El Tea Party porno y facha del PP

Dice Soraya Sáez de Santamaría que hay que privatizar por ruinosas las televisiones autonómicas. Suponemos que empezando por Canal 9 de Valencia y Telemadrid que están bajo el control del Partido Popular. Y ambas sumidas en un cúmulo de escándalos que van desde el caso Gürtel valenciano y la visita del Papa a esa Comunidad Autónoma, hasta las apologías de pederastia del presentador de Telemadrid Sánchez Dragó o los repugnantes comentarios del tertuliano “minorero” Salvador Sostres –ambos columnistas de “El Mundo”-, pasando por analistas que aparecen borrachos en antena, o apologetas de extrema derecha de unas televisiones controladas por el PP que además son deficitarias y están sometidas a una información descarada y manipulada al servicio del PP –como las otras del PSOE a favor de los socialistas- y de sus presidentes autonómicos, Camps y Aguirre.

Naturalmente, imaginamos que la privatización que propone doña Soraya incluye para los pretendidos nuevos propietarios la deuda acumulada de las cadenas y las plantillas de los trabajadores, porque lo que no se pretenderá es vender los canales a un empresario amigote del partido –como se hace habitualmente en todos los concursos de licencias y concesiones-, previa quita de la deuda y la plantilla para que el Estado o la Autonomía, es decir los ciudadanos carguen con semejante y ruinoso fardo.

Lo ocurrido en Canal 9 valenciano con Gürtel, El Bigotes y la visita del Papa es de juzgado de guardia, y en los tribunales está. Pero lo ocurrido en Telemadrid, donde manda la famosa lideresa Aguirre, que se identifica con el Tea Party de Shara Palin, está batiendo los récords de la obscenidad en una cadena que alardea de católica y que retransmiten en directo las visitas del Papa y las manifestaciones de la Conferencia Episcopal.

Todos estos pájaros protegidos de Aguirre como los de Intereconomía y Libertad Digital se suelen proclamar seguidores del Tea Party y del PP, son los que, por otra parte, no cesan de agredir a Rajoy –al que llaman blandito y “maricomplejines”- y estuvieron en la conspiración contra el líder del PP tras las elecciones de 2008 –Dragó fue el primero en pedir en Telemadrid la dimisión de Rajoy- que organizaron Pedro J. y Aguirre y que fracasó una vez que doña Esperanza, la “elefanta blanca” del golpe se acobardó y no se atrevió a decir el “aquí estoy yo” ni a plantar cara a Rajoy en el Congreso del PP en Valencia.

Por si algo faltara en este lamentable y repugnante espectáculo madrileño se nos dispara Juanito Van Halen dando gritos en el Senado y metiéndose con la chupa, el poncho y la chilaba de la ministra Trinidad Jiménez, pero luciendo los modales fascista de su pasado político, que desde luego no ha utilizado en la Asamblea de Madrid para denunciar la mucha corrupción y el espionaje de sus compañeros y dirigentes autonómicos.

Y como guinda de este pastel con el que ciertos dirigentes del PP se toman el té de la señora Palin, descubrimos el video juego promovido por Alicia Sánchez Camacho en la campaña electoral catalana donde, la tertuliana habitual de los programas televisivos de la extrema derecha mediática, se sube a lomos de una gaviota PP para cazar o liquidar a los “inmigrantes ilegales”, con la misma soltura que hace semanas distribuyó en Cataluña un panfleto electoral para echar a los rumanos de ese territorio.

¿Este es el PP de Soraya, Rajoy, Cospedal, Pons y Gallardón? Ya está mal que el PP ni hable ni haga nada para luchar contra la crisis económica y esté a la espera del hundimiento del PSOE (y de España), para alcanzar el poder. Pero mientras ellos callan otros de su flanco extremo –aunque sean minoritarios- ocupan su lugar y transmiten la imagen rancia y soez, cuando no repugnante, de un Partido Popular enloquecido y demencial. Se entiende que Soraya quiera que estas televisiones se privaticen o desaparezcan de la órbita del PP, pero hay que explicar el cómo y el cuándo que desde luego no será antes de las elecciones de 2012. Pero mientras tanto alguien en el PP debería de imponer un poco de decencia mediática y sentido común en ese partido donde se exhiben tanto facha y tanta sordidez. Una pandilla basura que, dicho sea de paso, convierte al Tea Party americano de Palin en una fuerza política conversadora cercana a las Hermanitas de la Caridad.