La guerra de Corea

Ha debido ser el niño, el gordito risueño Kim Jong-Un, hijo del dictador de Corea del Norte, Kim Jong-Il, quien hace poco más presentó a su vástago como el heredero y el futuro gran timonel de ese país que ayer bombardeó una isla de Corea del Sur, abriendo una crisis internacional de alto riesgo. La que también pone en entredicho al presidente Barack Obama del que ahora se dice –buenos se van a poner los del Tea Party- que nadie le respeta y que los coreanos del norte le toman el pelo tanto en el descontrol de su armamento nuclear como en estos desafíos con fuego real de los que podría ser autor el gordito Kim Jong-Un mientras jugaba con su Play Station en el centro del mando militar.

Lo que nos faltaba, el fantasma de la guerra de Corea, el regreso al famoso “paralelo 38” de los cuadernos de “Hazañas Bélicas”, mientras en España la Bolsa, las finanzas, y la deuda pública y privada del país se van a hacer puñetas, el euro se tambalea por culpa de los cuatro cerditos (los “pigs” de Portugal, Irlanda Grecia y Spain), lo del Sáhara y el Aaiún pone de hinojos ante Mohamed VI al gobierno de Zapatero, y lo de las elecciones catalanas hunde al PSOE en las encuestas, incluso en las que hace Alfonso Guerra donde le dan al PP 15 puntos de ventaja sobre los socialistas.

Y lo que le faltaba también a Obama que ayer anduvo “missing” ante el bombardeo del niño Kim Jong-Un que le ha puesto a los coreanos del Sur y a los japoneses los pelos de punta, mientras el tigre chino de Pekín se mesa las barbas pensativo, el oso ruso de Moscú disimula con la vista puesta en el águila negra americana que planea incierta y meditando la nueva crisis militar de las dos Coreas. La que puede ser el infierno de Obama o bien su oportunidad para mostrar el liderazgo firme que de él se espera en EE.UU. o la confirmación su huidiza y blandita posición multilateral, que es lo que están esperando los republicanos de su país para hundirlo definitivamente ante la opinión pública.

Y en España ¿qué? Pues en España nada nuevo bajo el sol. Montilla y sus amigos del tripartito se hunden en Cataluña, Rubalcaba está más perdido que el barco del arroz –que le entró una ola, hinchó los granos y hundió la nave-, y la vicepresidenta Salgado se ha escondido en la cajita del reloj de cuco del palacio de la Moncloa de donde no quiere salir mientras espera la próxima soflama del Financial Times.

Bueno, de momento a los españoles nos queda Nadal en la gran copa de los maestros de Londres y el partido del próximo lunes entre el Barcelona y el Real Madrid, como las dos válvulas de escape de aquí a final de año en las que se anuncian unas Navidades sin turrón mientras crece hasta el infinito la cola que los madrileños hacen ante la administración de loterías de Doña Manolita, lo que constituye signo inequívoco de angustia y desesperación de la gente que se juega lo poco que les queda a la lotería de Navidad. Por allí dicen que han visto, camuflado con un sombrero y espesa gabardina, a un tal Paco González, presidente del BBVA.