Ángels y demonios

Ángels Barceló se fue al infierno del Sáhara, cruzó las líneas enemigas y se encerró en un hotel a la espera de permisos oficiales para moverse por El Aaiún, y naturalmente la policía marroquí que tenía noticia de su primera crónica en la que anunciaba su llegada a la capital del Sáhara y poco mas, la cazó y la llevó a la comisaría local donde la periodista y su equipo de compañeros de la cadena SER quedó a expensas de una decisión oficial del gobierno marroquí que podría acabar en expulsión, una vez que la ministra de Exteriores española, Trinidad Jiménez, se interesó por todos ellos ante el gobierno marroquí.

Ángeles Barceló y demonios alauitas, otra vez la eterna lucha entre el bien, informativo, y el mal, del silencio oficial sobre el brutal asalto marroquí al campamento saharaui de El Aaiún. A esa ciudad llegaron Ángels y sus dos compañeros, Nicolás Castellano y Ángel Cabrera, burla burlando la guardia marroquí que tiene en su punto de vista de censura y veto a los periodistas españoles, a los que el gobierno de Rabat ha señalado como enemigos de la verdad y del autoritario régimen de Mohamed VI que se ha metido a sangre y fuego contra un campamento civil saharaui del que ya veremos cómo sale porque el atropello ha dado la vuelta al mundo y a dejado a Marruecos y a Mohamed a los pies de los caballos y de los camellos, por su exhibición de fuerza y de criminal brutalidad.

Lo que no entendemos bien, y esperamos que nos lo cuente Ángels, es el por qué el equipo de la SER tras su proeza de entrar en El Aaiún dieron el cante antes de investigar lo ocurrido, de hablar con la gente y de conocer la situación. Sabemos que semejante reportaje no era fácil y que incluía riesgos pero llama la atención esa extraña cortesía de llegar y decir estamos aquí para que acto seguido los detengan y los puedan deportar.

En fin, ojalá que todo se termine bien porque Ángels es como su propio nombre indica un ángel de la información y suele hacer las cosas bastante bien, aunque ya sabemos que en su casa o emisora no es precisamente el pluralismo lo que impera sino mas bien el zapaterismo o el felipismo al servicio del presente gobierno –o desgobierno- de la nación española o lo que de ella va quedando.

Aunque en todas partes cuecen habas porque en la otra orilla del Río Bravo está –otro zapatetrista- Pedro J. Ramírez bramando como un miura porque los de Prisa han llegado a un acuerdo con Telefónica y Berlusconi para la venta de La Cuatro y Sogecable y a los del diario El Mundo se los llevan los demonios españoles –que aquí también los hay- acusando a Rubalcaba de la operación que Juan Luís Cebrián espera completar con la llegada del fondo Liberty para entrar en el capital de Prisa, reducir la enorme deuda y sanear la compañía antes de que el PP llegue al poder en 2012, si es que llega, lo que está por ver.

Pronto se olvida Pedro J. Ramírez de los portentosos favores económicos y mediáticos recibidos personalmente por él y por su periódico por parte de la Telefónica de los tiempos de José María Aznar, lo que le impide tirar la piedra al patio ajeno sin recordar el pelotazo personal y todas las ventajas que obtuvo en aquel tiempo, y que finalmente le parecieron pocas porque pensó que debería ser el heredero del multimedia de aquella Telefónica lo que no cuajó porque Aznar no lo consintió. Además eso de hablar todos los días de Rubalcaba como el permanente y el solo malo de la película como si Zapatero no existiera, o no fuera el presidente del Gobierno, no tiene un pase, ni dos, ni tres. Es simplemente una obsesión personal que le sirve de tapadera para reanimar en las portadas de su diario un obsesivo titular con el que a diario aumenta el poder y la leyenda de Rubalcaba, ese demonio incansable y pinturero que, además, tiene tanta mano en Rabat y que será a fin de cuentas -y no la ministra Trinidad- quien saque a Ángels Barceló, la aprendiza de Pinpinela Escarlata del Sáhara, de su cautiverio sahariano y nos la devuelva sana y salva para poder escucharla en las noches españolas de la actualidad.