La boina de Ana Botella

Gallardón, Gallardón, mucha deuda, mucha polución, y para colmo de desgracias, por culpa de Zapatero, mucha discriminación con la Cataluña de Artur Mas. Pero lo peor de todo es la inmensa boina de polución que Madrid tiene sobre su cabeza porque Ana Botella (la gran tapada del alcalde y verdadera candidata del PP a la alcaldía capital) no cumplió con sus deberes como responsable del medio ambiente. Y además hizo trampas quitando detectores y al final vino la UE y nos pilló con esa bruma espantosa que se ha aparecido sobre el techo de Madrid, como si de un gigantesco platillo volante se tratara.

Y dice el alcalde que los “gatos” deben de dejar los coches en su casa y viajar en metro o en autobús. ¿Y para eso se gastó tanto dinero en la M-30 con las tuneladoras tras las que se cuenta que andaba enrolado Fefé, entre otros listos y adinerados amigos del alcalde? Pues no, majo, Gallardón lo que debería hacer es cesar a Ana Botella por gestionar mal el medio ambiente de la capital. Pero como el alcalde pretende dejar a Botella de alcaldesa -aunque jure que no ante San Isidro- para fugarse de la ruina al Gobierno con Rajoy, y como además su concejala favorita es ni mas ni menos que la señora de José María Aznar –siete sueldos-, pues nada de reñirle a doña Ana de Aznar, o de Pantoja, porque a su marido se le está poniendo cara de aprendiz de don Juan.

Es tal la polución de Madrid, que de día apenas se puede ver el sol amembrillado de este dulce invierno –Gallardón ya no hace en “El Currito” poemas de amor-, y de noche parece que estamos perdidos entre la bruma de Londres y que tras cualquier árbol del Retiro se puede aparecer, con la luna llena reflejada en el escalpelo, el mismísimo ‘Jack el destripador’. Y todo porque el alcalde está de despedida de su horrible y churrigueresco Palacio de Cibeles y doña Ana no sabe que hacer con la polución, como no sabrá que hacer con la deuda.

Y encima, Gallardón está hecho una fiera con Zapatero, al que acusa de permitir a Artur Mas que se endeude hasta las cejas en nombre de la Generalitat –y en eso tiene razón el señorito castizo-, y en Madrid, -entre Zapatero y la boina no nos dejan respirar –, como Rajoy no le da ni pan ni agua al Monclovita desde de la oposición -con la excusa de que la capital del Reino ha batido, y eso es verdad, el récord de la deuda de los ayuntamientos de España (y puede que de Europa) en gasto faraónico- ¿de verdad era imprescindible la reforma de Serrano?- y algo de despilfarro –el patio de la alcaldía es un continuo ‘cabaret’-.

Además el alcalde se equivocó, por causa de su soberbia, con el espectáculo que ofreció en el día del desfile militar discutiendo con Zapatero. Y peor aún en la posterior visita a La Moncloa, un peligroso lugar a donde no se debe ir si no se tiene previamente logrado el acuerdo de presidencia, como hizo Mas. Y como no hizo Gallardón que llegó, vio y se estrelló. Y ahora se lamenta el alcalde de que tiene las arcas de Madrid vacías y tiritando, y el cielo enladrillado –como las Cajas de Ahorro- por causa de la boina de Ana Botella, que será de requeté, por aquello de los principios y valores de Dios, Patria y Rey. Y, encima, la Gran Vía sin barrer y a punto de desaparecer de su espléndida faz, por culpa de una sentencia propia de los años de la prohibición de Chicago, los anuncios luminosos y de cartón de bebidas alcohólicas, lo que nos quitará a nuestro querido Tío Pepe de la Puerta del Sol. Y digo yo: ¿lo del apellido “Botella” acaso no es una incitación a la bebida? Puede, incluso, que algo peor: un guiño o una connivencia con el invasor José Bonaparte (el ilustrado, como Gallardón), pero el hermano del emperador Napoleón.