El Atlético de Cerezo

Canta el pirata: “allá muevan feroz guerras/ ciegos reyes/ por un palmo mas de tierra/, mientras tengo aquí por mío/ cuanto abarca el mar bravío/ a quien nadie impuso leyes”. Lo mismo podría decir Enrique Cerezo de ese gran equipo e inmejorable afición que son el Atlético de Madrid y sus socios y seguidores, tantas veces sufridores. Y guerras hay en el Real Madrid de Florentino, el presidente del club con la chequera más gorda y rápida del circuito de fichajes, y nervios en el Barcelona anta la cita final de la Champions en Wembley.

El mismo Florentino que acaba de poner de patitas en la calle del Madrid al filósofo Valdano, cuya cabeza exigió en bandeja de plata el pérfido y agresivo Mourinho, el rey del cerrojo en las semifinales de la Champions y que con sus artes y malos modales le está quitando al Madrid la fama de señorío, que ahora se está llevando el Barça por todo el mundo, con su juego bonito y su elegancia dentro y fuera del campo.

Pero, ¿cómo puede Casillas, el gran capitán de la selección nacional de fútbol que ganó la Eurocopa y el Mundial de Sudáfrica, decir que le da igual el nombre del que será el sábado el campeón de la Champions de 2011? ¿Acaso no juegan en el Barça sus compañeros de selección, Busquets, Xavi, Iniesta, Villa, Pedro, Puyol y Piqué? Pues sí, pero por lo que se ve a Casillas le puede su animadversión a los blaugrana y prefiere el Manchester, donde habita el núcleo duro de la selección inglesa, y aún no ha dimitido como el capitán de la Selección.

Lo del señorío y el ‘fairplay’ no es fácil en este mundo de altas y bajas pasiones del fútbol mundial y del español en particular. Y desde luego ese bien escaso sí que habita en el Atlético de Madrid, colchoneros de la capital que tienen en su presidente Enrique Cerezo a una gran persona buena y cabal, un empresario de nivel –el primero en el difícil mundo del cine español-, abierto a los medios y dispuesto a encajar con grandeza y respeto las victorias –como las dos recientes en Europa de 2010- y los tiempos revueltos como los que ahora marcan al Atlético con idas y venidas de los De Gea, Kun y Forlán.

En España, ya se sabe hay dos ligas: la de los millonarios del Barça y el Madrid; y la de todos los demás. Y en ese juego y ese mercado infernal de fichajes unos vienen y los otros se van con cifras astronómicas -impropias en estos tiempos de crisis-, y siempre con el riesgo de una lesión de las estrellas mas caras del firmamento futbolero español.

Que a los grandes y poderosos se les mire con lupa, bien está porque la función de la prensa es, por norma, la de controlar al poder y en el deporte del balón español todo el poder está en el Bernabeu y el Camp Nou, ahí incluidos los palcos de los poderosos con los que los presidentes de turno completan su actividad empresarial.

Pero que los perros de presa o de prensa deportiva vayan a por los medianos o los pequeños, buscándoles tres pies al gato colchonero de Madrid, eso huele mal y da mucho que pensar. Que se quieren ir De Gea, el Kun y Forlán, pues que se vayan con todos los honores, pero previo pago de lo que hay que pagar, porque estos buenos jugadores se hicieron mas grandes en el Atlético de Madrid y no pueden irse a clubes económicamente más poderosos exigiendo además rebajas en sus contratos porque el Atlético tiene que seguir y renacerá, como tantas veces, como hace tan sólo un año cuando levantó dos títulos europeos que pronto se le han olvidado a mucha gente pero no a su excelente afición.