La luna roja

“La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.”

Detrás de la luna roja que ayer alumbró Madrid como un balón encendido de rubor y de pasión, que menguaba y se escondía como un dibujo animado, estaba la larga mano de Federico García Lorca. Y de otros grandes poetas que hace tiempo se marcharon y que, asombrados por la debacle de esta España nuestra, volvieron a repetir esos versos fríos e inmortales de don Antonio Machado :

“Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios./ Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón”.

Qué señal nos hacen los poetas desde el cielo mostrando la luna roja que provoca crisis nerviosas, pasiones, celos, tormentas, mareas de sangre, y despertar de muertos y vampiros de todas las edades esos como niños prodigio que hacen, a dentelladas, las delicias de los americanos.

Aquí, en este país, está pasando algo grave y no sabemos por qué. Debe haber un gafe en La Moncloa, o alguien con infinito poder nos ha echado mal de ojo, una maldición, y por eso los astros están en fila con Plutón a la cabeza y prestos a girar a toda velocidad huyendo despavoridos de ese aguerrido  satélite llamado “Paz” que acaba de lanzar la Chacón -”luna, lunita, lunera cascabelera”-, al espacio sideral para espiar a Marruecos y felicitar las pascuas y la  Navidad a las tropas españolas desplegadas en Líbano, Libia o en Afganistán, nadie sabe por qué ni para qué. ¿Acaso no han cazado ya a Bin Laden?

El nuevo satélite guerrero y pacifista de Hispasat –“si vis pacem para Bellum” (pensará la ministra de Defensa), es como de juguete, mas primitivo quizás que los artefactos que imaginó Julio Verne y con los que ganó por la mano al mismísimo Von Braum. Y es tan pequeño el aparato volador que ni siquiera se pudo meter en él, para huir de España y de este mundo, Petra Mateos que está gorda como un barrill de pólvora, pero que flota como un corcho en las crisis y con todos los gobiernos del PSOE o del PP, aunque esta vez Petra quería huir de este maravilloso mundo y de este asombroso país.

Me decía un general de la OTAN (organización que tiene un futuro negro, cual la pena negra, como acaba de pronosticar el secretario de Defensa de Obama, Robert Gates): “¿cómo puede lloriquear la ministra de Defensa porque Rubalcaba le ha birlado las primarias?” Es verdad, por perder Granada se puede llorar como un niño chico aunque seas el mismísimo rey Boabdil, pero ¿por perder las primarias del PSOE, para que te derrote don Mariano el de las calzas verdes y aquí te espero comiendo huevo? No sé si los poetas del cielo enladrillado español juegan con la luna roja como Charlot lo hacía, disfrazado de Dictador, con un balón terráqueo. O si nos están mandando una señal, o si nos han puesto en todo lo alto del cielo un espejo para que veamos el sonrojo y la vergüenza nacional. No hay nada que hacer, no hay rastro del Gobierno y no asoma la cabeza por el horizonte la Oposición. Y los españolitos buscan desesperadamente, una señal o un líder -“Huye luna, luna, luna,/ que ya siento sus caballos”-, en realidad parece que, ido Boabdil, esperan al Cid.