Euforia desmedida en el PP

En el PP están como locos de contentos por la victoria de las elecciones del 22M. Gallardón aún sigue dando saltos por el balcón de Génova y Aguirre ha declarado la guerra a los acampados de la Puerta del Sol convencida que la victoria electoral la legitima para pedir el desalojo, en vez ofrecerles chocolate con churros y ponerles una pantalla de televisión para ver allí la final de la Champions o una película de aventuras, ‘Master and Comander’ o algo así. Y Rajoy ni les cuento, tumbado a la bartola, haciendo roscos en el aire con un Cohiba en la mano mientras sigue las hazañas de Contador en el Giro, camino del Tour. Y la santa María Dolores de Cospedal instalada en el Alcazar de Toledo, como corresponde a la derecha de toda la vida, y con sus cuatro cargos y sus cuatro sueldos intocables.

Y no digamos González Pons, al que le va a faltar tiempo para denunciar el dedazo de Zapatero en Ferraz a favor del pérfido Rubalcaba, que le ha destrozado el hipódromo a Pedro J. -el dibujo de Gallego y Rey con la cabeza del caballo habría estado muy bien si el del pijama fuera su director-, cuya fama de gafe como animador de cualquier candidato electoral ha llegado hasta Australia, y ha sido muy comentada entre los canguros de ese país que son muy aficionados a las encuestas electorales.

Sin embargo, el que está pensativo y preocupado es el mago electoral del PP, Pedro Arriola, porque dice que los españoles ya han castigado a Zapatero y que se puede correr el riesgo de que ahora quieran castigar el absentismo prolongado de Rajoy, mientras teme que Rubalcaba logre movilizar a las bases del partido y pueda lograr un vuelco y un susto al PP en las próximas encuestas frente a las que anunciaban con trompetería la imparable victoria del Partido Popular.

Demasiada euforia impera en la calle Génova de Madrid, de donde todavía nadie ha llamado a Cascos para ofrecer un pacto en Asturias y felicitarle por su éxito. Un gesto que bien poco le hubiera costado a Rajoy, pero ahora manda el Giro y no se puede molestar al presidente del PP. Pero mucho cuidado, porque aunque Paco Cascos declaró que no piensa sacar sus huestes del Principado de Asturias, si en el PP se andan con tonterías y no le cortan la cabeza de un tajo al gorrino de Gabino, un día de estos se pueden encontrar con que el nuevo don Pelayo de Covadonga podría pasar una noche de luna llena el Rubicón e iniciar la reconquista del espacio electoral de la derecha española con su nuevo partido el FAC, y a buen seguro que contaría muchos candidatos y votos en la gran cita nacional y electoral.

O sea, que alguien se ponga las pilas en la sede central del PP porque las escopetas las carga el diablo y el asturiano además es cazador. Y menos fiestas y más trabajo porque el pérfido Rubalcaba está al frente del timón de la nave hoy encallada y desvencijada del PSOE. Y este eterno segundón, que siempre se creyó siempre mas inteligente y astuto que sus jefes, tiene ahora su oportunidad y la mayor dificultad. Le espera el Cabo de Hornos al inicio de su travesía, pero lo suyo es la tormenta y la tempestad, como en la citada película de ‘Master and Comander’ que la condesa de Bombay, Esperanza Aguirre, no quiere ofrecer a los acampados de la Puerta del Sol y se puede equivocar.