Botín y el escalofrío opaco

La noticia de la denuncia de la Fiscalía, por un posible fraude en cuentas opacas en Suiza -admitida a trámite por la Audiencia Nacional- contra el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, su hermano Jaime Botín -primer accionista de Bankinter– y los diez hijos de ambos, entre los que se encuentra Ana Patricia Botín, responsable del grupo financiero en Gran Bretaña, ha recorrido como un escalofrío de acero la espina dorsal de la clase política y del mundo financiero español, el mismo día en el que la prima de riesgo de la deuda España rozaba los 290 puntos básicos.

En el Congreso de los Diputados corros y codazos entre sus señorías, en la cúpula de los partidos políticos timbres de alarma y teléfonos al rojo vivo, en los altos despachos de los medios de comunicación más de lo mismo, y en la Bolsa de Madrid inquietud y espera. En el Santander una cierta ansiedad y aclaraciones inmediatas diciendo que los denunciados ya han pagado la multa correspondiente a los años 2004-2009 (dicen que 200 millones, sobre depósitos opacos que podrían superar los 1.000 millones de euros), para regular su situación. Aunque la Agencia Tributaria duda sobre la exacta “corrección” de dicha declaración complementaria hecha por la familia Botín y por ello y según la ley recurrió al fiscal para que no prescribiera el procedimiento y la investigación. La que se cerrará sin perjuicio para los Botín si se confirman los datos de esa declaración complementaria que ahora se va a estudiar.

Algunos medios importantes han querido ver detrás de este procedimiento una “operación política” contra Botín. Un discurso exculpatorio que sería un error añadido porque si se abre la caja de la Pandora política se podrían sumar la reciente condena penal al Consejero Delegado del mismo banco, Alfredo Sáez -recurrida al Tribunal Constitucional y con petición de indulto-, y el malestar creado en la opinión pública (y en el PP) por aquellas declaraciones de Botín en la Moncloa, junto a Zapatero y la cúpula empresarial del Ibex, diciendo que lo mejor para España era que Zapatero agotara la legislatura, en contra de lo que pide el líder de la oposición, Mariano Rajoy.

Si los palmeros del banco se adentran por el camino de la política para arropar a los Botín con teorías conspirativas -como las que ayer se vieron por internet- flaco servicio le van a hacer al banquero, porque ese sendero iluminado llevará a un terreno más escabroso como es el de la propia existencia de esas cuentas opacas en el HSBC, durante muchos años y al margen de la fiscalidad nacional.

¿Qué dicen de todo esto el Gobierno, la oposición, los sindicatos, el Banco de España y la CNMV? Nada, un silencio absoluto a juego con el escalofrío de acero que recorre la espina dorsal de la política, las finanzas y el dolorido cuerpo social.