Si Mourinho fuera mudo

Mientras Nadal cabalga vestido de guerrero Ninja por la pista de grandes maestros del tenis en busca de Federer, y mientras Gasol sigue haciendo las delicias de la NBA, en los verdes campos del fútbol europeo el Barça y el Real Madrid galopan presurosos en pos del match del próximo lunes en el Nou Camp donde Artur Mas pretende ser aclamado como presidente “in péctore” de la Generalitat.

Los cronistas de Dublín nos cuentan que los irlandeses están llevando la ruina financiera del país con rabia y con resignación, mientras que en este país donde todavía no hemos tocado fondo ya veremos cómo se acaba la fiesta negra de la crisis porque los españoles no son propicios a la flema, ni tampoco a la resignación. Y una cosa es que los sindicatos fracasaran en su convocatoria y otra bien distinta que la indignación, que de momento va por barrios, acabe estallando de manera descontrolada y por doquier, lo que tampoco se puede o se debe descartar.

De momento tenemos a la vista los dos últimos mítines del Palau, primero el de Montilla y luego el de Mas, el sábado la jornada de reflexión en la Moncloa donde Zapatero ha invitado a un guateque particular a todos los ricos del país, el domingo resultados electorales donde no hay que descartar que el partido vencedor no sea CiU sino la abstención, y finalmente en el Camp Nou el duelo esperado del Barça y Real Madrid donde militan las grandes estrellas del fútbol mundial. Y donde dos estilos bien distintos, la maña y la fuerza, de mover el balón pondrán a prueba el liderazgo en los banquillos de Pep Guardiola, el tranquilo, y del bronquista Mourinho, el que si fuera mudo puede que estuviera cerca de la perfección.

Pero el portugués, antes muerto que callado, suele justificar su locuacidad y sus excesos verbales como una técnica para mentalizar a sus jugadores con ardor guerrero y hacerles correr, todos a la vez, durante noventa minutos del partido hasta dejarse el cuerpo y el alma en el césped. Aunque a veces la lengua larga y viperina de Mourinho pasó la raya de lo habitual y fue demasiado lejos como cuando insultó al entrenador del Gijón acusándole de regalarle el partido al Barça por no alinear a lo mejor del equipo. Y lo dice quien hace lo mismo cada vez que le conviene, y quien acaba de ordenar a sus jugadores que provocasen dos tarjetas rojas frente al Ajax de Amsterdam para limpiar a Xavi y Ramos de sus “amarillas” de cara a los octavos de final de la Champion. Lengua larga y de serpiente, que ya le ha costado a Mou dos partidos de suspensión, y trampas provocadas para eludir las tarjetas amarilla que ya veremos si la FIFA se las vuelve a poner porque semejantes trucos, descarados y a la vista de todos, no tienen nada que ver con la deportividad y mucho menos con el estilo del Real Madrid.

Que se ande con ojo Mourinho porque Manolo Preciado el entrenador del Gijón ya le ha leído en público la cartilla y si el Madrid tropieza a Mou le van a llover palos desde todas las esquinas. Y eso que su talento y valor como entrenador es indiscutible, como se ve en su trayectoria y los éxitos alcanzados. Pero no todo en esta vida son triunfos, y no todas las victorias saben a miel, ni hay enemigo pequeño. Además la chulería en España, país donde el deporte nacional no es el fútbol sino la envidia, no suele tener un buen cartel por mucha gracia que en un principio le haga a los hinchas, no vaya a ser que si luego vienen mal dadas por esa misma boca muera el pez.