La sortija de Lady Di

Estábamos desanimados por la derrota de Fernando Alonso en Abu Dhabi a manos del joven Vettel, porque los poderosos señores de Ferrari no saben el dicho español de “casa con dos puertas, mala de guardar”, y se fueron a por Webber y dejaron escapar al alemán con una táctica cobarde y poco inteligente, porque Alonso debió salir a ganar y no a defender, y al final el vencedor se llevó el campeonato mundial de la Fórmula 1 mientras el bólido rojo del caballito rampante cayó en la ratonera que le había preparado Red Bull. No hubo, pues, triple corona para el asturiano que lloraba como un desesperado Boabdil. Pero mientras estábamos en estas vicisitudes y nos entreteníamos con las chulerías de Mourinho -impropias del Real Madrid– frente a los entrenadores y equipos modestos, hete aquí que ha regresado a las portadas de la prensa, radio y televisión mundial  la Reina de corazones del siglo XX: ¡La Princesa Lady Di!

El anillo de Saturno, El Anillo del Nibelungo, “Anillos para una dama”, El Señor de los Anillos y la sortija de Lady Di con su hermoso zafiro de 18 quilates y 14 espléndidos diamantes luce ahora en la blanca mano de la tímida y amorosa Kate Middleton, la joven y prometida oficial del Príncipe Guillermo de Inglaterra que ayer anunció su compromiso con el amor de su vida y de su juventud, tras un largo noviazgo que ha servido para que el Príncipe Carlos de Gales, eterno heredero de la corona británica y habitual metepatas del Reino Unido, le dijera a los medios: “Llevan mucho tiempo practicando”.

Vuelve el “glamour” y la sonrisa a Buckingham Palace por donde aún deambula la sombra delicada y entristecida de Lady Di, la princesa azul de los cuentos de hadas que tuvo tan trágico final en los túneles de París, una vez que el extraño príncipe de sus sueños la engañara despiadadamente con Camilla Parker, la bruja o la madrastra de esta trágica historia. La horrorosa Camilla que pretende ser Reina de Inglaterra lo que está por ver porque entre la longevidad de la soberana Isabel II, y la pasión de los ingleses por el Príncipe Guillermo, Camilla podría ver derrotados sus anhelos en favor del hijo mayor de Lady Diana que vengaría así su desgraciado matrimonio con el heredero oficial del trono inglés.

El Príncipe Guillermo ha tenido el detalle y la delicadeza de entregar a Kate el anillo de pedida de su querida madre, un gesto que hoy llena los artículos, comentarios y portadas de los medios de comunicación de todo el mundo, que hace furor en el Reino Unido y que recupera la leyenda de la verdadera princesa del pueblo británico. Nada que ver con la horterada nacional española de la Belén Esteban, y poco que ver con nuestra Princesa de Asturias, doña Letizia, a la que el diario La Repubblica de Italia ha querido comparar con Lady Di, con un arabesco poco afortunado y glosado en estas páginas por Jaime Peñafiel.

Un poco de “glamour” y de amores palaciegos no vienen mal sino bien en estos tempos convulsos de la economía, el paro, las guerras, las epidemias, y las catástrofes que asolan el planeta Tierra. Porque de un tiempo a esta parte todo son desgracias, como bien saben los desheredados de Dios y de los hombres como el valeroso pueblo saharaui -víctima de las iras del Rey Mohamed VI cuyo anillo besa sumiso Rubalcaba- o de Haití, o de tantos otros infiernos terrenales que ni siquiera el Dante pudo imaginar tan crueles y tan cercanos a la realidad.

Cuando todavía no se han apagado los fuegos artificiales que iluminaron el cielo mediático y escandalizado de Suecia por causa del libro que revela las bacanales eróticas del Rey Gustavo, desde Londres llega la foto enamorada de dos nuevos Príncipes, jóvenes, amigos desde la Universidad y amados por “las alegres comadres de Winsor” y las todo el Reino Unido que ya se disponen a festejar la futura boda principesca de esta dulce Blancanieves de clase media y buenos modales, si es que la madrastra Camilla no se vuelve a entrometer como ya hizo con Lady Di, lo que no sería de extrañar. Sobre todo porque muy pronto asistiremos al clamor de los ciudadanos ingleses pidiendo que el Príncipe Guillermo ocupe, por encima de su padre Carlos, el primer lugar en la línea de la sucesión al trono de Inglaterra, heredero del legendario trono de Camelot.