CiU, independentistas de quita y pon

El espectáculo que nos ofrecen los nacionalistas catalanes un día sí y el otro también, y especialmente los llamados moderados de CiU, no deja de ser entre cómico y patético por el cúmulo de contradicciones, piruetas y cambalaches como el vivido ayer en el Parlamento catalán donde los de Artur Mas se abstuvieron para evitar el pronunciamiento de su parlamento a favor de la independencia de Cataluña y de su autodeterminación, en contra de lo que se dice en la Constitución. Si a eso añadimos que Mas y sus gentes se fueron el pasado domingo a votar en Barcelona a favor de la independencia catalana y que amenazan con poner en marcha semejante disparate, si el Gobierno de Madrid no les amplía las competencias económicas y fiscales que les acaban de ampliar en el nuevo estatuto, veremos que el lío y la impostura del nacionalismo catalán no tiene fin.

Basta con recordar el entusiasmo que rodeó la aprobación en el Parlament de la primera reforma del estatuto que se pacto bajo la presidencia de Pascual Maragall, todos en pie cantando ElsSegadors y con la mano en el corazón, hasta que a los pocos meses todos se quedaron mudos mientras, como dijo Guerra, se procedía al “cepillado” del Estatut tras un pacto secreto en la Moncloa entre Zapatero y Mas, el silencio cómplice de Montilla y también de la Esquerra Republicana que se tragó sin pestañear el marrón con tal de seguir agarrados a la teta de la Generalitat, de donde salió de mala manera Maragall por haber promocionado un estatuto que habían aclamado todos y que mas tarde fue calificado de temerario y de inconstitucional.

Luego apareció el nuevo estatuto de Zapatero y Mas y el Tribunal Constitucional practicó el segundo cepillado –reservando para España el título exclusivo de nación- y, a pesar de que se aumentó notablemente el autogobierno y rompió la solidaridad entre las regiones de España,los nacionalistas se lanzaron en contra de la sentencia y del Tribunal, para clamar contraEspaña y regresar al discurso victimista y la amenaza permanente de la independencia, al tiempo que pedían una nueva reforma del estatuto esta vez para exigir un concierto económico como el del País Vasco, algo que también está fuera de la Constitución. Con lo que se demuestra que contra mas se les concede en el autogobierno mas quieren y exigen, y mas amenazan con romper la unidad nacional.

Y no solo los nacionalistas mas radicales de ERC y sus allegados sino los presuntos moderados de CiU que para colmo de sus contradicciones apoyan a ciegas el gobierno de Zapatero para que siga en el poder hasta el mes de marzo de 2012, a sabiendas de que ese es gobierno el que ha amparado los cepillados del estatuto y el que les niega el concierto fiscal del que tanto hablan, en lugar de hablar de la balanza comercial de Cataluña frente al resto de España (IVA incluido) que es tremendamente favorable a los catalanes,porque ellos tienen el grueso de su negocio o de su clientela en el resto del Estado español (recuérdese la guerra del cava que provocó Carod).

Y luego llega el estirado Durán Lleida a Madrid luciendo su discurso de político colaborador con la gobernabilidad del Estado, apoyando al presidente mas caótico e incapaz frente a la crisis económica, previo pago de regalos y de traspasos financieros, y recibiendo desde el banco azul de Zapatero unos elogios y reconocimientos que rayan en lo ridículo y que nada tienen que ver con el parlamentarismo. Convencidos los de CiU que el juego que mantienen con el PSOE de Zapatero lo volverán a repetir con Rajoy, tal y como lo hicieron con González en 1993, y con Aznar en 1996, sin que nadie los ponga en su sitio y les pare los pies o les cante la cuarenta.

Porque para todos semejante baile de máscaras es un juego dialéctico de intereses un cambalache y oportunismo. Los de Madrid seguros de que CiU no se atreverán a dar el salto mortal independentista porque sus ciudadanos no les seguirán y hundirán –mas si cabe la economía-, y los de Barcelona sabiendo que en Cataluña están acostumbrados a dar marcha atrás como ocurrió con el estatuto catalán de Maragall. Si Mas –como ahora Pujol- es independentista que se comporte como tal y con todas las consecuencias, y si no que calle para siempre y deje de tontear con fuego no vaya a ser que se le acabe quemando su propio partido al ofrecer algo en lo que no cree y que no es capaz de llevar a cabo como debería hacerlo si dijera la verdad.

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