Aguirre y Gallardón

Siempre se ha dicho en los cenáculos de Madrid que si Aguirre y Gallardón se hubieran puesto de acuerdo entre los dos se habrían cargado a Rajoy. Puede que fuera cierto si en España existiera la presidencia bicéfala del gobierno porque ninguno de estos dos políticos habría cedido al otro la primogenitura. Además su ambición y su soberbia es tan grande, que con tal de que el contrario no alcanzara el triunfo, los dos se habrían pasado a un tercero en discordia que al final es lo que han hecho, cabizbajos, inclinándose ante Rajoy.

Aunque de un tiempo a esta parte parece que se han dado una tregua por mutuo interés electoral y no porque hayan hecho de verdad la paces, y aparecen en público un tanto acaramelados, cursis y embelesados, él en el papel de un Romeo que recita poemas –Alberto es aficionado a esos ardiles- a su amada que se asoma presurosa al balcón de la Puerta del Sol.

Cualquiera que los haya escuchado en privado, y de uno en uno, a los dos hablando del contrario en los últimos años, tendrá la impresión, viéndoles ahora en público, que son un par de mentirosos, farsantes y caraduras, porque se han dicho en público y en privado de todo menos piropos. Y ahora en primavera, he aquí el amor, ¿o es por el interés te quiero Andrés?

Naturalmente la pelea seguirá –en los tribunales por lo del espionaje o lo de Ginso/Prada que está al saltar- y cuando pasen las elecciones se reanudará la lucha abierta porque Gallardón volverá a su empeño de colarse en la lista del Congreso de los Diputados por Madrid, como intentaron los dos antes de las elecciones de 2008, momento que fue aprovechado por Rajoy para castigar a ambos con un “no” y su permanencia en la comunidad y la alcaldía. Lo que ya es un gran chollo de por sí, como muy bien podrían decirlo sus respectivas amistades peligrosas, que las tienen y bien “agasajadas” por ellos.

Aunque miente con un desparpajo asombroso, Gallardón asegura que si gana las elecciones se quedará otros cuatro años en ese horrible palacio de Correos, minimalista y monstruoso en el que no se atrevió a recibir al Príncipe de Gales al que, finalmente, acogió en la Plaza de la Villa de donde nunca debió salir. Pero lo cierto es que esta vez, tal y como todo el mundo piensa y se dice por la sede del PP, Gallardón va de candidato telonero y lleva a Ana Botella de pre alcaldesa tapada, porque él querrá ir al Congreso y una vez en el escaño, al gobierno de Rajoy en destacado lugar y a ser posible en Fomento, por la cosa de las obras faraónicas y el déficit, que es lo que le gusta.

Y si le sale la jugada se habrá vengado de Aguirre que es su asignatura pendiente. Y si no le sale pues a esperar una vez más en el banquillo del PP, donde este Ronaldo, que sin duda tiene muchas cualidades y “savoir faire”, ya está echando canas, y algunas más que le saldrán porque si Rajoy cumple sus expectativas y gana en 2012, y se queda otros ocho años en la Moncloa, Gallardón tendrá entonces su oportunidad en 2020, mientras que Mariano sumará en su haber ocho años de ministro de Aznar, ocho de líder de la oposición y ocho de presidente del Gobierno, ¡24 años! en el primer plano de la política nacional. Échele usted un galgo al de Pontevedra porque corriendo sin correr es el que gana más carreras y eso tiene un gran mérito aunque no se ve.

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