y que todo vuelva a tiempos previos a la Revolución francesa, que se borre de la Historia a Cronwell, o la Constitución de los Estados Unidos y la declaración de los Derechos del Hombre, y todas aquellas conquistas sociales que están en el devenir de los tiempos, e incluso en el testamento y los mensajes de Jesús –“vende cuanto tienes ven y sígueme”- que luego tanto se han desvirtuado bajo la pompa, el boato y las luchas de poder vaticanas y de otros prelados.

Le ha faltado a Aznar decir que la izquierda es como una enfermedad, como los que decían que la masturbación producía ceguera o que la homosexualidad era un mal o una malformación congénita. Y menos mal que no quiso hablar de razas, de colores de piel, o de rubios y morenos o de altos y bajos. Bastante ha dicho ya con su discurso de “la izquierda es un pérdida de tiempo”, que es una manera de justificar su juventud de facha y de flecha.

Parece mentira que una persona que ha tenido tan altas responsabilidades se dedique a hablar con tanta ligereza despreciando lo que no entiende o no comparte, que es la manera mas clara de negar la democracia. Una infamia como aquella del alcalde de Getafe, Pedro Castro, -hoy fuera del ayuntamiento que creía de su propiedad- cuando dijo “no entiendo por qué hay tantos gilipollas que votan al PP”.Pues los paisanos de Getafe le han dado un sonoro puntapié, con la ayuda de UPyD.

Aznar pensará que las conquistas sociales las han logrado ¡los liberales! O ¡los cristianos! Y otra vez se volverá a equivocar con su pretendido pensamiento fuerte, o de la derecha sin complejos. Ese simplismo que le adorna de blanco o negro, o de yo o nadie, da una idea del desvarío que le ha producido su accidentada salida del poder de la que difícilmente se curará ni aunque Rajoy gane pronto las elecciones, porque sus errores de aquel nefasto final de su presidencia nunca le abandonarán.

Hasta que se haga de izquierdas, lo que nunca habría que descartar, porque si fuera cierto que lee poesías algo le quemará leyendo a Lorca, a Miguel Hernández, Alberti, Neruda, y a tantos y tantos poetas que en el mundo han sido. Aunque a buen seguro que a Aznar la que le gusta es “la marcha triunfal” de Rubén Darío. Como sospecho que en el fondo de su alma Aznar es republicano. Y un puede que un poco hippie como los del 15-M vistas sus melenas y sus pulseras. Vamos que el día menos pensado se nos apunta a los “perroflautas” y lo vemos sentado en la Puerta del Sol.