Rodrigo Rato se la juega en Bankia

Después de abandonar la dirección del FMI, todavía no se sabe bien por qué, y de haber sido marginado por Aznar –se intuye el por qué- Rodrigo Rato quería ser banquero y merodeando anduvo por consejos y sillones de Criteria, Lassard y Santander hasta saltar a petición propia sobre la presidencia de Caja Madrid, regalo envenenado de Rajoy al que el propio Rodrigo, en su ambición, añadió pócimas no menos virulentas como Bancaja, o sacos de ladrillos y activos contaminados valencianos que se sumaron a la pesada carga de la Caja madrileña que le dejó Blesa. La que se ha convertido a su pesar en la prueba de fuego del enfermo sistema financiero español, del que Zapatero dijo una vez en Washington que era “el mejor del mundo”.

¿Cómo un político tan experimentado y banquero inédito se metió de bruces en semejante laberinto? Ese es otro de los misterios que rodean la biografía de Rato quien, poco antes de abandonar –casi entre lágrimas ante el ascenso de Rajoy- la vicepresidencia segunda del gobierno de Aznar, anduvo en coplas del Banco de España sobre sus deudas familiares con los principales bancos nacionales que luego se esfumaron como por arte de magia y con una facilidad que ya quisieran para sí muchos de los que hoy día tienen créditos e hipotecas con Caja Madrid (como algún día se contará).

Don Rodrigo pudo con la crisis que el PP heredó en 1996 del último gobierno de González pero los tiempos son hoy muy distintos y el país no crece nada, el crédito no existe, los mercados tienen afilados los colmillos y el gobierno de la nación que debería tirar del carro español está exhausto y sin fuerzas, ideas ni equipos capaces de sacarnos de este barrizal. Por lo que menudos trabajos hercúleos esperan a Rajoy, y menudo desafío tiene ante sus narices el asturiano Rato. El que ve como su otro ex compañero del gobierno de Aznar y paisano, Álvarez Cascos, también se bate el cobre solo y por su cuenta en el Principado donde los Rato han sido banqueros y empresarios de desigual fortuna, en unos tiempos y episodios que convendría olvidar.

Ahora el reto es Caja Madrid y Bankia, y esta otra cosa que se llama el Banco Financiero, o el baile de máscaras del banco malo y del banco bueno donde no se sabe quién le debe a quién, pero que ya han pedido 4.000 millones de vellón al Frob, y otros que caerán si no se logra pronto la conversión de la Caja en Bankia y llegan los inversores de los fondos extranjeros que miran con lupa las cuentas de los resultados, los dividendos y el precio de salida de la acción a ver si tienen más recorrido que riesgos.

Y todo ello a pesar del suntuoso dividendo que les ofrecen como punto de partida, y siempre y cuando la larga deuda nacional no caiga en las redes de los mercados y la prima de riesgo no llegue a los 300 puntos, lo que sería una gran catástrofe para el paro y el soñado crecimiento español como lo ha anunciado Paco González desde BBVA.

De momento, los de Atento de Telefónica han decidido esperar a que se tranquilicen los mercados antes de salir a Bolsa y ello ha sido considerado una señal. Pero nada está escrito y menos aún que en el otoño la Bolsa española esté en mejor situación. De ahí que los de Bankia –a los que la Caixa ha tomado cierta delantera- no quieran parar a ver si les suena la flauta y echan al mar la nave de Bankia –un banco con extraño nombre, que parece coreano- y de una vez por todas comienza a navegar con Rodrigo Rato al timón investido de capitán. Adivina, adivinanza ¿quiénes estarán en el Consejo de Bankia? He ahí otra incógnita que pronto deberán desvelar para ver si –los de Banca Cívica ha fichado a Corcóstegui y Pérez- los políticos o ciertos amigotes aparecen por ahí más o menos disfrazados, o si los políticos se quedan amarrados al banco malo o en Caja Madrid. Lo que sin duda analizarán los mercados y los fondos de inversión que tienen bastante con un político como Rato de mascarón. De momento quien debería sentarse en el Consejo es ni más ni menos que el Banco de España por el dinero nacional que ha puesto el Frob como ha ocurrido en Inglaterra, Bélgica y Holanda en casos similares.

No es fácil, no señor, la travesía que les espera a Rato y a Bankia. Y si por un causal naufragara la expedición (sobre la que ya tienen puestos los ojos Financial Times y Wall Street Journal y las agencias de calificación) peor aún lo pueden pasar otras cajas menores que están a la espera de iniciar la travesía del Cabo de Hornos financiero español. Pero ¿quién mandó a Rato meterse en Caja Madrid? Pues solo su ambición. Quería ser banquero y ahí tiene ahora su oportunidad y un desafío que no es menor. Estuvo en el balcón de Carabaña en su triunfo político, pero al final no lo aprovechó. Tuvo a su disposición el mejor balcón de Washington para seguir de cerca y pasar a la Historia en la crisis financiera mundial que nos ocupa, pero dejó el FMI una hora antes de que comenzara el mayor espectáculo político y financiero del mundo que nos toca vivir. Y luego llega a Madrid, donde es recibido en los grandes salones del top financiero español, y se sube a Caja Madrid en víspera de que se desate el huracán financiero español. Sin duda lo de Rato no es la profecía, aunque nunca se sabe y puede que ahora se nos revele como un titán solitario (como Cascos), que se crece en la dificultad y triunfa en el empeño. Pero ¿por qué no lo nombró Aznar su sucesor? Ese es, señoras y señores, otro cantar que algún día sonará.