Rajoy derrotó a Pedro J.

Mariano Rajoy dio la cara frente a su adversario o “enemigo del interior” en el ámbito mediático del PP, como es el director de “El Mundo”, Pedro J. Ramírez, que en los últimos siete años ha sido el valedor de Zapatero -más que Cebrián en “El País”-, aunque de un tiempo a esta parte el activista mediático empieza a abandonar a su protegido de la Moncloa con la excusa de que ha propuesto al felipista Rubalcaba como su sucesor, aunque lo que de verdad ha facilitado el brusco vuelco pro Rajoy del director de “El Mundo” -al que ha llenado de entrevistas y de elogios en los últimos días- ha sido la certeza de que el PP llegará al poder y por eso el diario huye del naufragio de Zapatero para intentar subirse al carro del vencedor.

No hay que olvidar que Pedro J. intentó derribar a Rajoy tras la derrota electoral del PP en 2008, promoviendo la candidatura de Esperanza Aguirre, primero, o la de Juan Costa, después, o con públicos llamamientos a la rebelión del PP contra su presidente como la que Pedro J. lanzó desde los micrófonos de la COPE cuando él y su ex compinche Jiménez Losantos calificaban a Rajoy de “maricomplejines”, entre otras descalificaciones. A las que ayer hizo una velada mención Rajoy en VEO TV, citando las “hemerotecas”, y Pedro J., tocado, sonrió.

Pedro J. sabe todo esto y también es consciente que todo eso lo sabe Rajoy y por ello le preguntó si era “rencoroso”, temeroso el director de “El Mundo” de que si el presidente del PP llega a la Moncloa le hará un ajuste de cuentas, y no le permitirá disfrutar de los regalos del poder que ha recibido en los tiempos de Aznar y de Zapatero. Pero Rajoy negó lo del “rencor” diciendo que eso no hace feliz a nadie. Y la prueba de que eso es así es que Rajoy acudió a la entrevista de su fallido “matador”. El que una y otra vez volvió sobre su miedo y propia situación -de debilidad dentro de la editorial italiana de “El Mundo”- preguntándole a Rajoy lo quiere decir cuando habla de su “independencia”, a sabiendas Pedro J. que esa independencia se refiere, también, a su empeño personal de controlar o de poner a su servicio -como hizo en los tiempos de Aznar- todo el poder del Gobierno del PP.

Y buen ejemplo de esa independencia y de esa distancia la dio Rajoy cuando Pedro J. insistió en sacarle una respuesta sobre si Camps será candidato del PP en Valencia si se le abre juicio por el caso de los trajes a lo que Rajoy contestó: “No voy a liquidar la carrera política de nadie porque se le acuse de no haber pagado tres trajes”.

A las acusaciones sobre su presunta indecisión, Rajoy declaró que en ocasiones es más difícil no tomar decisiones que tomarlas, y en ese punto reiteró su argumento del control de los tiempos y llegó a decir que a veces es mejor “hacerse el sueco”, que tomar una mala decisión.

A partir de ahí, Pedro J. le puso a Rajoy la entrevista en bandeja, con todo a favor del presidente del PP, que no le pasó ni una. Ni siquiera lo de “embridar” el Estado de las autonomías, ni nada parecido o similar, porque a pesar de las interrupciones Rajoy se puso al mando de la entrevista, y el director de “El Mundo” poco a poco se allanó.

Incluso cuando llegó el momento esperado de la entrevista que fue cuando Pedro J. sacó la pregunta de la conspiración del 11-M a ver si Rajoy se subía a semejante libelo y le sacaba al líder del PP un público compromiso político para reabrir el caso del 11-M desde el gobierno si llega a la Moncloa. Pero Rajoy le dio una larga cambiada y, lejos del grave error que cometió Arenas días atrás diciendo que había que levantar las alfombras o algo así, si el PP llegaba al poder, Rajoy no cayó en la trampa ni le hizo a Pedro J. la menor concesión y se limitó a decir la obviedad de “apoyaré todo lo que haga la Justicia en este tema”, pero sin dar pábulo a la teoría de la conspiración y los “autores intelectuales” del atentado, que como todo el mundo sabe son los islamistas de Al Qaeda y los jefes de ese comando islámico y radical que en su día arrasó el corazón de Madrid. Luego Rajoy cambio de tercio con habilidad y se sacó de la manga el caso Faisán, de mas fácil de torear, pero apuntilló con frialdad la cosa de la conspiración, y Pedro J. se la envainó.

Ni siquiera logró el director de “El Mundo” una declaración de Rajoy a favor de un pacto de Estado con Zapatero (puede que ese fuera un encargo desesperado de su amigo monclovita). Rajoy le dijo claramente que con Zapatero no, pero con el PSOE sí, dentro de unos años y sin descartar en la lontananza una gran coalición. ¿Y un pacto de Estado con Rubalcaba?, insistió Pedro J., y Rajoy aquí si le hizo una pequeña concesión: “Con Rubalcaba tampoco”.

Y eso fue más o menos todo, que es más bien poco, porque no se logró mas titular que la defensa de Rajoy a favor de Camps “no es un corrupto, reiteró”, el líder del PP, además de su escapada de la trampa obsesiva de Pedro J. sobre la conspiración, o eludiendo el tema de la reforma frontal de las autonomías de la que tanto habla Jose María Aznar. Al que Pedro J. no citó, para no molestar a Rajoy, como tampoco habló de Cascos, Aguirre o Cospedal y de otros asuntos más, porque de lo que esta vez se trataba era de agradar al líder del PP y de hacerse perdonar.

Mariano Rajoy dio la cara frente a su adversario o “enemigo del interior” en el ámbito mediático del PP, como es el director de “El Mundo”, Pedro J. Ramírez