Querida Esperanza

Querida Esperanza Aguirre, cuídate mucho, cúrate pronto que te deseamos lo mejor, por tu bien y el de lo tuyos. Y también porque tú sabes lo bien que lo pasamos tú y yo con nuestras charlas y enfados en este simbólico diálogo epistolar por internet, desde la discrepancia y el respeto.

Por todo ello a la espera estamos de tu recuperación y de que regreses triunfadora de ese singular combate con el cáncer porque, siendo tan guerrera como eres, estamos seguros de que vencerás y te veremos en los carteles de la campaña electoral de mayo -¿a qué espera Rajoy para completar tu nominación de candidata?-, donde te aguarda ese rebelde de las primarias del PSOE, Tomás Gómez, el hombre que no hablaba a los caballos pero que se atrevió a decirle a Zapatero “que no”.

En fin, Espe, qué disgusto. Y vamos a ver como discurren ahora las cosas en el seno del PP porque al margen de las buenas palabras y la lógica preocupación por tu estado de salud, la noticia de que “abandonas momentáneamente la política”, ha caído como una bomba entre el electorado de Madrid y en el seno de la maquinaria política nacional del PP. Una sala de máquinas o laboratorio donde se dice que el incombustible Javier Arenas es el alquimista que hace ensayos con alambiques y probetas a nada que se descuide o se eche una siesta don Mariano el de las calzas verdes, a cuyo alrededor no crece ni por asomo una seta o la hierba de un posible competidor.

Ayer mismo algún malvado de Génova 13 (vaya numerito) se preguntó: ¿quién va a hacer las listas y quién irá será en esta ocasión el número dos por Madrid, a sabiendas de que la relación de M. Rajoy con I. González es peor que mala? Cerrada al hoy presidente en funciones de la Comunidad de Madrid la puerta dorada de Caja Madrid –de buena se ha librado I. González, que le pregunte a Rato-, y aparcado el plan B de privatización del Canal de Isabel II, González podría continuar frente la vicepresidencia primera a no ser que el sospechoso e intrigante Granados se la quiera jugar, ahora que se ha quedado de encargado en el PP de Madrid.

En fin, lo normal es que Esperanza regrese muy pronto a los primeros planos de la actualidad. Tiene más vidas que los gatos de Madrid, como se vio en el accidente de aquel helicóptero, o cuando se escapó del atentado terrorista de Bombay, con los calcetines de las siete leguas. Pero ahora lo importante es que se olvide de la política –algo difícil en ella- y se ocupe de su salud con calma y tranquilidad.