Herrera: Llama a Trinidad

Marcello quiere pedirle a Carlos Herrera que haga el favor de llamar a la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, para que nuestra Heidi de la diplomacia española le explique si la declaración aprobada por la OTAN en Lisboa, donde se extiende la seguridad y la defensa de todas las naciones miembros de la Alianza Atlántica fuera de las fronteras clásicas de la OTAN (Europa continental y América del Norte), por fin garantiza la defensa automática de Ceuta y Melilla por todos los países aliados. O si por el contrario las dos históricas plazas españolas siguen excluidas del paraguas defensivo y disuasorio de la OTAN, en cuyo caso España debe retirarse inmediatamente de Afganistán, porque maldita la gracia de que España participe en guerras ajenas de la OTAN mientras la Alianza no da a España en Ceuta y Melilla -los dos puntos sensibles de nuestra seguridad nacional- las correspondientes garantías defensivas y disuasorias.

Naturalmente la ministra Jiménez sobre estas cuestiones está verde como los espárragos trigueros, y puede que no conozca los Tratados Atlánticos ni los anexos que se refieren a España sus provincias de Ceuta y Melilla, y sus islas Canarias, Baleares y otras. Y si lo sabe se calla, como se callaron en su día Calvo Sotelo, González, Aznar y Zapatero a la hora de meternos en las guerra de la OTAN -o sus aliados- como en los Balcanes, Irak y Afganistán, mientras sabemos que la OTAN -ni el acuerdo bilateral de España con los Estados Unidos- no garantiza la defensa de nuestras plazas norteafricanas, de ahí la chulería de Mohamed VI en Perejil, que con firmeza respondió el gobierno de Aznar. El moro de Rabat no se habría atrevido a eso si España estuviera cubierta por la OTAN.

Esta organización militar confusa y trasnochada desde que el séptimo de caballería aliado (la OTAN) se quedó sin los indios (el Pacto de Varsovia) sigue buscando su identidad y puede que no la encuentre. En realidad España nunca debió de entrar en la OTAN sin  previamente  recuperar Gibraltar y sin obtener la garantía de defensa aliada para Ceuta y Melilla, como la tuvo Argelia cuando fue una provincia francesa.

Pero hete aquí que, con el argumento de la lucha contra el terrorismo internacional y la extensión acordada en Lisboa y por todo el Planeta de la defensa y seguridad de las naciones del Tratado del Atlántico Norte, se le han escapado del canasto de Mohamed VI dos preciosas liebres que se llaman Ceuta y Melilla. Y sería bueno que alguien desde este gobierno, bien la ministra Trinidad o la ministra Chacón, explicaran la situación. O que alguien llame a los portavoces de la OTAN en Bruselas a pedir que se nos aclare de una vez como queda lo de Ceuta y Melilla tras la declaración de Lisboa, porque la cuestión tiene su interés. No en vano Ceuta y Melilla son el “talón de Aquiles” español en la tensa relación con Marruecos, y si la OTAN entra en escena -por más que ello les moleste a Washington y a París-, nuestro vecino del sur habrá perdido mucho en esta carambola de Lisboa y en pleno lío del Sahara y del Aaiún, donde por ciento nunca han debido de ir los periodistas enchufados por Rubalcaba y Cherkaoui haciendo de esquiroles contra el resto de la prensa nacional y fracasando de plano porque Marruecos ha borrado todas las huellas de la destrucción allí del campamento saharaui.

Y ustedes dirán ¿por qué regala Marcello una exclusiva a Carlos Herrera? Pues muy sencillo, en primer lugar porque República ya hablo ayer de este tema en sus páginas digitales y también porque Herrera en la Onda es el mejor programa informativo de la radio española, desde donde Carlos Herrera da sopas con ondas a todos sus competidores de mañana, tarde y noche. Y esencialmente por la limpieza de su mensaje, la falta de sectarismo, su toque de pimienta y una sonrisa a flor de piel en este país tragicómico donde los problemas suelen caer en las espaldas de los ciudadanos, y las payadas en el campo de los políticos, como se aprecia en la campaña electoral catalana donde el hundimiento de Montilla y del PSC-PSOE -González fue ayer tarde a contar chistes, imaginamos que del GAL– podría propiciar el principio del fin de Zapatero, si tras la derrota esperada del  28-N el presidente del Gobierno anuncia –como esperan sus barones- que no volverá a ser candidato del PSOE en 2012. Aunque ahora lo que más nos preocupa y nos ocupa es lo de la OTAN y Mohamed.