Paliza al Real Madrid

Menuda racha lleva “La Moreneta”, goleada de CiU y goleada del Barça. El alirón que ya empiezan a cantar los del PP en la calle Génova de Madrid recibió un jarro, o una tormenta, de aguas frías con nieve intermitente en la capital del Reino donde se esperaba con ansiedad una victoria del Madrid embravecido de Mourinho frente a los virtuosos violinistas de  Guardiola. Pero no pudo ser sino todo lo contrario. Los pequeños campeones del Barça le marcaron cinco golazos a un Real Madrid que lejos del poderío que se le suponía y se le había visto en sus últimos conciertos apareció convertido en los músicos disonantes de una desorganizada banda de pueblo que acabó plagada de tarjetas amarillas, lo que daba fe de su rabia e impotencia.

¿Lo ven? La chulería de Mourinho tiene la lengua muy larga cuando se trata de un modesto equipo como el Gijón, pero las patas muy cortas una vez que llegas al Nou Camp y te pasas la primera media hora del partido sin que los blancos toquen el balón. Y encajando dos golazos en la puerta de un Casillas que ya no es el que era, y que no pudo –ni la defensa- frenar y controlar a los astutos pequeñitos, los Messi, Villa, Iniesta, Xavi y Pedrito, los que, salvo el argentino, conforman el corazón y el alma de la Selección Nacional española que ganó el campeonato de Suráfrica.

Cuando estos cinco están enchufados entre sí, el fútbol parece un juego de malabarismo circense más que un de porte de fuerza y de pasión. Existen momentos en los que el balón circula a tal velocidad, de uno a otro, y por entre sus contrarios, que diríase que asistimos a un video juego porque no es fácil imaginar tanta habilidad y perfección. Y claro ello crea toda clase de oportunidades y de goles, como finalmente ocurrió hasta alcanzar la temida “manita”, cinco goles como cinco soles, y Mourinho aculado en la garita y sin salir a dar la cara por los suyos, intentando averiguar no solo lo que hace el Barça y como lo hace, o como se le puede frenar, sino también el por qué de la extraña parálisis y desconcierto del Real Madrid.

Al margen de la calidad de los blaugranas –donde también cuentan Piqué, Abidal, Busquet, etc-, la diferencia entre uno y otro equipo estuvo ayer en algo decisivo: el Barça salió a ganar, adelantó sus líneas y perforó una y otra vez la defensa del Madrid; mientas los blancos salieron a defender y al contra ataque, y cuando vieron perdido el partido, todavía Mourinho quiso mas cerrojo, precisamente para evitar el 5-0, sacó a Özil, metió a Lass y el juego se les hizo todavía más espeso e imposible de dominar. La posesión del balón, más del 60 por 100 para el Barça en todo el partido explica todo.

Los grandes campeones tienen que tomar riesgos si quieren ser campeones. Le pasó a Fernando Alonso en la última carrera del mundial de F-1, salió a defender su liderazgo y perdió el campeonato. Y algo parecido a Nadal frente a un Federer que fue a por todas. Y ahora le ha ocurrido al Madrid por más que todavía nada está escrito ni en la Liga, ni en Copa de Europa, pero un poco de cura de soberbia y de humildad no les viene nada mal a los pupilos del provocador y lenguaraz portugués.

Zapatero se habrá llevado una alegría -nos habían dicho que estuvo a punto de pedir asilo político en Trípoli- dentro de lo que cabe y con la que le está cayendo por todas partes, pero puede que incluso eso no le ayune porque la gran mayoría de los votantes que le quedan son del Madrid, como Alfredo P. Rubalcaba, otro que ha desaparecido entre las arenas del Sáhara. En fin, qué le vamos a hacer, son cosas del deporte que ocurren en un tiempo en el que por lo general todo o casi todo suelen ser malas noticias, y en el que se espera que al menos en estas cosas del fútbol lleguen alegrías para  aliviar todo lo demás. La alegría, y merecida, se quedó ayer en Barcelona lo que anuncia que este año caerá en Madrid el gordo de la lotería nacional.