Balada triste de Gadafi

Lo de TVE no tiene un pase. Interrumpir como hizo ayer el programa TVE 24 la transmisión en directo del discurso de Gadafi, todo un acontecimiento histórico y teatral, es una prueba de la incompetencia profesional de las “niñas” ursulinas que María Teresa Fernández de la Vega colocó en su día al frente de RTVE para su propio autobombo y control político. En su lugar nos pusieron una entrevista con Manolo Marín que bien pudo esperar a que terminara esa “Balada triste de Gadafi”, una parodia de la película de Alex de la Iglesia –“Balada triste de trompeta”- donde un payaso, como Gadafi, se lió a tiros con todo el que estaba a su alrededor.

El discurso de Gadafi era demencial y magnífico porque nos mostraba en todo su esplendor a ese fantoche criminal al que han mimado y cuidado los dirigentes de Occidente, como a otros dictadores del mundo, siempre que tengan petróleo o negocio a la vista. Presentándose Gadafi como no hace mucho Mubarak como héroe de la revolución libia y enemigo del colonialismo internacional. Y justificando las masacres de estos días –ya se habla de 700 muertos-, mientras recordaba los crímenes de China en la plaza de Tianamen, como ejemplo a seguir, o el bombardeo que Yeltsin lanzó contra el parlamento ruso, o la liberación de los rehenes de una secta por el gobierno de Clinton, como diciendo si los demás matan por qué no puedo hacerlo yo.

El discurso de Gadafi ha sido el mejor alegato de su locura y de su barbarie y el acta acusatoria a la complicidad de los gobiernos de Occidente. Y España aquí incluida, a no olvidar la reciente y cariñosa acogida de Zapatero a Gadafi en Madrid, o las visitas de Aznar a Trípoli donde el loco de Libia le regaló al español un caballo árabe llamado “el rayo del líder”.

Ayer Gadafi se desnudó –de sus múltiples disfraces- ante el mundo entero ofreciendo su verdadera imagen hablando sin parar, amenazando de muerte y ejecuciones a cualquier ciudadano de su país que se atreva a sublevarse o a pedir libertad. Diciendo que está dispuesto a repartir el petróleo con todos y pidiendo que unos comités revolucionarios se enfrenten a todos los jóvenes manifestantes libios, a los que calificó de “ratones borrachos y drogadictos” que según el payado pretenden destruir el país y entregar Libia a los colonialistas.

Gadafi está acabado, y los gobiernos de Occidentes, desde Washington a Paris, pasando por Londres, Berlín, Madrid y Roma –este último intentando salvar sus negocios en Libia-, estupefactos y sin saber que hacer. O como poder intervenir para frenar la masacre e incluso para liberar a los muchos ciudadanos europeos y americanos que aun están en ese país sin poder salir de la práctica guerra civil en la que se encuentra sumido todo el territorio libio.

Occidente, la UE, Washington, la ONU y la OTAN no saben que hacer, no han visto venir la revuelta árabe, ni han sido contundentes contra los dictadores, ni saben que va a ocurrir cuando caigan los autócratas y en la espera están de los acontecimientos, ahora mas tranquilos y mas controlados, en Túnez y Egipto a ver si encuentra en estas naciones un modelo de transición a seguir. Y todo ello al tiempo que miran de reojo y con preocupación a Argelia y a Marruecos por lo que pueda ocurrir. Pero y en Libia, ¿no van a intervenir? Hay muchos mas motivos para ello que para la imposible guerra de Afganistán, pero por lo que se ve todavía no ha llegado el momento de actuar, por miedo de que en un plazo no lejano tengan que repetir semejante intervención en un país vecino de Libia si las cosas siguen como van.